sábado, 28 de junio de 2014

Leonor Manso y Héctor Bidonde: El luto le sienta a Electra


El oficio de transitar la libertad

Dueños de una importante trayectoria en el medio, los actores interpretan al matrimonio Manon en El luto le sienta a Electra.

Leonor Manso llega al teatro San Martín cantando. No la llegamos a escuchar, pero avisa que era el tema "Cantares" de Serrat, basado en el poema de Antonio Machado. Dice que la letra la hizo reflexionar acerca del arte que perdura.
Leonor Manso: –Hay una parte, que es hermosa y dice: "Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción; yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón."
La frase le sirve de disparador para hablar de El luto le sienta a Electra, de Eugene O’Neill, la obra en la que actúa junto a Héctor Bidonde. Ellos interpretan al matrimonio de los Manon, una pareja que describió O’Neill en una pieza en la que hace una relectura de un clásico griego.  Dice que se trata de una historia que atravesó el tiempo y que fue leída por los artistas de su generación. Manso y Bidonde se reconocen en los gustos y en los criterios para elegir el arte que les gusta. Los dos marcan una distancia con las influencias de otras generaciones posteriores. Una forma parecida de entender el oficio del actor.

–¿En qué gustos se reconocen?
LM: –Nosotros somos de una generación en la que el cine europeo nos formó el alma. Me acuerdo mucho del cine ruso, que delimitó nuestros gustos y nuestros placeres. Es algo que no le pasó a las generaciones que vinieron más tarde, que fueron absorbidas por una cultura estadounidense en la que predomina el subpensamiento. Yo sigo viendo Pasaron las grullas (Mikhail Kalatozov) o La fuente de la doncella (Ingmar Bergman) y me emociono y entiendo perfectamente por qué son obras de arte.
Héctor Bidonde: –Me pasa lo mismo.  A mí me emociona mucho Tarkovski.
LM: –¡Ay Tarkovski!
HB: –Creo que todavía nos faltan muchos años para que terminemos de comprender ese universo. Pero ese cine desapareció y está el riesgo de que no vuelva a aparecer más. De pronto, te enterás que encuentran una versión perdida de Metrópolis (film de 1920 de Fritz Lang, de estilo art-deco, ambientado en 2020) y uno entiende que son piezas inhallables, que las estamos perdiendo.
–En este contexto, ¿cómo ven al teatro?
HB: –En Buenos Aires, el teatro comercial de arte –como se dice ahora al que se ve en la Avenida Corrientes– se tragó al underground. Es muy difícil que un productor privado meta 20 actores en un escenario. Por eso hay que defender al teatro oficial en el que estamos ahora, por ejemplo. Acá, se hacen producciones que no predominan. Muchas veces imperan las condiciones de producción antes que lo artístico. Es muy común escuchar: "Busquemos una obra para tres personajes porque no hay plata para más."
LM: –Además, justamente, los ciudadanos pagan los impuestos para que se puedan tener estos teatros, que un productor privado nunca va a poner. Es obligación de las salas estatales programar este tipo de obras.
–¿Por qué sostienen que lo comercial se devoró al under?
HB: –Muchos de los artistas que hacían un teatro de procedimientos vinculados con el off y que eran muy interesantes, vitales e innovadores fueron absorbidos por los productores comerciales. Claro que los productores no son estúpidos. Encontraron en una misma persona a un director, dramaturgo, puestista y, para colmo, muy creativos. El tiempo dirá en qué medida perdura lo que hacen ahora. Hoy se los tragó lo comercial. No voy a dar nombres, pero uno no puede dejar de pensar que es una lástima, que había ahí personas muy talentosas y es difícil que ahora puedan conservar la búsqueda que tenían en sus orígenes.
LM: –Bueno, eso es también una responsabilidad personal. A lo mejor siempre buscaron lo que tienen ahora.
HB: –Sí, de todos modos, son fenómenos que no son nuevos. En la década del '60 pasó lo mismo en el teatro independiente. Mucha gente se fue a la televisión y, de a poco, dejó de hacer sus obras para el off. Cuando volvieron al teatro estaban reproduciendo las formas convencionales de siempre.

