viernes, 2 de agosto de 2013

Victoria Grigera Dupuy: Sola y fuerte y Monto-stand up


Chica Almodóvar con conciencia social

Hija de un desaparecido, encontró en su infancia en el Parakultural la clave de lo que le gustaba: provocar risas en los demás. En El Bululú se convierte en Fabiana, una mujer desesperadamente sola.

Actriz y guionista, Victoria Grigera Dupuy lleva su sentido del humor adonde sea. Aunque coqueteó con el teatro tradicional, prefiere los formatos itinerantes que le exigen conquistar al público “como si fuera una política en campaña”. Hace años que se pasea por antros, entrada la medianoche. Mientras los que la miran toman cerveza, en Sola y fuerte ella muta en Fabiana, una mujer desesperadamente sola que lidera la agrupación Mujeres Al Palo y Al Pedo. Grigera tiene dos funciones fijas por mes en El Bululú, Club de Comedia, pero también hace delivery teatral. Esto la lleva a actuar en situaciones extrañísimas, como cumpleaños de octogenarios. “Lo mío es verdaderamente under, ¿no? Soy mi propio Frente para la Victoria”, arriesga. Otra de sus criaturas es Monto-stand up, un monólogo de humor político que estrenó recientemente y que viene encantando a agrupaciones kirchneristas conformadas por militantes de diferentes generaciones.

Se enciende el grabador y listo. Casi que no hay que trabajar porque, como su alter ego, Grigera habla y habla. Lleva ella la conversación mientras toma mate amargo, una tarde en su casa de San Cristóbal. La historia que cuenta empieza con su nombre: Victoria. Se llama así, como tantas mujeres nacidas en los ’70 en este país. Eva y Lola, la película de Sabrina Farji que protagonizaron Celeste Cid y Emme, está basada en su vida. Ella fue coguionista y actuó en el film. Victoria: ese nombre le eligieron su padre, Gustavo Grigera, secuestrado y desaparecido por los represores de la última dictadura militar, y su madre, Mónica Dupuy. “Habiendo nacido en el ’78, prefiero llamarme Victoria y no Contraofensiva”, bromea en su Monto-stand up, el unipersonal que lleva a locales políticos, en el que se presenta como “una chica Almodóvar con conciencia social”. Su productora, que la tiene como único miembro, se llama Ordenes de Arriba.

El Monto-stand up es reciente, lleva apenas cuatro presentaciones. En cambio, el monólogo Sola y fuerte –el de Fabiana– tiene dos años y es “más universal”. “El humor nunca es independiente, la ideología está siempre. Pero en El Bululú no puedo hacer humor político porque el público es muy amplio. De hecho, tengo una famosa pelea con el director, que mientras actúo me pone la música del programa de Lanata”, cuenta. Antes de estas obras hubo un recorrido intenso por el under porteño, que incluye, por ejemplo, funciones en el Cemento de Omar Chabán. Le costó a Grigera salir a contar su historia, pero un día sintió que tenía que hacerlo. Por su mamá, una profesora de Latín que había militado en la JP y que la impulsaba para que le pusiera fichas a lo que tanto amaba: el teatro, las risas ajenas.

A los 8 años, Grigera no sabía todo lo que tenía que saber. Pero sí sabía que la muerte de su papá, un médico del Hospital Italiano, estaba teñida de violencia. Durante la noche le costaba dormir. Imaginaba que una patota podía ir a secuestrarla. Su mamá empezó a trabajar en la prensa del Parakultural, y entonces la futura actriz la seguía para ver a las estrellas under del momento: Tortonese, Urdapilleta, Barea. “Quería terminar la primaria de una vez, pero no para tener cumpleaños de 15 o irme de viaje de egresados. ¡Quería pintarme con purpurina como Las Gambas al Ajillo!”, recuerda. Ella no, pero Fabiana sí que se maquilla como una puerta. “Mi infancia fue muy compleja. La tragedia fue compensada por el Parakultural. Mi vieja, en pleno duelo, viuda, encontró ahí su lugar. Es muy flashero ese combo.” De su papá sabe que tocaba la guitarra. Y que, como ella, era “un standapero por naturaleza”.

