miércoles, 7 de enero de 2015

Pepe Cibrián Campoy, Cecilia Milone y Raúl Lavié: El Hombre de la Mancha


“El Quijote es idealista, no un loco”

La puesta que sube hoy a las tablas del Teatro Maipo permite un nuevo acercamiento a la legendaria figura creada por Miguel de Cervantes Saavedra. “Necesitamos que el espíritu de este personaje se adentre en cada uno de nosotros”, dicen.

No existe tal vez, entre los aficionados a la lectura, quien no haya escuchado hablar del Quijote de la Mancha. El heroico personaje y protagonista de Don Quijote de la Mancha, la novela escrita por el español Miguel de Cervantes Saavedra, se ha ganado el rango de mito universal de la literatura. Pero la obra, que ha sido la más publicada y traducida de la historia –sólo superada por la Biblia– trascendió la frontera literaria y también llegó a los escenarios, donde tuvo innumerables representaciones. En 1965, la historia del caballero andante medieval tuvo su primera versión musical en Broadway con la pieza El Hombre de la Mancha, con texto de Dale Wasserman, letras de Joe Darion y música de Mitch Leigh. Tres años más tarde, llegaría el debut local con los protagónicos de Nati Mistral y Ernesto Bianco. Décadas después, Pepe Cibrián Campoy, pionero del género musical en Argentina, desembarca hoy en las tablas del emblemático Teatro Maipo con su propia versión del Quijote, dirigida por él y producida por Julieta Kalik, Angel Ma-hler y Santiago Zenobi. En la promesa de una adaptación “realista” de la obra de Cervantes, distinta a todas las anteriores, Cibrián interpretará a Miguel de Cervantes Saavedra, Alonso Quijano y Don Quijote de la Mancha, y estará acompañado en escena por Raúl Lavié en el rol de Sancho Panza, Cecilia Milone en el papel de Dulcinea y un elenco de diez jóvenes formados en su escuela.

Luego del suceso de Priscilla, la Reina del Desierto, donde se subió a los tacos para interpretar a Bernardette, una madura transexual que le dio un reconocimiento masivo como intérprete, Cibrián decidió seguir apostando a la actuación. “Mi padre había brindado para que yo fuera actor y yo siempre quise ser protagonista”, recuerda. Meticuloso, apasionado, obsesivo, como lo describen quienes trabajan con él, Cibrián se muestra ansioso con este nuevo estreno, que significa no sólo su primera puesta de El Hombre de la Mancha, sino también su primer trabajo artístico en el Maipo. “Todos tenemos sueños imposibles y la obra habla de un sueño vinculado a los ideales, a la ética y a la honestidad”, cuenta.

–¿Por qué decidió llevar este musical a escena?

Pepe Cibrián: –Cuando tenía doce años, mis padres eran muy amigos de Nati Mistral, y ella estrenaba este musical con Ernesto Bianco en el Teatro Lola Membrives. Antes de la función, el día del estreno, se hizo un especial en televisión, en blanco y negro, y recuerdo haber visto a Nati y decir: “Yo quiero hacer eso”. Porque el Quijote es un personaje tan fascinante, y tan cercano, de alguna manera, a mis raíces y a esa verborragia española. Durante mi vida, escribí, produje y dirigí mis musicales, pero cuando hice por primera vez la obra Marica, que me dio tantas satisfacciones, me picó el bichito del actor. Luego, cuando me enteré de que se iba a hacer Priscilla, llamé a los productores para decirles que quería interpretar el personaje de Bernardette, con el que también tuve mucho reconocimiento. Como buscaba actuar, junto con mis productores pensé en interpretar al Quijote, porque necesitaba hacer un personaje distinto al de Bernardette.

–¿Y cómo es este personaje del Quijote?

P. C.: –Es un idealista, pero no un loco. Porque ¿cuál es la normalidad del hombre? No lo trabajé como un loco, sino como un ser mágico. El sabe que los molinos de viento no son gigantes, pero trata, en su fantasía, de crear una mística. Es un personaje que juega permanentemente, que tiene humor y es picante.

–¿Cómo llegó cada uno a la obra?

Cecilia Milone: –Con Pepe tengo un vínculo de amistad permanente y somos familia. Tenemos un diálogo constante y un día me llamó para decirme que tenía ganas de hacer un musical conmigo. Se hacía el misterioso y sólo me decía que era un clásico que me gustaba. Cuando descifré que era El Hombre de la Mancha acepté porque es uno de mis musicales favoritos y tiene unas canciones preciosas, y además por lo que significa hacer un personaje tan rico como el de Dulcinea y acompañar a Pepe en este protagónico.

Raúl Lavié: –Me encontré con Pepe en un estreno teatral y me contó que iba a hacer El Hombre de la Mancha, y yo le dije, en broma: “¿No querés que interprete a Sancho Panza? La panza ya la tengo...”. Al día siguiente me llamó, acepté y empezamos a trabajar. Con Pepe tenemos una relación muy afectuosa, de respeto y admiración mutua.

–Usted interpretó en dos oportunidades al personaje del Quijote, en 1968, en México, con Nati Mistral, y luego en 2005, en el Teatro El Nacional, y en esta ocasión interpretará a Sancho Panza. ¿Cuáles son los cambios y desafíos que representan este nuevo personaje?

R. L.: –Ahora tendré que ver desde otro lugar a los personajes que conozco, como son el de Cervantes y el Quijote. Además, el primer papel que tuve, en México, fue el de Sansón Carrasco, que tiene preponderancia dentro de la obra. Interpretar a Sancho, más que un desafío, es una forma de completar toda la experiencia que tuve con esta pieza durante tantos años. El único personaje que me quedaría por interpretar es Aldonza/ Dulcinea (risas).

–Dulcinea, como los otros personajes, tiene una doble identidad...

C. M.: –Sí. Uno siempre tiene algún prejuicio cuando aborda un personaje, sobre todo cuando éste se interpretó varias veces, y en diferentes versiones. Pepe tuvo una mirada muy interesante sobre este personaje, y desde la dirección la intención es mostrar que Aldonza es Dulcinea, pero ella no lo sabe.

–¿Qué representa en estos tiempos un hombre como el Quijote?

P. C.: –Quijote es como Gan-dhi, porque ¿quién podía pensar que siendo tan pacifista iba a derrotar al imperio británico? Si hoy apareciera alguien como él, el mundo lo creería un loco. Esos hombres, como Gandhi, que dieron sus vidas para dar amor al mundo, son Quijotes.

R. L.: –Hoy más que antes necesitamos que el espíritu de este personaje se adentre en cada uno de nosotros, porque es doloroso y terrorífico pensar que hay seres humanos que pueden llegar a cometer las crueldades más grandes. Creo que hemos perdido un poco la imagen del hombre justo, el soñador que quiere lograr, a través de la lucha, objetivos sublimes. Eso es lo fundamental del personaje del Quijote y espero que esta obra sirva para que el público se sienta representado por él.

C. M.: –Hay una poesía maravillosa de Rubén Darío (“Letanía de nuestro señor Don Quijote”), que es una suerte de oración al Quijote. Este es el Cristo de la literatura y es un libro que tiene que ver con una fe y una enseñanza para la humanidad. Más allá de ganar o perder, como dice en varios momentos el personaje, lo que vale es luchar; lo que vale es el sueño y la pasión de la búsqueda. Y de eso se trata la vida.

* El Hombre de la Mancha puede verse en Teatro Maipo (Esmeralda 443), con funciones los miércoles, jueves y viernes, a las 21, sábados a las 20 y a las 22.30 y los domingos a las 20.

Fuente: Página/12

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