viernes, 20 de septiembre de 2013

Gustavo Manzanal: Idea de Juan

Seguir los pasos de Onetti y Vilariño

“El único sentido que tiene hacer teatro es construir vidas en el escenario y que ellas modifiquen la propia”, dice el actor y director, que junto a Gabriela Litch pone sobre tablas la tormentosa e intensa relación entre el escritor y la poeta uruguayos.

Sin darse cuenta, Gustavo Manzanal habla en primera persona del personaje que encarna en teatro, nada más y nada menos que el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti. “En la obra estoy en los últimos años de mi vida y la miro a ella en escena con la misma pasión que antes”, cuenta. Cuando se le hace notar, el actor y director de Idea de Juan toma conciencia y asegura: “Es inexorable para mí sentirme él. Tiene que ver con mi concepción sobre este arte. Creo que el único sentido que tiene hacer teatro es construir vidas en el escenario y que ellas modifiquen la propia. Uno no puede salir ileso de eso de lo que es artífice”. Habla con autoridad, porque en los últimos años acumuló experiencia en eso de ponerles la piel a grandes personalidades. Fue Nietzsche, fue Artaud, fue Juan José Castelli y ganó el Premio al Mejor Actor en el Festival Gombrowicz de Polonia por su personificación del célebre escritor. En este trabajo, que concibió, adaptó y protagoniza junto a Gabriela Litch, el director realiza un recorrido por la tormentosa historia de amor entre Onetti y su colega y amante Idea Vilariño, reconocida poeta del país vecino.

La obra transcurre treinta años después de que los escritores vivieran su apasionado romance, pero aun así refleja la importancia de esa relación en la obra de ambos. Eso se debe a que Manzanal y Litch construyeron la dramaturgia de la pieza basándose en textos, sobre todo poemas, anécdotas conocidas y declaraciones de entrevistas. Todas las frases que se dicen en la obra fueron dichas o escritas por Vilariño y Onetti, lo que hace que la obra se convierta en una exploración sobre cómo el amor y el sentimiento se anclan en la palabra escrita, en lo poético; cómo se construye el enunciado que refiere a lo humano. Los actores buscaron distintos modos de decir los poemas, que nunca son recitados sino recreados en forma de canción, como escritura espontánea o como diálogo. “Armamos un rompecabezas que nos permitiera reconstruir su historia de manera teatral y no solamente poética”, asegura Manzanal, que es profesor en letras y está por publicar un libro sobre filosofía del teatro.

Sobre el título de la obra, que supone que Onetti se apropió de Vilariño, Manzanal dice: “Es machista, sí. Pero no porque suscribamos ese tipo de ideas sino porque no tenemos dudas de que Onetti las tuvo para con Vilariño. Y como creo que uno debe estar convencido de lo que hace en un escenario, incluso si hace de Hitler, nombré al espectáculo de ese modo. Me parece que refleja cómo él se apropió de ella y la tuvo a su merced. Y cómo ella, aunque fue una gran mujer, vivió con un grado de insatisfacción que se nota en toda su poética”.

–Uno de los textos que ella pronuncia dice que no hubo persona que la maltratara como él. Y hay una escena en la que él pareciera abusar sexualmente de ella. Parece el malo de la película...

–Esa escena es metafórica. No queremos decir que él la violaba. Lo que pasa es que en una entrevista ella dice que el sexo para Onetti era una forma de someter al otro y luego encontramos un poema de ella que dice algo similar. No da nombres, pero es seguro que habla de él porque toda su obra está atravesada por esa relación. No sé si hubiera subsistido sin él, en cambio Onetti no la necesitó para desarrollar su literatura.

–¿Por qué decidieron situar la obra después y no durante el romance, donde todas esas cosas estaban a flor de piel?

–Yo creo que el teatro es la construcción del espacio. Y cuando me puse a pensar en esta relación me aparecieron imágenes de los últimos días de Onetti en esa habitación, en esa cama. Un Onetti ya sin Idea. Entonces decidí construir desde ahí y para hacerlo hubo que pensar un estadio que superara el tiempo existencial. La idea no es que los escritores intenten una vida nueva sino que reconstruyan la que ya vivieron.

–¿Y cómo trabajaron la pasión desde ese tiempo?

–Nos gustó transitar lo pasional desde la pérdida total del apetito sexual. Yo estoy en camiseta, en pijama, despeinado, borracho y metido en un sucucho. Ella llega toda bonita y no siento la necesidad de arreglarme para esa mujer que tanto me ha despertado. Hay momentos en los que parece que va a haber un acercamiento carnal y yo le escapo. Y sin embargo me sigue apasionando esa mujer y las cosas que le digo lo demuestran.

–¿La obra es un homenaje?

–Cuando uno toma a personalidades reales puede hacer dos cosas, un homenaje o una revisión crítica. Cualquiera sea la elección, lo que siempre hay es una rememoración. En nuestro caso, al trabajar con poetas tan fascinantes que además admiramos, la obra se convierte en una rememoración positiva.

–Además de la recreación de sus textos, ¿hubo una preocupación actoral por lograr una caracterización fidedigna?

–Los aspectos externos tienen que ver con todo lo que un personaje es. Si vas a encarnar a un personaje, yo creo que está bueno intentar parecerse. Buscamos la caracterización a través de diversas vías como el modo de hablar o la similitud gestual. Con Idea fuimos por su actitud de bajo perfil, su comportamiento más bien hierático. En mi caso, me preocupé por la fisonomía interior, por la vestimenta. Claro que podés buscarlo y no conseguirlo del todo. Onetti era pelado y yo no me pelé para este papel. Pero el intento vale la pena.

* Idea de Juan, sábados a las 20.30 en la Sala R. González Tuñón del C. C. de la Cooperación, Corrientes 1543.

Fuente: Página/12

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