miércoles, 20 de abril de 2016

Kooza


“Es el mejor lugar para los artistas”

Durante un mes, la notable compañía pondrá en escena a 48 de los mejores artistas circenses del mundo, entre los que hay rusos, japoneses, mongoles, españoles, colombianos y de otras nacionalidades. Un concepto de la producción es la idea de “un circo en una caja”.

Ya está todo listo para el estreno de Kooza en Buenos Aires, que es mañana. El pasado jueves, el Cirque du Soleil montó su imponente carpa azul y amarilla en Costanera Sur. Ayer, algunos artistas, recién llegados de Montevideo, estiraban músculos en la “carpa artística”; jóvenes argentinos recibían sus credenciales para la venta de bebidas y alimentos, y el Grand Chapiteau comenzaba a llenarse de sonidos hindúes y pop occidental mientras se repasaban algunos números, tan prolijos y asombrosos como es habitual. El espectáculo se presentará hasta el 22 de mayo.

Para que todo salga y se vea perfecto se necesita de gente como Mami Ohki: la publicista de Kioto, integrante del staff del Cirque desde 2008, es quien guía a la prensa en el recorrido de una hora por sectores de la carpa. Ohki, menuda y simpática, sigue un estricto guión: no permite diálogos no pautados con artistas ni con otros engranajes fundamentales de la compañía. Ni siquiera es posible acercarse al vestuario, porque está “sin planchar” en percheros de la denominada “carpa artística”. No por nada se dice que el Cirque es una maquinaria absolutamente perfecta. Al parecer, no se descuida ni el más mínimo detalle.

Se viene diciendo de Kooza que es un espectáculo más circense que los anteriores que trajo el Cirque, como Corteo, el último que presentó (2014), de carácter más teatral. En sánscrito “koza” significa “caja”, y el show se denomina así, en parte, porque es “una caja de sorpresas”, ha dicho Ron Kellum, director artístico. También porque un concepto de la producción es la idea de “un circo en una caja”. Los ejes son las acrobacias y el arte de los payasos. Será una oportunidad para ver en escena a 48 de los mejores artistas circenses del mundo, entre los que hay rusos, japoneses, mongoles, españoles, colombianos y de otras nacionalidades. Otra oportunidad para quedar asombrado a medida que se suceden los números de aros, básculas, contorsionismo, monociclo y equilibrio sobre sillas, entre otros, mientras se es testigo de una historia.

Llama la atención que se haya elegido para Kooza un predio que, como consecuencia de las precipitaciones que no se detienen hace días, está lleno de charcos y de barro. El lugar está ubicado en España 2230, en la ex ciudad deportiva Boca Juniors. Al lado está la villa Rodrigo Bueno, marcando un contraste con el glamour y la pompa del Cirque. Y, también, con el lujo que implica verlo: como mínimo hay que pagar 860 pesos.

Ayer, bajo la ya insoportable llovizna y fuera de la carpa con banderas de distintas nacionalidades, trabajaba un grupo de operarios y circulaban algunos de los 120 miembros del equipo del Cirque. En un momento, un grupo de jóvenes argentinos se reunió en una carpa blanca: eran los empleados locales de atención al público, que venderán alimentos y bebidas. Fuera de la carpa se veían los generadores que nutren de electricidad al show y parte de los 76 containers que transportan por el mundo todo lo necesario para el desa- rrollo de Kooza: desde los trajes hasta los lavarropas, que ayer estaban en funcionamiento en el primer espacio por el que circulaba la prensa. El escenario exterior se completaba con las oficinas.

En la “carpa artística” un grupo de hombres y mujeres de distintos países del mundo estiraba los músculos. La carpa fue instalada el jueves, pero los artistas llegaron el lunes y estuvieron dos semanas sin hacer funciones, así que necesitaban ponerse a tono con las exigencias del show. Entre los que estiraban había tres mongolas y un francés. Un colombiano saltaba la soga. Mientras, Mami Ohki sostenía una carpeta con columnas de colores que indicaban los horarios de ensayo de cada uno de los números. “Los artistas tienen que ser muy puntuales”, decía. En la carpa artística hay un televisor siempre encendido. Cada show del Cirque es filmado. Los artistas acostumbran a mirar viejos espectáculos, para anotar errores. Y siguen el show en el momento en que está sucediendo, para saber cuándo les toca subir al escenario. También los fisioterapeutas, que son dos, siguen atentos cada momento para ver si se los necesita.

