Viejos tiempos
Viejos tiempos "Algo no es necesariamente verdadero o falso, puede ser ambas cosas a la vez", dijo Harold Pinter. Y en Viejos tiempos , Anna reflexiona: "Hay cosas que uno recuerda, aunque tal vez nunca ocurrieron; hay cosas que recuerdo que tal vez nunca ocurrieron, pero puesto que las recuerdo, han ocurrido". Estamos en el mundo de Pinter, donde el tiempo y la memoria se entregan a incesantes devaneos, juegan a las escondidas -no sin un toque de perversidad-, urden trampas en las que a menudo los personajes se extravían y hasta pueden pagar con la muerte un pequeño error, un olvido o una revelación insoportable. Aquí no se trata de su habitual propuesta de "la amenaza en el cuarto de al lado": la amenaza está en esa misma habitación donde Deeley, Kate y Anna se reencuentran después de veinte años y evocan -¿con qué grado de certeza, con qué fidelidad al pasado?- sus amores, sus agravios, sus mentiras. Alguien debe de haber señalado ya, seguramente, la no...