miércoles, 10 de septiembre de 2014

Carola Reyna: Lluvia de plata


"Estaba con ganas de tirarme a la pileta"

La actriz habla de su incorporación a Lluvia de plata –en remplazo de Muriel Santa Ana– y de su trabajo junto a Luciano Cáceres y el director, Arturo Puig. Dice que la obra llega "en un momento interesante a nivel global" ya que desnuda la crisis del capitalismo.

El dinero no es todo pero... ¡como ayuda!", reza una famosa canción de Los Auténticos Decadentes. Y en el caso de Lluvia de plata, la obra del reconocido dramaturgo francés Sébastien Thiéry, que en estos días vuelve escena, cabría agregar: Y cómo complica también... Porque de eso se trata la historia que dirige Arturo Puig (en su segunda experiencia como director) y que tiene a Luciano Cáceres y Carola Reyna en los papeles principales: mostrar cómo no sólo la falta de dinero sino también su exceso puede generar problemas (y muchos) a una pareja de clase media alta, con conciencia social y respeto por los Derechos Humanos, pero que entra en crisis cuando la plata empieza a caerle literalmente del cielo.
"Más allá de que sin duda es una comedia, lo que está bueno es que evidencia el uso del dinero, qué lugar se le da", señala Carola Reyna. "Cómo es un problema cuando hay poco, pero también cuando hay mucho. Y de hecho es algo que podés ver entre la gente que ha heredado mucha plata. Y uno piensa: "¡Qué suerte!" Pero después cuando hablás con esa gente ves que es re heavy el tema y que viene con carga, con algo kármico alrededor. El "qué se hace con esto", "por qué yo"...", completa la actriz que ingresó a la puesta en remplazo de Muriel Santa Ana.
– Se trata del reestreno de una obra a la que le fue bien y que ahora te incorpora a vos en un papel principal. ¿Qué te llamó la atención como para querer ser parte de un proyecto ya en marcha?
–¿Viste que a veces las cosas llegan en el momento que tienen que llegar? Yo tenía una obra que se cayó por el Mundial, otra posible en enero, y un año pasado, el 2013, de mucha quietud, de parar para arrancar con más pilas después. Entonces esta propuesta llegó en el momento justo. Como cuando alguien te dice: "¿Querés volar por paracaídas? Bueno, tirate ya." Hubo algo de eso, del desafío de hacer algo sin pensar. De una determinación sin ponerme a pensar qué fue lo que concretamente me atrajo para querer estar. Obvio que trabajar con Arturo Puig como director y con Luciano Cáceres como compañero en el escenario es muy atractivo. Y el hecho de que a la obra le haya ido muy bien hasta ahora suma. Pero sobre todas las cosas me atrajo el momento. Se ve que estaba con ganas de tirarme a la pileta (risas).
–¿Y qué te encontraste?
–Principalmente un material con una posibilidad muy grande para jugar. Un enorme terreno con mucha libertad. Una obra que por sus características es medio surrealista, fantástica y absurda, pero que igual te permite jugar. Que es mucho más elástico de lo que a priori podría preverse. Es cierto también que no pasé por ese proceso previo que suele ser importante, grato, pero también muy largo y cansador. Todo lo que tiene que ver con la charla, la comprension del texto, el debate sobre lo que estamos haciendo... Yo soy muy buena en esa etapa "de mesa", pero...
–Te gustó saltearte esa etapa...
–¿Sabés que sí? (risas) Si bien eso también tiene su contracara que es tener que entregarte a un proyecto que ya está armado sin posibilidad de modificación, la parte positiva fue pensar: "Ya está, hay otros que ya resolvieron cualquier problema o duda que pueda surgir".
–¿Cómo describirías a tu personaje, la esposa del anestesista falto de reconocimiento que interpreta Luciano Cáceres?
–Es una mujer que anda en motoneta, que gusta de pasear por la calle, y que tiene una vida en apariencia muy buena con su marido. Ambos defienden ideas socialistas y critican los aspectos de un mundo actual que no les gusta. En especial, la exacerbada pasión consumista y materialista que a veces vemos que tiene la sociedad. Esto es así hasta que les ocurre este fenómeno sobrenatural, que es que les empieza a aparecer dinero de la nada, no saben de dónde ni por qué, y les surge una lucha interna, un cuestionamiento, que les remuerde la conciencia y les genera problemas.
–Paradójicamente, porque se supone que el dinero ayuda a resolver los problemas...
–Claro pero hay algo bueno que sugiere la obra y que también dice Boy (Olmi), mi marido, en un documental que hizo recientemente con un ambientalista increíble que acaba de cumplir 80 años, y es que el asunto no es cómo vivir para la plata sino cómo tener plata para vivir. De hecho, en la obra, ella le dice a su marido en un momento: "Al final estás obsesionado con la plata." "Es que todo gira en torno a la plata", le responde él. Y ella lo corta: "No, sos vos que girás en torno a ella y que ahora que finalmente la conseguiste, la tocás con tus manos y estás como fascinado."
– Todos tenemos nuestras teorías y sentimientos respecto al dinero. En tu caso, ¿la obra te aportó nuevas ideas o reafirmó lo que ya pensabas?
–Me parece que confirmé. Considero que es una obra que llega en un momento interesante de como estamos a nivel global.
–¿Y qué le enseña la obra a este momento en particular?
– Que el sistema capitalista está fracasando en nuestras narices. Y que se pide ya un cambio de paradigma, de concepto, de dejar de creer que el éxito es lo que se piensa que es. Esa idea del tener, del consumo. Ella le dice: "Tenemos toda esta plata. Tendríamos que hacer algo bueno con ella." Y yo adhiero a eso, a que si uno tiene mucha plata, bueno, esa plata se puede volver a meter en el circuito de una virtuosa manera. Por suerte hoy en día aparecen cada vez más opciones para que eso suceda. Por ejemplo, las empresas que tienen muy en cuenta lo que destruyen del medioambiente y ven cómo lo reponen. O que distribuyen las ganancias de otra manera. O que ayudan a los que quieren hacer cosas. Creo que nos tenemos que ayudar entre todos.
–Y en el caso del actor, que suele sufrir de incertidumbre laboral y por ende de cierta falta de dinero por momentos, ¿hay algo en esta obra que lo interpele?
–Para mí está claro que la plata es necesaria y que en muchos momentos genera un gran alivio. Pero también que es un arma de doble filo porque no tiene que ver con la felicidad. Los actores estamos bastante entrenados para sobrellevar esa incertidumbre. Cada uno reacciona de manera diferente. Uno ve actores desesperados por tener trabajo. Y otros, incluso, desesperados por tener plata. Que no pueden parar. Que sólo quieren plata-plata-plata. Pero bueno, es una manera de ver. No los critico porque cada uno tiene una historia personal, fue marcado por miedos diferentes. Pero a veces veo que están tan preocupados por la guita que se pierden cosas de la vida, como una familia. Porque la escuela primaria de tus hijos, una vez que te pasó, la perdiste. Y no hay vuelta atrás. También es verdad que es una profesión jodida, porque no todos los actores llegan a grandes laburando, depende mucho cómo llegás con tu cuerpo. Y porque muchas veces no sabés cuándo vas a cobrar.
–¿Te ocurrió de tener algún familiar o algún amigo que haya tenido algún raye con el dinero?
–Tengo una amiga íntima que viene de un lugar muy bohemio (es artista, profesora de danza), que de repente heredó a su madre y ahora va a ver los campos, a tratar con los propietarios, y nos reímos mucho porque hasta hace poco no tenía un mango y ahora resulta que es como una estanciera. Dicho esto, también la veo súper encaminada. Y nos hace pensar lo genial que es que alguien que tenía que cuidar cada peso que ganaba ahora aparece yendo con su hermana a tratar con hombres importantes nada fáciles. Ya la estafaron, de hecho. Me causa gracia porque ahora es la rica del grupo. «


