miércoles, 18 de mayo de 2016

Flores de Tajy


La trata de personas, en escena

"Flores de Tajy", escrita y dirigida por Sol Bonelli, se propone crear conciencia sobre el tema, en una puesta atravesada por la música y la poesía

No pretende ser sólo una obra teatral. Flores de Tajy, escrita y dirigida por Sol Bonelli, va por más y sobre todo por eso que marca la diferencia. Busca despertar conciencia acerca de un tema tan actual como terrible: la trata de personas. Para lograrlo, enfrenta al espectador con una historia que puede ser cualquier historia de las que se escuchan, se leen, se denuncian. “Naty” es una chica paraguaya que ha sido llevada contra su voluntad a ese prostíbulo del que es prácticamente imposible salir. Allí se encuentra con Cris y con la Loba, seres también condenados a ese destino, pero que aceptan sin dramatismo la realidad en la que se encuentran. A diferencia de ellos, Naty –aunque no es su verdadero nombre, sino el que le impusieron como esclava sexual- no quiere aceptar; no quiere resignarse, ni acostumbrarse. Su llanto es el llanto de muchas otras, el bebé que le arrancaron de sus brazos son tantos otros bebés… Y su dolor lastima.

Naty sufre, llora y también sueña. No pierde la ilusión de la libertad: la desea y la busca.

Una pieza breve (de poco más de una hora de duración), representada en una sala pequeña. El espectador se ve obligado a atravesar el escenario cuando ingresa. Y se encuentra con que, de algún modo, la obra ya comenzó. Cuatro personajes bien delineados, interpretados por actores que logran convencer, ya cobraron vida cuando la gente empieza a entrar. Se mueven, se acercan, se alejan, balbucean. La exótica Cris, que se ha creado a sí misma desafiando el nombre masculino de su documento, y Loba, que esconde sus miserias detrás del modo frenético en el que se desenvuelve, son los compañeros de Naty. Miguel es un cliente habitual, prepotente y violento. Los vínculos entre ellos van armando la trama de la obra y la relación de cada uno con respecto a los otros los va definiendo.

El escenario recrea, con pocos elementos, el prostíbulo de un pueblo en el que todos saben qué es lo que pasa allí dentro. Voces que callan y consienten. El dueño no aparece, pero su presencia se impone a través del discurso de esos seres que ya no saben más que vivir en ese “antro”, como ellos mismos lo nombran; un espacio sórdido donde el escándalo se instala como rutina.

Flores de Tajy cuenta con una dirección precisa, que le imprime un ritmo sostenido. La obra comienza por el final, pero eso no le quita suspenso. La primera escena presenta el desenlace; luego, la puesta recorre el camino que lleva a una muerte anunciada. "Fui yo quien terminó en el barro de esta sábana”, dice Naty, y se ahoga en el dolor porque se le llevaron hasta las palabras. El soliloquio en el que explica cómo llegó hasta ese lugar, engañada, conmueve.

Naty es al comienzo “la piba”, “la nueva”. Luego toma otra identidad: se convierte en una esclava sexual que desea la libertad y sueña con fugarse, porque no puede soportar el sometimiento. En el relato de su vida, vuelve a transitar escenas de distintos hitos de su trágica historia.

Flores de Tajy (en el Teatro Nün) es una puesta atravesada por la música y la poesía, que muestra el mundo de la prostitución, entre leyendas guaraníes y metáforas sobre la selva, citando en su título al árbol nacional del Paraguay. Se trata de la opera prima teatral de Sol Bonelli, también autora de la serie televisiva Se trata de nosotros (declarada de interés cultural por la legislatura porteña). La obra comenzó a andar; seguramente ayudará a sembrar conciencia.



Juan Carr y víctimas de trata en el estreno

La noche del estreno para la prensa, hubo un recepción -en el bar del teatro- para los invitados, entre los que se encontraban Juan Carr, representantes de la ONG La Alameda y varias mujeres que llevaban pecheras con la inscripción “Madres víctimas de trata”. Flores de Tajy aborda el tema de la trata de personas y fue declarada de interés por el Consejo Nacional de la Mujer.

Fuente: Clarín

Teatro Nün (Juan Ramírez de Velasco 419, domingos a las 21).