Roberto Pettinato: Me quiero portar bien
“No hay nada más narcotizante que la risa de los demás”
Después de 35 años sin animarse a hacerlo, finalmente, el conductor de radio y televisión se animó a subir a un escenario para hacer stand up.
Roberto Pettinato parece no escaparle a nada: se ganó su lugar en la televisión siendo el conductor de diversos programas, mostró su lado musical con una de las bandas de rock más populares de los años ’80, hizo carrera en el mundillo radial donde despliega el humor particular que lo caracteriza, y ahora se atreve a subirse a las tablas en el rol de standapero. “Es un espectáculo de stand up que yo no iría a ver jamás”, resume en broma el conductor sobre su espectáculo que, según cuenta, no tiene nada que ver con los shows convencionales de esa disciplina.
A semanas de haber debutado con su nuevo programa de tevé en TN, Pettinato estrena esta noche en un teatro de Buenos Aires Me quiero portar bien, a las 21:30 en el Teatro Sha, la puesta que marca el debut del conductor en el rubro del stand up comedy.
–¿Por qué te decidiste a hacer un espectáculo de stand up?
–Porque me parece necesario para el país y para la comunidad artística que aparezca un nuevo standupero o comediante o como quieran llamarlo. Digamos: uno que me haga reír. Sin lugar a dudas, aspiro a que sea mi nueva actividad como una nueva profesión, pero no en el estilo Midachi ni Artaza ni comedia musical obviamente. Simplemente un tipo que reflexiona con humor.
–¿Con qué tiene que ver?
–Siempre dicen que la vida es una sola y hay que aprovecharla. Yo ya perdí 35 años de mi vida diciendo: “Algún día seré un standupero de ley”, y me dediqué a coleccionar a los que lo hicieron, americanos e ingleses, pero nunca lo hice yo. Me pareció que este año era para experimentar. Quería un 2012 de cosas nuevas y estoy haciendo tres: el nuevo programa de tele donde estaré solo, llamado Que parezca un accidente, que ya lo hacía en TN hace siete años, Pachuco Cadáver con la música, y ¡stand up! Alguna de las tres tiene que funcionar para el 2013.
–O sea que te imaginás llevando este show por todo el país.
–Obvio que esa es la idea. Quiero ir a todos los lugares del país a los cuales no fui en mi putísima vida. Lo único que quiero es salir de la Capital ya mismo, ir a las provincias, a los pueblos donde no mucha gente va. Como hacía con Sumo. Sigo conservando ese estilo: donde los Soda Stereo no querían ir, íbamos nosotros.
–¿En cuál de todos estos roles (músico, conductor de tevé, stand up) te sentís más cómodo?
–El stand up lo sufro como un parto. Voy por el cuarto show y no quiero salir a escena, me descompongo, me falta el aire, todo lo más insospechado o risueño que podría sonarte... pero es así porque nací en cautiverio en un canal, hablándole a un agujero de vidrio que es una cámara y no estoy acostumbrado a ver caras humanas. No es un chiste lo que digo. ¡La vez pasada vi un tipo que bostezó y me quería bajar del escenario!
–¿Tenés influyentes en el género? ¿Miraste cosas de Tato Bores o de Pinti para inspirarte?
–Ellos lo hacían dentro de un marco distinto. El standapero no tiene nada detrás salvo una pared y un vaso de agua. La intención es hablar de vos mismo y coincidir con el público. Es como cuando digo que las mujeres pueden manipular sin miedo una buclera caliente y, siempre, cuando están llegando al ascensor, te preguntan a vos: “¿La habré desenchufado?” Se ríen porque les pasa a todos. ¿Cuántas casas se incendiaron por una buclera? ¡Ninguna! El enchufe no está esperando que te vayas para armar un corto circuito.
–¿Notás diferencias entre el género a nivel nacional y el mismo rubro en otros países?
–El local sospecho que debe estar bien porque por algo se transformó en un fenómeno de público. La gente quiere reírse y eso es lo único que alimenta al humorista, como si fueran aguijonazos en la cabeza cada vez que se ríen. Lo increíble de lo que hago es que no lo hace nadie y ni siquiera sabía que me resultaría. Comienzo con una palabra y hablo sin parar.
–¿Estudiaste actuación o esto de hacer stand up surge desde tu histrionismo natural?
–Hacer stand up es sólo tener ganas de decir algo. Hay que tener contenido y ganas de decirlo, nada más. No se estudia. Uno ya sabe que no puede recitar, sino que debe actuar lo que dice.
–¿Realmente lo disfrutás?
–Lo disfruto ante la primera carcajada. No hay nada más narcotizante que la risa de los demás, sea grabada, pagada o real. Por momentos, ni siquiera me importa. Es más, podría poner risas grabadas como en muchos programas de tele y ser feliz igual. Si se ríen es porque realmente sos gracioso.
