martes, 9 de julio de 2013

Odalys Villamil Viera: Palabras contra el olvido

Claroscuros de la revolución cubana en "Palabras contra el olvido"

“Palabras contra el olvido”, propuesta teatral basada en la novela de la cubana Wendy Guerra, que a partir de un recorrido por la historia de la Revolución hasta la actualidad, devela la intensa búsqueda de una mujer por recuperar sus propios fragmentos.

Dirigida por Valeria Grossi e interpretada por la cubana Odalys Villamil Viera, radicada en la Argentina desde 1993, “Palabras contra el olvido” asume exitosamente la compleja tarea de imponer, por encima de la siempre debatida realidad de la isla socialista, un relato minucioso y muy personal de una mujer que busca encontrar sus propias raíces.

“Me interesó la idea de mostrar esa idea revisionista desde un lugar social, del fenómeno de Cuba pero como excusa para contar lo que le había sucedido a una mujer que podría haber sido cualquiera de las que nacimos cuando la Revolución ya estaba hecha”, explicó Odalys a Télam.

Es que “Palabras contra el olvido” cuenta la historia de Nadia Guerra (Villamil Viera), la conductora de un programa de radio en La Habana que, luego de una catarsis frente al micrófono sobre su descontento con algunas decisiones del régimen cubano, termina censurada y fuera del aire.

A partir de ese momento, un impulso hasta entonces acallado pero visceral, la induce a emprender la búsqueda de su madre, Albis Torres, que había huido de Cuba cuando ella era todavía una niña y tras unas pocas gestiones descubrió que estaba en Moscú, enferma y sin memoria.

Y en su deseo por reconstruir el destino de su madre (e indirectamente el propio), la historia abre lugar a otro personaje: el de Celia Sánchez Manduley, única mujer que encabezó un escuadrón de combate durante la Revolución.

Con una puesta que incluye música  en vivo excepcionalmente interpretada por Michel Portela Rojas, humor y anécdotas de la vida cotidiana en la isla, la pieza se propone recrear “Nunca fui primera dama”, la novela de Wendy Guerra, una de las plumas más frescas de la narrativa latinoamericana.


¿Qué te sedujo de protagonizar esta obra?
Yo soy de una generación protestona, de esa que nació cuando la Revolución estaba hecha, que no participó del entusiasmo adolescentes de los primeros, pero tampoco somos de la generación de Wendy, que ya son los nietos.
Yo soy de esa otra generación que íbamos a lo trabajos voluntarios pero a la vez empezábamos a ver cosas que no nos gustaban y no podíamos decirlas.


¿Esta obra te permitió canalizar tus propias palabras?
El teatro siempre fue mi canal de expresión y eso es lo que me gusta de esta obra: que me permite decir desde un lugar tranquilo. Y a pesar de que no son mis palabras las que están en el texto escrito, se acercan a mis entusiasmos, a mis dudas y a mi necesidad de hacer una revisión.
Yo soy esa persona que siempre quiso decir lo que pensaba y que cree que decir, cundo las cosas están mal, no es malo. Es más, siento que debería ser un ejercicio cotidiano.


La obra navega entre la épica revolucionaria y las críticas a la conducción del proceso cubano, ¿fue difícil lograr un equilibrio?
El equilibrio se logra porque la directora está atada a una punta y yo a la otra. Entonces hemos hecho las dos un trabajo muy consciente de mantener  la obra en la raya de la cuerda de lo que nos parecían las cosas mas objetivas y tuvimos mucho cuidado con eso. Porque no queríamos ni adular ni herir a nadie.
Y con Cuba lo que pasa generalmente es eso: hay un bando que se siente adulado y otro que se siente herido.


¿Qué significa mostrar esta obra en la Argentina actual?
Dentro del teatro yo he estado en silencio por muchos años. Porque si con un espectáculo no puedo llamar la atención sobre algo o contar algo que me interese que los demás escuchen, no lo hago. Así que con “Palabras contra el olvido” creo que puedo llamar la atención sobre cosas que están pasando acá y que se cuentan en la obra.

Fuente: Télam

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