Un empezar de nuevo sin las formalidades del caso

–¿Cómo es el vínculo sobre las tablas que estás teniendo con Luciano Cáceres?
–Excelente. Genial. Yo había trabajado muy poquito con él, hace unos años, y ya nos llevábamos bárbaro. En este caso, además, estuvo muy bueno que no hubo tiempo para lo superfluo. Todas esas cosas que siempre se hacen antes de arrancar una obra porque estás acostumbrado: lo formal de conocerse, hablar, interesarse por la vida del otro. Todo eso está buenísimo pero también está buenísimo cortarlo de vez en cuando. Con Lluvia de Plata no hubo tiempo para todo eso. Hubo que encontrarse en la acción. Y eso me gusta porque te encontrás en la escena misma de la vida. Ya el primer día nos dijimos "hola, qué tal", y arrancamos. Y por el momento venimos teniendo un vínculo alucinante. Muy respetuoso y cariñoso. Contento. Todo el tiempo me dice: "Estoy muy contento de que estés con nosotros." Este camarín, por ejemplo, lo estaba usando él y como yo la única vez que había trabajado en esta sala lo había usado, se lo comenté y ahí mismo cambió el suyo para dejármelo. Hace todo lo posible para que esté cómoda.
–De alguna manera para ellos tuvo su costado bueno que pudieras ingresar inesperadamente a la obra.
–Sí. A veces pasa que así como es de traumático que otra persona parta (es difícil y doloroso) también, con buena onda, pude ayudar a una renovación. Que todos se pongan las pilas otra vez. Un resetear y empezar de nuevo. Salir de lo rutinario y de lo establecido. En ese sentido creo que hay un golpe de aire en Lluvia de Plata y se nota.


FUNCIONES

Lluvia de plata se presenta de miércoles a domingos en Multiteatro. Av. Corrientes 1280.


Mucha calma y onda

Conocido por su extensísima carrera actoral, Arturo Puig siempre tuvo la dirección de teatro como una de sus cuentas pendientes. Un anhelo que recién pudo cumplir el año pasado con Le Prenom y que continua este 2014 con Lluvia de plata.

–Muchos conocen a Puig como actor, pero ¿cómo es como director?
–Arturo deja mucho lugar para jugar y para probar. Realmente deja que encuentres el camino. Se ve que él como actor sabe que necesitás eso. Entonces sentís una enorme confianza al lado suyo. Sentís un gran permiso para probar. Mucha calma y la mejor onda. Por eso pienso que llegó acá con mucha comodidad.
– ¿Crees que le suma ser un actor experimentado a la hora de dirigir?
–Sí, por supuesto, le suma. Es el primero en saber que el actor necesita probar para llegar a su mejor forma. Y por otro lado se da cuenta de lo que funciona, de lo que va a andar. Tiene ojo. Aunque sin ser un tipo totalmente racional ni un "obse" tampoco. Da mucho permiso para salir a jugar. Y yo justo andaba necesitando eso.

Fuente: Tiempo Argentino

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