–¿Qué cosa distinta vamos a ver respecto del Pettinato al que estamos acostumbrados?
–Un tipo como soy: tímido, introvertido, conflictuado por todo y que piensa siempre que la estufa encendida vendrá sola hacia vos por la noche y te quemará los testículos. Por otro lado, mi forma de armar el show es completamente caótica. La gente se ríe de que llevo muchos papeles con anotaciones y a los 45 minutos me doy cuenta de que no leí ni uno y se los digo y todos ríen porque se venían dando cuenta de eso. Elegí, pese al terror, el método mas increíblemente improvisado que pueda haber.
–¿Por qué el espectáculo se llama Me quiero portar bien?
–Porque Lorenzo, mi hijo de tres años y medio, dice esa frase cuando se porta mal. Cierra las manitas y mira al cielo como si estuviera poseído y quisiera portarse bien, pero no puede. Me causó tanta gracia que dije: “Es mi hijo y yo soy así también.” Nos queremos portar bien en todo sentido y no podemos (risas).
–¿Cuáles son los temas de los que se habla en el show? Por ejemplo, ¿hay una parte dedicada exclusivamente a Karina Olga, ahora conductora de TV?
–¡Gracias a Dios no! No lo hago a propósito, para que no vengan las cámaras a filmar con celulares y después pasarlo en Infama o esos programas. No me interesa. Pierde gracia ya el monólogo contra la farándula. Yo hablo de tiburones, de documentales, de la desaparición de los dedales de las abuelas o del olor de los shoppings donde cuanto más rico es, más caro será todo.
–¿Qué tan difícil te resulta hacer reír arriba de un escenario?
–Jamás tenés que pensar que tenés que hacer reír. Solo tenés que hacerlo. Si lo pensás, la gente se da cuenta de todo. Vos vas contando y contando y sale solo. Digo: si en la tele se han reído conmigo, no puede ser que no pase sobre un escenario. ¡Por lo menos cuatro risitas!
–¿Cómo es la aceptación del público a tu show?
–Esto no es la revista de Nito Artaza, así que la gente supongo que sabe lo que va a ir a ver. Tampoco son monólogos. Es un lanzamiento de mente hacia otras mentes, de lo más complejo. Monólogos del matrimonio puede hacer cualquiera; acá aparece el Gato de Verdaguer, que ha sido prohibido nuevamente en tele para contar todos los chistes prohibidos, toco el saxofón y hablo.
–¿Cómo conjugás todos tus trabajos con la vida familiar?
–¡No los conjugo, los revuelvo! No hay forma de conjugar todo esto. Ahora, mientras te contesto, espero a que vengan los chicos y estar un rato con ellos, pero estoy despierto desde las 5 AM y son las 19. <
La noche del Martín Fierro
“Desde arriba del escenario no se ve nada. Incluso, pensé que no había ningún famoso, porque los pelos de Mirtha y Susana lo pueden todo y te dejan ciego. A mí me encanta ver cómo en los hoteles se rompen la cola para que las alfombras no tengan los restos de tragos que quedaron de una convención anterior de gerentes de multimarcas u odontólogos”, bromea Petti respecto de su experiencia conduciendo los Martín Fierro. Asegura que fue la mejor conducción en los últimos seis años y que la dupla con Fabbiani funcionó de maravillas. “Hasta Rial, que odia los Fierro, alabó mi conducción”, remarca.
Que parezca un accidente, en TN
Que parezca un accidente fue la primera frase que se le ocurrió a Roberto Pettinato hace algunos años atrás para describir la actualidad argentina. Esa misma frase fue la que le dio nombre a uno de los programas de televisión que más disfruta hacer, con el que volvió hace tres semanas a la pantalla de TN.
–¿Qué te motivó a volver?
–Las ganas de limpiarme, de sanarme. Quería volver a lo que siempre fui y dejé de ser. Es el primer año que las tres cosas que hago son de ese estilo. Solo conservé la radio, lo demás es todo nuevo.
–¿Te cansaste de la televisión abierta, ahora que elegiste un canal de cable?
–No, uno no elige. Uno se mete para perdurar y permanecer, o bien se lo plantea como hice este año para hacer algo nuevo o copado. ¿Cuál fue el mejor piropo? La gente que me dijo: “Ahora sí sos vos.” Listo. Ahí sentí que volví a llegar al punto máximo.
–¿En este programa te sentís más cómodo que en ningún otro?
–Es horrible decirlo, pero me siento mejor solo que bien acompañado. Porque, incluso bien acompañado, siento que todos me interrumpen algo que estaba pensado. Entonces, para tipos así, con la mente o la croqueta que les arde y les quema, es mejor dejarlos solos.
Fuente: Tiempo Argentino
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