jueves, 2 de junio de 2016

Malviaje


"Malviaje", una travesía iniciática o de cómo contar el amor y enterrar los mandatos paternos

LA PUESTA DE ALBERTO ANTONIO ROMERO SOBRE EL POEMARIO HOMÓNIMO DE GAEL POLÍCANO ROSSI CELEBRA SU MEZCLA DE LENGUAJES EN UNA PROPUESTA ATENTA A LA ESTÉTICA DE LOS 90, PERO CAPAZ DE DIALOGAR CON LA ORFANDAD, EL CRECIMIENTO Y EL AMOR, A CARGO DE JÓVENES ACTORES QUE SE ARRIESGAN AL MULTIFORMATO Y RESULTAN VENCEDORES, LOS VIERNES EN LA CASONA ILUMINADA.

Las relaciones entre teatro y poesía suelen bordear el aburrimiento, sin lograr esquivar la lectura, o un cierto decir impostado de los textos, y se quedan a medio camino entre el libro y la escena.

"Malviaje" no tiene nada que ver con el recital poético actuado, es una obra orgullosa de sí, dotada de una textura artesanal, donde cada retazo parece bordado en función de trazar el mapa de un viaje iniciático, con el desamparo como pasaporte de áspera belleza.

La voz de Polícano Rossi, dramaturgo, colaborador asiduo de Maruja Bustamante, astrólogo y figura del off estalla en cuatro actores: Marcela Dojtman, Ana Capalbo, Tomás Deías Spreng y Gianluca Zonzini, quienes se entregan a explorar los parajes del amor esquivo, la soledad y el padre ausente, como si los temas oficiaran de mojones de un recorrido de regreso al pueblo natal, con resonancias a una despedida de la adolescencia como refugio.

El itinerario de la pieza demanda un espectador dispuesto a dejarse llevar, casi como sucede en los aviones, espacio inicial de referencia dramática: "cada uno agarradito en la porción que nos toca en el menú turista", dice el escritor.

Para generar el estado hipnótico solidario con la travesía, la puesta apela a generar vértigo a través de recursos originales: el souvenir que aguarda sobre la butaca de cada espectador -un pancito o un dólar de cotillón, custodiado por un mechón de pelo sintético multicolor-, un espejo con barra de ballet donde cada asistente puede mirarse, los acordes de la guitarra, el bombo legüero, o los sonidos del celular. Una conspiración de elementos empleados en función de construir cierto clima onírico, acorde con los recortes de notas periodísticas sobre figuras de los '90, escenografía sostenida con cinta adhesiva que por momentos vuela por la sala para acercar retratos ajados de Guillermo Vilas, Bernardo Neustadt, Teté Coustarot y algunas virgencitas.

De todos modos, "Malviaje" escapa a los rótulos y cuando se puede pensar que al fin llegará la escena de velada nocturna de excesos varios, el elenco se reúne exhausto sobre el piso para escuchar la voz del ratoncito Faivel, un talismán sonoro contra el desamparo.

"Malviaje" encanta desde las palabras, aunque desalienta el descanso sobre la mullida nostalgia y prefiere atravesar decires y prejuicios, a fuerza de un potente trabajo actoral.

Los actores, todos sub 30, se entregan al baile, la música y la actuación en una dinámica de trabajo físico intenso, rica en matices y con una dirección precisa que por momentos logra que los cuatro funcionen como un solo protagonista, decidido a contar el cuento del amor en tiempos de enterrar los mandatos paternos.

Las canciones elegidas cobran la fuerza de un quinto protagonista en la expedición, como la particular versión de "Mi historia entre tus dedos", una melodía "para llorar" bien de los noventa, los lamentos de Shakira, y el tema final de la travesía, aquella cortina de la tira "Amigovios" en una exquisita versión que insiste fuera de la sala coreado por tres chicas sobre Corrientes "...déjame soñar a tu lado, no quiero otra tarde en soledad".

"Malviaje" puede verse los viernes en una sala situada en el primer piso de la Casona Iluminada, Corrientes 1979 (CABA), a las 23.

Fuente: Télam