viernes, 27 de mayo de 2016

Sally, una farsa


La ficticia verdad de Sally Bowles

Sally, una farsa propone reconstruir la historia de un personaje, el de la protagonista de Cabaret

Un amante de la literatura, el cine o el teatro que sea memorioso reconocerá inmediatamente de qué se trata esta nueva creación de Dennis Smith, el reconocido creador de Negra y Boyscout, que gira en torno a un personaje clásico de la ficción del siglo XX: Sally Bowles, la gran y compleja Sally Bowles, la protagonista de Cabaret.


Esta nueva experiencia de Smith dialoga en algunos puntos con esos dos espectáculos anteriores suyos, aunque también se autonomiza de ellos. Él ha desarrollado parte de su estética jugando permanentemente con los límites entre la ficción y la realidad. No para hacer biodramas o teatro documental, pero sí para jugar con esa idea. Poco sabrá el público de él y de la autenticidad de la historia. Pero dada su eficacia interpretativa tendrá la sospecha de que al menos algo de ella es real. Si su abuela murió y sus cenizas fueron llevadas a Miami (como en Negra), o si de niño sufrió una escena de bullying en un campamento scout (Boyscout) nunca lo sabremos. Pero sin embargo sobrevuela en la ficción un aroma a verdad.

En esta nueva experiencia, Sally,una farsa, esta situación viene determinada por la matriz misma del espectáculo: Sally Bowles es ese ya mítico personaje presente tanto en la literatura, como el cine y el teatro. Para muchos inmortalizado por Judy Dench o por Liza Minelli, para otros representado en la novela original de Christopher Isherwood, quien se basó para su escritura en un personaje real a quien él conoció y que le sirvió de inspiración. Pero la relación entre la mujer original y su personaje aparentemente no fue muy buena, al punto tal que Jean Ross, la original, nunca se reconoció en su alter ego Sally.


Ficción y verdad, ése parece ser el juego. Y aquí, en el texto que escribe Dennis Smith, asistido por el director Alejandro Ibarra, la situación no parece ser muy distinta ya que ellos se han dedicado a imaginar, ahora sí ficticiamente, cuál habrá sido el pasado de Sally antes de llegar a Berlín. Y esa búsqueda ficticia en el pasado de un personaje, en sí mismo y como tal inexistente, sirve de materia para ofrecer un espectáculo que permanentemente se denuncia como relato más allá de que los artistas buscan, con éxito, trabajar desde cierta idea de verdad.

"Para mí Sally siempre fue un personaje muy interesante -cuenta Dennis Smith. De hecho, ya antes de ponerme a escribir sobre ella a mí me parecía interesante su locura, su delirio, su mentira. Así fue que hice una suerte de «recital performático», que fue lo primero que le mostré a Ale Ibarra para convencerlo de trabajar juntos."

sagrada flia
Si bien Ibarra no lo afirma de manera rotunda, algo de ese material iniciático no lo terminaba de convencer. Sin embargo, estaba seguro de que allí residía el germen de una gran propuesta. Por eso se pusieron inmediatamente a trabajar juntos en torno a una idea que surgió inmediatamente en el café en el que estaban reunidos para decidir si llevan adelante el proyecto: Viñetas, como en una caricatura. Había que escribir con esa lógica: pequeños cuadros que vayan avanzando en la biografía de Sally y que justificaran a la Sally que todos conocen.

"Cuando llegamos a esa idea todo empezó a armarse de manera mucho más sencilla: el nacimiento, los padres, el primer novio. Momentos en la vida de una persona que va a terminar siendo quien finalmente fue", cuenta entusiasmado Ibarra. Y a partir de allí, con el libro ya escrito (tanto las situaciones dramáticas como las letras de las canciones), sólo restaba encontrar a quién estuviera en condiciones de ponerle música.

En ese momento, Smith estaba ensayando de la mano de Javier Daulte la obra Ni con perros ni con chicos, en el Teatro Nacional Cervantes, y se le ocurrió comentarle al autor de ese espectáculo, el músico Fernando Albinarrate, si no le interesaría sumarse a la propuesta. "Para mí -cuenta el autor y músico, era imposible decir que no. Tanto por lo que Dennis había escrito como por el personaje. Había allí en el papel un material delicioso que se musicalizaba con la sola lectura. Coincidíamos además con Dennis y Alejandro en que queríamos trabajar sobre el universo del cabaret berlinés de Kurt Weill, con la atmósfera de Bertolt Brecht. Y sobre esa base empecé a trabajar. Y fue, debemos decirlo, un trabajo intensísimo para el que nos servimos de todos los medios posibles. Gran parte de la música la trabajamos por WhatsApp , porque yo estaba en Londres; de esa manera, yo componía y les mandaba los archivos de audio, muchos de ellos cantados por mí en un claro estado de exaltación y poca consciencia crítica", dice risueño.

Los géneros por los que pasa el espectáculo son de los más diversos: jazz, bolero y cumbia, entre otros. Muchos de ellos combinados entre sí. "El espectáculo es un gran juego -agrega Ibarra. Dirigir tanto a Dennis Smith como a Alejandra Perlusky consiste básicamente en organizar sus capacidades lúdicas. Son dos actores que no paran de proponer cosas y que no le temen a nada."

Perlusky enfrenta un gran desafío escénico en este espectáculo ya que tiene la responsabilidad no sólo de oficiar de una suerte de maestro de ceremonias sino que también debe representar a los personajes secundarios que aparecen en la vida de Sally. "Pero no es tan sólo que tengo que hacer del padre o del novio de Sally, también tengo que hacer de mí misma o, mejor dicho, de una actriz, como yo, arquetípica: hago de una Alejandra muy egocéntrica, nerviosa, ciclotímica, demandante. Como todos los actores. Como yo. No es que hago de mí, represento una versión de mí, ¿se entiende?", pregunta tratando de simplificar una cuestión en sí misma compleja pero que está en todo el espectáculo. Ese límite entre la ficción y la realidad propio de la estética de Smith acá se potencia de la mano de Bowles.

Y es precisamente sobre esto sobre lo que en definitiva habla el espectáculo según la opinión de su autor e intérprete: "Es una obra sobre las convenciones teatrales, que muestra cómo todo en el teatro es mentira, pero que sin embargo en el momento mismo en el que se denuncia como tal, y tal vez precisamente por eso, se convierte en bellamente verdadero. Es desde el artificio desde donde nos asomamos, y cuando eso ocurre, cuando ese desafío es logrado, es cuando más felices nos sentimos, porque ese grito permanente de «todo esto es mentira» da paso a la única verdad que en este espectáculo hay: el teatro".

Sally, una farsa

Cultural San Martín, Sala 3, Sarmiento 1551

Funciones, los martes, a las 21.

Fuente: La Nación