Hizo talleres de teatro desde los 4 años y en su infancia ya pasaba la gorra –método que aplica hoy–, pero decidió estudiar Derecho y Medicina. “Creo que me autoboicoteé la vocación. Quizá fue una manera de rebelarme contra mis padres”, se analiza. Pero fueron los mismos pasillos de la Facultad de Derecho de la UBA los que la devolvieron al mundo actoral. En pleno menemato descubrió la militancia política, sumándose a Venceremos, agrupación que lideraba Humberto Tumini. En la clase era la que jodía e “imitaba a los profesores fachos”. Un día, sus compañeros de agrupación le pidieron que utilizara sus condiciones para sumar adeptos para una actividad solidaria. Ella aceptó. Fue curso por curso haciendo stand up. “La Facultad de Derecho no es Sociales. No entran 80 troskos por hora. Era como meterte en el Perito Moreno y convencer a un cacho de hielo”, compara. Al improvisar frente a los estudiantes, redescubrió la vocación dormida.

“En 2001, ante la crisis de mi país, me surgió una crisis de no querer militar más –recuerda–. No existe una historia independiente de su contexto. Tener veintipico recién estrenados en 2001 fue muy fuerte. Ni en pedo nos imaginábamos que venía un Néstor al año y medio.” El nuevo siglo la encontró trabajando en un espacio que todos asociaban al viejo Parakultural: Cemento. En el boliche de Montserrat hacía funciones para espectadores desnudos. También en esta época actuó para Omar Viola, el fundador del Parakultural, quien la había visto crecer. Vueltas de la vida. Desde entonces sólo dejó de actuar cuando falleció su mamá. Deambuló por antros, eventos, participó de Teatro x la Identidad, contó la vida de su amiga Victoria Montenegro en un drama que se vio en el Konex e hizo guiones para la televisión. Una de sus actividades predilectas es dar clases a adolescentes que se encuentran en centros de régimen cerrado (lo que antes se llamaba institutos de menores).

“Siempre voy a estar del lado del pueblo, colaborando”, se define la guionista, y sigue con la cronología de su vida. Se obsesiona con los detalles. Cuando su madre falleció, rápidamente, en un mes crudo, puso pausa a su “proceso artístico Nac & Pop”. Venía combinando los escenarios con trabajos para el Estado que siempre tenían que ver con los derechos humanos. Pero aquel episodio la paralizó. En sus últimos días, Mónica Dupuy había sido atendida por una ONG llamada Pallium, y su hija quedó tan agradecida que quiso actuar para pacientes terminales. “Me di cuenta de que podía hacer reír a gente que estaba muriendo. Al mismo tiempo, cuando murió Néstor, vi cómo Cristina se hizo cargo de un país. Entonces, ¿por qué yo no podía volver a un escenario, a pesar de la muerte de mi mamá?”, se preguntó, y volvió al ruedo. Entonces, en 2011, nació Fabiana. Más tarde, el Monto-stand up, en otro capítulo de su historia, porque ya declaró un testigo por la desaparición de su padre. Victoria Grigera Dupuy es querellante en la causa ESMA.

En el monólogo cuenta anécdotas de su infancia, como lo que le dijo su mamá un día que le robó manzanas a un verdulero: “Individualista, ladrona del pueblo”, la acusó. “Probablemente si ella lo viera, me diría: ‘No fue tan así’”, dice Grigera, que proyecta hacer un espectáculo más completo sobre el mismo tema, con fotos, proyecciones y otros climas. En Sola y fuerte rompe todavía más la cuarta pared. Incomoda a los espectadores, les hace preguntas, juega con los que justo atienden el celular y hasta roba algunos besos de la platea masculina. Antes, a esos hombres les aclara: “Si Evita viviera sería montonera; si yo fuera flaca sería botinera”.

Q Sola y fuerte se presenta este sábado y el viernes 16 en El Bululú (Rivadavia 1350), a las 23, y el lunes a las 26 en el Centro Cultural Torquato Tasso (Defensa 1575). Para el delivery teatral se puede escribir al Facebook de Victoria Grigera Dupuy.

Fuente: Página/12

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