Para hacer El luto le sienta a Electra, desde el San Martín se convocó al director georgiano Robert Sturúa quien hizo su propia lectura de un clásico que ya lee a otro clásico: la obra de Esquilo. Según contaron los actores, "el ruso" (como le dicen al director) llegó a Buenos Aires sin adaptación y con una idea de la puesta en su cabeza, que quiso reproducir en los actores.
–¿Cómo se trabaja de esa manera? ¿Qué se hace cuando un director impone su mirada?
LM: –Yo no me acostumbro a eso ni me parece bien. Un director puede dar su mirada y tratar de imponerla, pero yo tengo mi opinión sobre eso. Yo no lo acepto. Justamente el teatro es mi espacio de libertad y mi espacio de expresión como actriz. Por supuesto que la puesta es del director, pero yo soy parte de ese hecho y soy una parte con opinión y con libertad. No entiendo eso de "ahora movete para allá, hacé esto para acá". Sí estoy a favor de hablar y llegar a acuerdos sobre conceptos. Pero para mí, el teatro es un espacio de libertad, nunca puedo ser una marioneta.
HB: –Yo soy más flexible, más maleable en un sentido. Tampoco es cuestión de aceptar un vale todo, que me impongan cosas. Después uno verá si acertó o no en esa maleabilidad.
–¿Qué pasó al final?
LM: –Llegamos a un acuerdo. Hay algo que yo valoro mucho de él y es que no tiene prejuicio ni preconceptos sobre ciertas cosas. Sturúa toma esta tragedia griega y sostiene que, más allá de su valor literario, realmente hay un conocimiento popular de Edipo, de Electra y de las manipulaciones. Hay escenas concretas en las que la gente se ríe. ¿Por qué se ríen? Porque reconocen en esas escenas algo que ya es un conocimiento previo. Un conocimiento y una prohibición, como puede ser el "no matarás", el "no te vas a acostar con tu padre o con tu madre", el "no mentirás". Son prohibiciones que forman la cultura y que el hombre ha mantenido a través de los siglos para tratar de tener una convivencia mejor.
–¿Y qué pasa en la obra con estas prohibiciones?
LM: –Son arrasadas. En la obra de O’Neill esto ocurre después de una guerra, después del asesinato de Lincoln y muestra a un pueblo que queda sin ningún tipo de referencias y sin ningún tipo de valor. No es una cosa lejana a nosotros. Eso es lo que a mí me gustaba de la obra. En eso coincidía con Robert. Él es como un hombre del absurdo. Plantea una cosa a la que yo suscribo: nosotros nacemos para morir, eso ya es un absurdo, entonces ningún gesto, nada que hagamos, va a ser tan importante. Le quitamos solemnidad a las cosas, porque es un hecho ridículo y absurdo nacer para morir.
–¿Nunca se cansan de actuar?
HB: –No, pero hay que escuchar al cuerpo. Yo ahora estoy filmando una película y haciendo la obra. Creo que a mi edad, no debería hacer el esfuerzo físico que hago. Con el tiempo, he intentado aprender la importancia del "aquí y ahora". Yo vengo al teatro y me fijo cómo estoy, físicamente, cuánta energía tengo. A partir de ahí, arranco. Pero siento que el escenario y el clima, me van dando una energía que se mantiene. No se pierden las ganas. De pronto, me voy poniendo el uniforme y aparece una fuerza que no tengo. Para colmo, en esta obra, tengo que entrar como si fuera un potro y no un viejo de mierda. Hay algo mágico en torno al trabajo del actor, uno cambia de frecuencia, no es que cambia de aire. Salir de un mundo y meterte en otro y sentir que las ganas no se van. Nunca.
LM: –Es algo complejo, porque es una vocación y un trabajo. Lo necesitamos para vivir, porque la jubilación del actor es la mínima y no alcanza. Después hay cosas que te entusiasman, trabajar con algunos compañeros, los proyectos. Pero vivir todo el día en la calle, hacer varias cosas a la vez, no es algo que quiera. Pero hay algo concreto y es que cuando estamos en el teatro, nos estamos liberando de todo lo demás.  «