En este sector se veían, además, algunos de los elementos que se utilizarán en el show, en un mueble, a un costado. Estaba la caja desde donde saldrá Trickster, el personaje “creador” de Kooza, el que bromea con sus poderes. En una pizarra estaban detallados los números y los artistas involucrados en cada uno. Un carpintero ponía a punto un subibaja. En un sector de la “carpa artística” los artistas se maquillan. Lo hacen ellos mismos, contó Mami Ohki, porque “así se concentran mejor en sus personajes”. El imponente vestuario colgaba de varios percheros y era tentador acercarse. Kooza incluye 175 disfraces y 160 sombreros; en total 1080 artículos entre zapatos, accesorios y pelucas. Para crear el vestuario, con reminiscencias de Alicia en el País de las Maravillas y el Mago de Oz, Marie-Chantale Vaillancourt se inspiró en la pintura de Klimt, novelas gráficas, las historias de viajes en el tiempo, la India y Europa del Este.

Esta “ciudad itinerante” que es el Cirque du Soleil está compuesta por el Grand Chapiteau, la carpa de entrada, la artística, la taquilla, cocina, oficinas y almacenes. El Grand Chapiteau tiene capacidad para 2600 personas y mide 20 metros de altura. Se precisa de un espacio de 17 mil metros cuadrados para todo el circo, incluyendo tiendas y camiones. Unas 120 personas viajan en las giras, a la que se suman trabajadores locales. Se contratan alrededor de 120 empleados más para la venta de entradas, los servicios de acomodador, guardarropa y administración.

El ingreso al Grand Chapiteau, que estaba a oscuras, permitía capturar algo de la esencia de Kooza. El elemento central de la escenografía del espectáculo es una imponente torre móvil denominada “el Bataclan”. Sobre el nivel superior de esta estructura se ubicará la orquesta, integrada por seis músicos, que tocará desde pop occidental hasta música tradicional hindú. La decoración del Bataclan se inspira justamente en la cultura hindú, los autobuses de Pakistán y las joyas de la India.

Ayer fue un día cargado de ensayos de cada número, aunque el general –ya con presencia de público– es esta noche. Más que ensayos, ellos le dicen “entrenamientos”. En el rato en que Página/12 visitó la carpa, tres jóvenes de Mongolia hicieron su número de contorsionismo y dos rusos un romántico dúo de monociclo. Luego, Yury Shavro y Olga Tutynina compartieron una pequeña entrevista en las butacas. Su agotamiento y sudor evidenciaban lo exigente que debe ser su trabajo. “El show es muy bueno. Hay otros que tienen más teatro. Acá no hay tantos efectos. Los números son fuertemente circenses”, confirmó Shavro, que lleva treinta años dedicándose al circo. Su compañera, Olga, fue gimnasta durante quince años. Contó que la primera vez que vio Kooza, en 2007, quedó enamorada del Cirque. “Tuve el sueño de trabajar en esta compañía. El show me pareció fuerte y emocionante”, deslizó.

Para Shavro el Cirque es “el mejor lugar para los artistas”. Y para Tutynina es “lindo” viajar y conocer países. “La mayoría de la gente sueña con eso y no tiene chances. Lo más difícil es dejar a nuestras familias. Porque no sólo trabajamos un mes fuera de casa, sino todo el año. Algunos artistas viajan con sus familias”, contó. Según su compañero “no es fácil andar por el mundo, cambiar de ciudad, de país....”. “Terminamos en Montevideo, cargamos nuestras valijas, llegamos aquí, tenemos que buscarnos un celular, buscar los comercios...”, ejemplificó. Respecto de sus expectativas del show en Buenos Aires –se trata del debut de ambos aquí– Shavro dijo, simplemente: “Le doy mi energía a la audiencia y la audiencia me la da a mí”.

Fuente: Página/12