martes, 24 de mayo de 2016

Bare, una ópera pop


Un amor adolescente que pide a gritos ser reconocido

Se consideran off Broadway los espectáculos que se producen allí en salas de entre 100 y 500 butacas. Algunas de las propuestas más originales del musical nacieron en ese lugar, donde las necesidades comerciales restringen menos a los artistas y les permiten explorar otros temas. Dentro de las creaciones que han tenido buena aceptación del público y puestas en distintos países está Bare.

La trama desarrolla la historia de amor entre Jason y Peter en el último año de su educación secundaria. El primero no quiere confesar su amor en público, el segundo muere de ganas de hacerlo. Poco ayuda que estén estudiando en un internado católico, donde una pareja gay no será nunca bien recibida. Además, los estudiantes deben realizar un musical de Romeo y Julieta por lo que, por un juego de teatro dentro del teatro, ciertas tensiones de esta obra se replican en la pieza shakespeareana.


La escenografía es modular, unos paneles con la cruz sirven para mostrar un salón de clases, una biblioteca o una terraza. El espacio de Bare está en constante movimiento y este efecto se logra con pocos elementos, de forma efectiva.

La obra es excesivamente melodramática. Hay raves, drogas, amor, odio, bullying, embarazo, curas desalmados y monjas comprensivas. Parece faltarle una gran canción, algún tema que el público tararee al salir. Los mejores momentos están a cargo de Patrissia Lorca. Su Sor Chantal capitaliza la retórica de exceso que demanda la puesta y la juega a la perfección, con guiños al público que abren la escena. También se destaca Mica Romano entre los puntos altos en lo vocal y lo interpretativo.

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La historia de Jason y Peter es la de un amor adolescente y el buen equipo que compone Bare juega a eso con convencimiento. No busca hacer un alegato anticlerical ni tratar con profundidad la identidad sexual. Pedro Velázquez parece decir que la obra habla, antes que nada, de la adolescencia. Sobrevuela la idea de que, allí, todo se juega a muerte, todo es grande, todo importa y cada amor y cada dolor es verdadero y profundo, aunque dure poco. Ese es el espíritu de esta puesta, es adolescente en el buen sentido, con pasiones desbocadas, exuberante vitalidad, cuidadas coreografías y lindas voces para acompañarla.

Fuente: La Nación

Sala: Teatro Apolo. Av. Corrientes 1372 / Funciones: Martes 20.30 hs