una trama con varios conflictos planteados
Enamorarse del padre. Esa posibilidad, dice Manso, sucede en todas las niñas y por eso El luto le sienta a Electra no pierde vigencia. "Hay cosas muy concretas en esta pieza. Cuando el padre le dice a su hija 'vos vas a ser mi única mujer', todos se ríen porque causa gracia, pero eso no quiere decir que los varoncitos y las nenas sigan teniendo un amor pasional con sus padres. Pero se reprime, porque se sabe que no es bueno. Los niñitas que no tienen la represión de la cultura le dicen a su papá 'yo me voy a casar con vos'. Eso sigue existiendo. Evidentemente, con el avance de la cultura el hombre se ha dado cuenta de que no es bueno acostarse con sus propios hijos, porque salen todos medios tarados cuando es muy endogámico", bromea la actriz y, enseguida, relata anécdotas de nenas que corren a la mamá cuando abraza a su padre.  
Héctor Bidonde rescata también el trasfondo social de la obra y explica: "No es una pieza de carácter eminentemente político, pero tiene una base y un aporte a esa desigualdad perenne, porque se refiere a una familia que lleva 200 años en el poder y no se los puede mover. El narrador dice: 'No es fácil acercarse a la casa de los Manon.' Eso habla de una estructura de poder muy concreta."
Manso coincide y resalta al pueblo, interpretado por el coro en esta puesta, que mira a los reyes de manera idílica. "En el coro está la voz de un pueblo que dice '¡Qué hermosos son!', 'Mirá qué casa, cuánta plata tienen', un poco deseando eso que esta gente tiene. No hay conciencia de clase ahí. Además, aparece la cosa endogámica del poder, necesaria para seguir manteniéndolo. Se casan entre ellos o con personas que se parecen hasta físicamente a ellos. Son todos iguales. En la obra original, toda la familia se parece. Ella tiene un amante que se parece al marido. Es una manera de mantener el poder."
Incesto, desigualdad, violencia y la necesidad de diferenciarse de los padres, los temas de El luto le sienta a Electra atraviesan todas las épocas.





inolvidables personajes
 en cine, teatro y tv
Leonor Manso es una incansable actriz de teatro, que también se lució en cine y en televisión. Estudió con  Juan Carlos Gené y debutó en 1969 en teatro, en la obra El deporte de mi madre loca de Angélico (el autor de Lo que hay que tener), y con una participación en cine en Impasse. En televisión alcanzó la popularidad con su personaje de madre desequilibrada en Vulnerables y Locas de amor y tuvo destacadas participaciones en el ciclo Mujeres asesinas. Hace unos meses, también se lució en el ciclo Doce Casas, por la Televisión Pública. En teatro, con el unipersonal Psicosis 4.48, la obra póstuma de Sarah Kane, encarnó a en un personaje desbordante, que llevó de gira por todo Europa y recibió varios premios. En 2013, recibió el ACE como mejor actriz por la obra El león en invierno (foto). En 2011, recibió el premio Konex al mérito por su larga trayectoria.
Es la mamá de Paloma Contreras, una joven actriz que viene desarrollando una carrera en el teatro, con notables actuaciones en obras de Discépolo, que se puede comparar a los inicios de su madre.




compromiso arriba y abajo del escenario
Además de ser un actor con una larga trayectoria, Héctor Bidonde es director y profesor de teatro y cine. Participó en numerosas obras de teatro y trabajó en varios films comenzando en 1978 con su actuación en La rabona, dirigida por Mario David. Fundó su propia sala de teatro en La Paternal, donde presenta muchas de sus obras que emprende de manera independiente. Una de sus piezas más famosas es El contrabajo (foto), unipersonal que interpretó durante varios años, en el que se pone en la piel de un contrabajista que va contando su rutina cotidiana en su pequeño departamento.
En 2003 fue elegido legislador de la Ciudad con mandato por cuatro años por el partido Autodeterminación y Libertad, orientado por Luis Zamora, pero luego de tres años se separó y pasó a integrar con otros legisladores el llamado "Bloque del Sur". En 2007 fue candidato a subjefe de gobierno y a senador nacional por la Ciudad de Buenos Aires por la alianza Movimiento Socialista de Trabajadores-Nueva Izquierda.




En el teatro san martín
El luto le sienta a Electra se presenta de miércoles a sábados a las 20:30 y domingos a las 19:30. Platea: $ 100. Teatro San Martín: Corrientes 1530. El elenco esta integrado por Krum, Manso, Bidonde, D. Velázquez, N. Gadano, M. Figueras, P. Brichta, G. Rodríguez, A. Muxo, P. Rinaldi, A. Vainstein, G. Böhm, S. Machini, A. M. Caruso, I. Cejas, H. Sajón y R. Herrero.

Fuente: Tiempo Argentino

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