sábado, 25 de junio de 2016

Enrique Dacal: Los yugoslavos


Ciudad de pobres corazones

Según interpreta el director, el dramaturgo español Juan Mayorga elabora en esta obra “una metáfora escénica que habla de la soledad que se vive en las grandes ciudades”. Y agrega: “La obra no es sobre yugoslavos reales, sino sobre algo que se ha desmaterializado”.

“Un texto con olor a Kafka”, eso es lo que prometió enviar el dramaturgo español Juan Mayorga a pedido del director Enrique Dacal, quien ya estrenó dos de los textos más conocidos del madrileño, Cartas de amor a Stalin y El chico de la última fila. La obra en cuestión se llama Los yugoslavos y es la última escrita por este licenciado en Matemáticas y doctor en Filosofía devenido en dramaturgo y director, uno de los autores españoles más traducidos y representados fuera de su país. Sin ir más lejos, la puesta de Dacal es la primera en castellano, dado que solamente subió a escena hace tres años en Serbia, precisamente en Belgrado, capital de la ex Yugoslavia. Sobre el título de la pieza, el autor aclaró en su momento que “la obra no habla sobre yugoslavos reales sino que es una metáfora de algo que se ha desmaterializado o escondido”. La pieza, que se presenta en Elkafka (Lambaré 866) cuenta con un elenco integrado por Julio Ordano, Juan Carrasco, María Laura Calí y Sharon Luscher. La música original es de Pablo Dacal y las luces de Marco Pastorino.

“Hace 13 años que trabajo con Ordano”, señala Dacal en una entrevista con Página/12, y agrega: “Con él y con otros actores con los que formamos una cofradía de amigos con iguales motivaciones”. La acción de la obra arranca en un bar, donde se produce el extraño pacto entre el dueño del lugar y un cliente, por el cual éste deberá seguir a la melancólica mujer de aquél con el objeto de promover en ella un cambio vital. Y tras sumarse al plan la hija del improvisado detective, los cuatro personajes “encuentran, finalmente, un lugar adonde pertenecer”, según interpreta el director, quien subraya que Mayorga elabora en esta obra “una metáfora escénica que habla de la soledad que se vive en las grandes ciudades”. Al respecto, Mayorga aseguró también haber realizado “una correspondencia con el lugar que el teatro puede tener en la vida de las personas, como lugar de pasión y de peligro, lugar donde si entramos podríamos salir transformados”.

–¿Cómo inicia un nuevo espectáculo?

–Cuando nos empezamos a motivar para hacer una obra siempre nos pasa lo mismo: recitamos todas las dificultades que tendremos que afrontar pero siempre terminamos metiendo la mano en nuestros bolsillos y siguiendo adelante.

–¿Cuáles son esas dificultades?

–Primero nos preguntamos quién vendría a vernos, también nos preguntamos cómo haremos para hacer prensa y dar a conocer que estamos haciendo la obra que nos proponemos estrenar.

–¿Piensan en el destinatario ideal?

–Es que tomando en cuenta el interés social que despierta el teatro, antes yo pensaba que podía intuir quién podría dialogar o irritarse, incluso, con una obra determinada. Hoy ya no puedo saberlo.

–¿Por qué?

–Porque creo que la agenda inmediata del día a día, el vértigo de la realidad, hace que los gustos de la gente queden postergados. Así como se deja de comprar ropa, se deja de ir al teatro. Esto marca un punto de decadencia muy grande respecto de esta actividad. Para los espectadores y para quienes lo hacemos.

–Sin embargo sigue estrenando…

–Sí, voy detrás de mis ilusiones y porfías. Haciendo el ejercicio artesanal del teatro junto a mis amigos. De todas formas, el costado violento y efímero que significa el teatro siempre deja una sensación de soledad.

–¿Cómo es el teatro de Mayorga?

–Es uno de los autores españoles más creativos. Muy shakesperiano en cuanto a que sus obras presentan grandes parrafadas de texto que son una incitación a la acción. Las grandes declaraciones de los personajes de Shakespeare son las que los llevan a modificar sus vidas.

–¿Cómo modifican la suya estos cuatro personajes?

–En Los yugoslavos, como dice su autor, “lo importante casi siempre ocurre cuando no pasa nada”. En la obra hay situaciones aparentemente sencillas aunque los discursos de los personajes no lo sean. Hay equívocos, caprichos, persecuciones absurdas. Creo que lo que más me gustó de la obra es la intriga que genera. Y la posibilidad de reinterpretar lo que pasa allí.

–¿Cuál es su reinterpretación?

–Mayorga hace eje en la soledad de las grandes ciudades. Para nosotros la obra cuenta una historia de amor, el recomienzo de una relación amorosa.

–¿Su lectura es más esperanzada?

–Sí, lo es en cuanto a la posibilidad de paliar la soledad, porque finalmente todos los personajes encuentran un lugar adonde pertenecer.

* Los yugoslavos, teatro Elkafka (Lambaré 866), sábados a las 21 horas.

Fuente: Página/12