miércoles, 10 de julio de 2013

Reconstrucción frente al mar

Confusiones entre la realidad y la ficción

La desaparición de un famoso locutor da lugar a una reconstrucción policial en la supuesta escena del delito. Desde el comienzo está planteada la trama de esta obra, pero en el transcurso se van desgranando temas que apuntan sobre todo a la distorsión que provoca la información que realizan los medios de comunicación. Frente a un suceso puntual y real, de corte policial, otra realidad fantasiosa originada en la televisión se va superponiendo sin dejar espacio para distinguir una de otra y provoca desconcierto. En este enfrentamiento de realidad y ficción, el texto se apoya en un tono narrativo para explicar los acontecimientos que precedieron a la desaparición y la acción dramática se instala en la reconstrucción de los hechos, pero dejando entrever que también puede ser una ficción.

"Es una ciudad en la que todo sucede frente a las cámaras. También los asesinatos. Lo que no ocurre frente a cámara no ocurre", dice el personaje femenino. Con esta premisa no debe extrañar que el espectador termine desconcertado con respecto a la obra. ¿Es ficción teatral o ficción dentro de la ficción teatral? Por ser una reconstrucción se puede presumir que se trata de esta última, pero no queda claro si efectivamente hubo una desaparición o simplemente se trata de un simulacro de reconstrucción.

La puesta sigue el planteo de la obra en la que se mezcla el realismo y la fantasía incrementando la incertidumbre y obligando a discernir constantemente cuál es la línea que divide la realidad de la ficción. En todo caso es el mismo planteo que cuestiona la autora: el exceso de información que ofrecen los medios informativos a la comunidad, donde a veces se contradice en las versiones, a veces se fabula en cuanto a lo ocurrido, a veces parece un delirio, tal como ocurre en la escena. Este planteo crea el escepticismo con respecto a lo que se informa y obliga al espectador a esperar la resolución para confirmar los sucesos. Pero en el final de esta pieza no se devela qué pasó realmente con el locutor desaparecido, lo que obliga a una forzada especulación sobre su destino.

La interpretación de los actores recurre a una composición muy exterior, esquemática, como si fueran personajes neutros, indolentes, marcación de la que escapa Alejandra Colunga, quien trabaja la emoción para darle carnadura a su personaje.

La escenografía parte de un realismo que luego se utiliza indiscriminadamente para aplicar a otro plano de la ficción, pero tampoco ayuda para elaborar una clara conclusión de las acciones.

Fuente: La Nación

Sala: Anfitrión, Venezuela 3340/ Funciones: viernes, a las 21.

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