sábado, 25 de junio de 2016

Nerium Park


El empleo dignifica y el despido mata

Protagonizada por Claudio Tolcachir, en su vuelta a la actuación después de ocho años, y Paula Ransenberg, una de las mejores actrices del off porteño, esta comedia romántica que deviene en thriller también se presta a una lectura social de triste actualidad.

No importa desde cuántos ejes se pueda analizar la obra Nerium Park. Se ha dicho mucho, y es cierto, que una pieza teatral (como cualquier obra de arte) no puede escapar de su tiempo, ni ser leída por fuera de él. Por eso, de la escrita por el catalán Josep María Miró y dirigida por Corina Fiorillo el espectador podrá llevarse muchas ideas pero sólo una –o una más que todas las otras– quedará resonándole por días: la de que el empleo dignifica y que el despido mata. Protagonizada por Claudio Tolcachir, en su vuelta a la actuación después de ocho años, y la genial Paula Ransenberg, una de las mejores actrices que el off porteño ha dado en los últimos tiempos, esta comedia romántica que deviene en thriller puede verse los jueves a las 17 y los domingos a las 19.15 en Timbre 4, y es de lo más destacado de la cartelera actual porque encierra, a todo nivel, una gran y necesaria verdad.

Sin un solo texto político que permita hacer referencia directa al gobierno actual, sin embargo bien podría haber sido escrita en este país y en este tiempo. Nacho y Victoria, los únicos dos personajes que aparecen en escena, son una pareja joven y sin hijos que cumple su sueño de irse a vivir a un condominio cerrado y tranquilo en las afueras de la gran ciudad. Todo va bien, hasta que en el momento en el que ella se entera de que está embarazada, a él lo echan del trabajo sin otra explicación que la de “ajuste” y “recorte”, las mismas palabras que ella, desde el área de recursos humanos pero de su empresa, debe emplear para comunicarle a los también despedidos que no van a trabajar más.

Si algo en la actuación de Tolcachir no resulta del todo convincente cuando interactúa con su compañera en los momentos románticos (cuesta un poco ver un vínculo de pasión entre ellos, que queda forzado), su interpretación es superadora en la segunda parte de la obra, luego de que se queda sin trabajo. La composición que hace el actor de ese desempleado que jamás imaginó esa condición es desgarradora y de una conmoción profunda. Su personaje se va transformando y con él la obra, que termina siendo un thriller inesperado, en contraste con las primeras escenas donde el espectador percibe otro registro. En la piel de Tolcachir, Nacho se vuelve un ser oscuro, misterioso, retraído, irascible, alejándose del de Victoria, que parece estar (y literalmente está) llena de vida.

Por eso, si bien hay otros condimentos que alimentan lo que se cuenta –como un hombre misterioso, también despedido, que se instala en la baulera del complejo de departamentos porque no tiene donde vivir y se hace rápidamente amigo de Nacho–, lo central gira en torno a la condición del protagonista, y en cómo esa situación va transformando todo a su alrededor: su pareja, su hogar y su propia vida. Y por eso, también, el espectáculo es una experiencia arrolladora para el espectador, que no puede dejar de conectar la dolorosa metáfora, que es imagen y es reflejo, con la realidad del contexto actual.

Con muy buenos recursos de dirección –se cuenta un mes por escena, cuyo cambio anuncian los actores y se aprovechan con ingenio todos los espacios de la sala grande Timbre 4 para la narración– que colocan a Fiorillo como una de las directoras más provocadoras de la escena actual (ya había sorprendido con El principio de Arquímedes), la puesta se completa con un excelente diseño de luces, que ayuda a crear los climas que proponen los actores (se habló más de Tolcachir porque Ransenberg no sorprende: está exquisita, como siempre). Así, en Nerium Park se constata aquello de que la “técnica” es llamada así injustamente, porque en realidad no es más que otro de los elementos significantes de la “artística”, como un todo que le hace juego al sentido.

Fuente: Página/12