jueves, 1 de agosto de 2013

Bigote argentino


Cuando el humor es cosa seria

El nuevo espectáculo del dúo integrado por Andrés Caminos y Gadiel Sztryk retrata a dos viejos amargados que andan por la vida proclamando su acumulación de prejuicios. Sutottos, con dirección de Daniel Casablanca, muestra aquí la evolución de su arte escénico.

Hacen humor, pero prefieren no ser catalogados como un dúo cómico. La risa es hasta ahora una aspiración central en sus espectáculos, pero desde 2006 repiten que acaso la próxima no lo sea. Claro que por entonces, cuando el dúo Sutottos presentaba su homónimo debut, eso sonaba en sí mismo a chiste; y hasta Sutottos, lo más mejor inclusive, que se presentó en 2011 en la Ciudad Cultural Konex, sus piezas fueron compendios de números humorísticos que utilizaron para crecer desde el prototipo de “showmen locos y simpáticos” hacia su singularidad profesional: la de actores con todas las letras. Actores todavía locos y simpáticos. Ocurrió entonces Los bagres (2012), una primera dramaturgia concebida a la manera aristotélica. Y ahora, una segunda, Bigote Argentino, un paso más en la curva hacia la posibilidad de abandonar el humor.

Por lo visto hasta ahora, es inevitable lloriquear para que eso no ocurra, y que la aptitud dramática no signifique abandonar la pretensión humorística. Básicamente por dos cuestiones: porque el humor es cosa seria, aunque ocupe las últimas góndolas del supermercado de las solemnidades; y porque la aptitud dramática nutre la pretensión humorística. Bigote Argentino, que retrata un momento de las vidas de Osvaldo y Alberto (personajes originados en Sujeto tácito, 2008), lo demuestra con solidez en El Picadero. Y en eso tiene mucho que ver la dirección de Daniel Casablanca, otrora colaborador artístico del tándem compuesto por Andrés Caminos y Gadiel Sztryk. Casablanca es integrante de Los Macocos (reconocido grupo que hace a la tradición de los Sutottos, como Los Melli y Los Volatineros), actor (ahora en Toc-Toc) y director (galardonado recientemente con el premio Trinidad Guevara por Forever Young!). En Bigote Argentino les saca músculo a algunas zonas flojitas que tuvo el anterior espectáculo del dúo.

El resultado es un relojito. Los veinteañeros Caminos y Sztryk muestran que la experiencia tiene poco que ver con la edad, administran sus recursos gestuales y corporales con precisión suiza. El espectador olvida el mejunje que alguna vez los identificó: un poco de varieté, un poco de clown, otro poco de improvisación. Lo que permanece es la intención de una obra “popular”, la actitud “rockera”, ciertos visos de potrero teatral (de Parakultural, de La Casa de Castagnino, de antro en el que algo está germinando; incluso frente al “riesgo” de cambiar del neohippie Konex al palermitano Picadero). Ahora son, cada vez más, los Sutottos.

El humor sigue ahí, claro. Osvaldo y Alberto son dos viejos amargados que andan por la vida proclamando su greatest hits de prejuicios. Al respecto, hay garrotazos para todos: para los de explícito pensamiento “fachistoide” y para los políticamente correctos que jamás admitirían sus miserias. Hay para reírse cómodamente del otro y para llorar trágicamente de uno mismo, y eso corre a los autores –también Caminos y Sztryk– de una zona de confort. Hay para entretenerse con una historia no más simple que atractiva: Osvaldo y Alberto son vecinos, una autopista los separa, están cansados de vivir en un país de “acomodados” y utilizarán toda su viveza criolla para unirse a la manada. Hay un trabajo valioso de Fernando Dopazo en escenografía y luces, una vez más. Y hay voces en off de Pedro Saborido, como perlita que también es de ese humor que, indudablemente, es cosa seria.

Funciones: sábados a la medianoche.

Lugar: El Picadero, Pasaje Discépolo 1857.

Fuente: Página/12

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