sábado, 27 de julio de 2013

La nueva ilusión


Historia cercana y un fresco de teatro popular

La obra de guillermo Camblor, con dirección de Julio Baccaro,trata sobre un hombre que quiere salvar el bar familiar. El elenco lo integran Claribel Medina, rubén Stella, Héctor Calori y Jessica Schultz.

Un barrio, un bar familiar y una historia de postergaciones, sacrificios y sueños que se resisten a darse por vencidos. Eso es La nueva ilusión, la pieza teatral de Guillermo Camblor (libretista de Escandalosas, de Carmen Barbieri y Moria Casán), que se presenta en la sala Carlos Carella con las actuaciones de Rubén Stella, Claribel Medina, Jessica Schultz y Héctor Calori, y la dirección de Julio Baccaro.

Anclada en la tradición del teatro popular rioplatense, la pieza cuenta la historia de Manuel (Rubén Stella), que ha quedado a cargo del bar que su padre mantuvo a flote toda la vida con el sudor de su trabajo. Pero Manuel está endeudado hasta las pestañas, el bar está cerrado, y no tiene más apoyo que el de una vecina (Jessica Schultz). Sus padres han fallecido, su única hermana (Claribel Medina) se fue hace años a dar vueltas por el mundo, y aún así, Manuel no deja de soñar ni de planificar la gran reapertura del bar familiar.

El conflicto se desata con la reaparición de su hermana, junto a su nueva pareja (Héctor Calori), que encarna al típico chanta argentino, “hombre de negocios”.

El vecindario se ha negado al “progreso”, a vender sus casas para que las grandes constructoras montaran edificios en torre. Manuel también: se niega a vender, se resiste a renunciar a sus sueños aunque lo tilden de irracional. Ese bar es su vida y la de sus padres.

Todo transcurre en el interior del bar, mientras Manuel planea “números vivos” para atraer clientela. El director Julio Baccaro le ha impuesto a la historia un ritmo picado, en el que estos actores diestros navegan como peces en el agua. Llena de guiños localistas, de un humor disparado a base de chistes y chascarrillos, de emociones fuertes, la historia parece hecha a la medida de estos cuatro actores, que producen momentos de gran hilaridad, pero también otros de profunda emoción.

La escenografía de Alejandro Mateo, las luces de Fermín González y el vestuario de Silvia Picallo le ponen un marco perfecto a la acción.

Las actuaciones son verdaderamente impecables, y no podía ser menos dado que se trata de intérpretes dueños de un gran oficio. Da gusto, además, volver a presenciar una representación de teatro popular en el que el público disfruta en voz alta de la identificación con los personajes.

Al final sólo hay aplausos entusiastas y, cuando se acallan, Rubén Stella se permite hablar con la platea, y recibir sus comentarios y alabanzas.

Fuente: Clarín

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