domingo, 1 de septiembre de 2013

Villanueva Cosse: La sombra de Wenceslao


Reflexiones de un hombre elegante

Con su dirección, La sombra de Wenceslao, de Copi, subió a escena en el Cervantes

Hace poco, para realizarse unos análisis médicos, Villanueva Cosse fue completamente anestesiado. Durante el adormecimiento, una voz le relataba lo que sentiría, pero no se acuerda bien de aquel momento. Sí mantiene vivo aquel despertar, aquella salida de la oscuridad, del sueño. Inquieto, física y mentalmente, el director y actor encontró en un texto de Copi el mejor modo de reflexionar sobre el significado profundo de la existencia, de la vida y de la muerte. Como un detonante y antídoto para aquellos males que hasta hace poco no tenían cura, La sombra de Wenceslao, su reciente puesta en el Cervantes, lo hace reír y conmover en dosis idénticas.

Durante muchos años, Cosse quiso llevar esta pieza a los escenarios, pero sabía que se trataba de un texto complejo y de difícil montaje, debido a la multiplicidad de escenarios y de viajes que aparecen en la trama. El resultado es una comedia desopilante interpretada por Lorenzo Quinteros, Mario Alarcón, Andrea Jaet, Paloma Contreras, Luis Longhi, Mosquito Sancineto, Alejo Bertin Cardozo, Ernesto Zuazo y Alfredo Zenobi. Wenceslao, un gaucho ya anciano, tiene una esposa, varios hijos con distintas mujeres y una amante. Hombre del litoral, en comunión con la flora y fauna que lo rodea, decide marchar p'al Norte.

"Copi propone una diversión un poco extraña, una comicidad salvaje, a veces atroz, a veces escatológica, con ataques casi histéricos. En los ensayos, los actores se descubrían a ellos mismos muriéndose de risa porque se encontraban pronunciando un texto absolutamente irreverente", explica el realizador, cuya mayor preocupación son las estructuras que rigen el curso de la civilización. "De modo genial, la atracción que siento hacia Copi se explica en el hecho de que es un tipo que rompe todos los esquemas."

Cosse define esta obra como un texto sobre el exilio y los efectos que genera esta situación sobre quien ha dejado su pago. El protagonista, que da título a esta historia, es uno de los personajes que sufre este cambio, pero hay más almas extrapoladas. "Esta obra tiene una profunda tristeza. Wenceslao padece aquel dicho que dice: «¡Cómo cansa el descansar!». Padece una inactividad que lo fatiga y que lo lleva a que se encuentre consigo mismo. Ese exilio termina con él: es la muerte del alma."

Sin enmarcarse en la tradición de Horacio Quiroga, los animales juegan en esta historia un papel destacado: son personajes. Cosse realizó un trabajo de observación para poder marcar las actuaciones de Sancineto, como un loro atrevido; Bertin Cardozo, como un simpático mono, y Zuazo, como un adorable e histriónico caballo.

La sombra de Wenceslao está llena de símbolos ("es un constante augurio sobre el fracaso") y de una comicidad que brota de múltiples vertientes, desde el absurdo, desde las situaciones que realizan los personajes para reírse de los demás. "No se ataca desde el rencor, sino desde la risa, utilizada como una forma muy importante de burlarse de la sociedad, de no respetar aquello que no respeta a los demás. Allí está su transgresión", asegura.

Cosse camina por los pasillos del Cervantes y encuentra una foto suya en blanco y negro enmarcada en la pared. Está sentado en un banco de plaza, junto a Jorge Rivera López en una escena de El príncipe azul. "No pinto cuadros ni hago películas. Lo mío es el teatro, es decir, escribir en el agua. No sé cómo me recordarán los demás. Morir es salir de la memoria de los otros", reflexiona este escorpiano a punto de cumplir 80 años.

DESDE LA OTRA ORILLA

Uruguayo, llegó a la Argentina en 1973, después de trabajar 20 años en un banco en Montevideo, tarea que combinaba con su formación y trabajo como director en El Galpón. Dramaturgo (¿Quién le teme a Lucila Singer? y Feria del miedo, del amor y de la guerra, entre otras), dirigió y adaptó obras de Goldoni, Aristófanes, Gogol, Weiss y Valle-Inclán, y se lució como actor, por ejemplo, en Mein Kampf, Rey Lear y El resistible ascenso de Arturo Ui. En TV interpretó al padre de Oscar Martínez en De poeta y de loco, y al de Julio Chávez, en Epitafios. También trabajó en cine en ¿Dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar?, Yepeto y El caso María Soledad, sólo por nombrar algunas.

Memorioso, reflexiona sobre aquellos recuerdos que lo marcan a fuego y que elige atesorar. "Mi hija Carolina era un piojito y un día, en bombachita, salió de casa y quiso cruzar la calle. Esas piernitas que recién caminaban. esa imagen viene a mí siempre que pienso en ella." Hay otros recuerdos que ha extraviado accidentalmente, pero que no añora. Y así viene a colación Funes, el memorioso, de Borges: "Si recordáramos todo, no podríamos pensar".

Elegante, sentado sobre el respaldo de un sillón, con las manos cruzadas sobre su bastón, afirma: "Soy un optimista con respecto al futuro y un pesimista con respecto al día tras día. Estoy siempre preparado para lo peor. Por eso nunca me he caído desde muy alto. He sufrido golpes, pero los he soportado".

LA IRREVERENCIA DE UN AUTOR

Copi (1939-1987) es el seudónimo de Raúl Damonte Taborda, nieto de Natalio Botana y de Salvadora Medina Onrubia. Su padre, diputado, tenía su mismo nombre, una de las razones por la cual eligió llamarse Copi, para distinguirse de su progenitor. Así firmaba sus caricaturas en Tribuna Popular y en Tía Vicenta. Además de historietista y novelista, escribió muchísimas obras de teatro.Copi no es un autor demasiado representado. Actualmente en cartel hay una versión de Cachafaz (Teatro del Pueblo), interpretada por Emilio Bardi y Claudio Pazos. Hace algunos años, Moria Casán integró el elenco de Una visita inoportuna, con dirección de Stephan Druet, obra que también contó con versiones de Maricarmen Arnó y de Jorge Lavelli. También Alfredo Arias presentó junto con Marilú Marini La mujer sentada, un trabajo inolvidable.

La sombra de Wenceslao, de Copi
Dirigida por Villanueva Cosse
Jueves a sábados, a las 21.30; domingos, a las 21
Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815

Fuente: La Nación

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