domingo, 12 de mayo de 2013

Pepe Cibrián, Ricky Pashkus y Valeria Ambrosio



Musicales con identidad bien porteña

En la actualidad hay al menos 23 comedias musicales en cartel y grandes producciones a punto de estrenar. Cibrián, Pashkus y Ambrosio explican el fenómeno.

Para qué hablar si se puede cantar? ¿Por qué quedarse parado en el escenario si está la posibilidad de bailar? Esas preguntas funcionan como el lema de los fanáticos de la comedia musical, defensores de un género que carga con el prejuicio de ser "menor" para los fundamentalistas del teatro clásico y la ópera. Pero el público porteño parece no tener ninguna duda con respecto a estas obras: actualmente hay 23 musicales en cartel y están por estrenarse otros nueve, entre ellos grandes producciones como Los locos Addams, Vale todo y El Principito. Sólo Pepe Cibrián –el pionero en el desarrollo del musical– tiene en este momento cuatro obras simultáneas, y en todas agota localidades. Sin ninguna intención de que Buenos Aires se transforme en el Broadway latinoamericano, los especialistas aseguran que la clave del éxito será encontrar, de una vez y para siempre, espectáculos con identidad propia. Un musical nacional y popular.
Entre los espectáculos comerciales, los grandes estrenos internacionales y el off, la cartelera de musicales no para de crecer en Buenos Aires. Algunas obras, como Casi Normales, Forever Young y El jorobado de París, llevan más de un año en cartel y siguen agotando localidades. También hubo estrenos de peso, como Camila y Más de 100 mentiras. El público infantil sigue siendo otro fuerte del género, con la semilla ineludible del autor y director Hugo Midón: ahora se presentan con éxito Locos Recuerdos y Alicia en Frikiland. Además, a este panorama se suman las producciones independientes cada vez más fuertes, con obras reconocidas como Cachafaz, El cabaret de los hombres perdidos y Tick Tick Boom. Para celebrar tanta producción, hoy a partir de las 14, sobre la avenida Corrientes, entres Cerrito y Talcahuano, todos los musicales de la cartelera porteña presentarán algunos de sus cuadros gratis. Este show es organizado por los Premios Hugo al Musical Argentino –una iniciativa de Ricky Pashkus y el periodista Pablo Gorlero– con el que se busca promover al género. Pepe Cibrián, Ricky Pashkus y Valeria Ambrosio –tres reconocidos creadores de musicales– analizan las claves del fenómeno, cuáles son sus dificultades, en qué aspectos falta mejorar y por qué estas obras generan espectadores tan fieles.
Un boom. "Si hablamos de la cantidad de espectáculos, indudablemente hay más que hace unos años. Hubo un estímulo en los últimos tiempos, sobre todo al teatro alternativo. En la avenida Corrientes, en términos de ocupación de salas, hay más obras, pero son de menor producción", explica Pashkus. Es que si bien la oferta crece, los grandes musicales internacionales, como en su momento fueron Hairspray, Sweeney Todd y Sweet Charity ya no se presentan con tanta continuidad. "Son las obras más caras, que se van a seguir haciendo, pero cada vez menos, porque los costos son muy altos y el precio de las entradas también", sostiene Pashkus.
Pepe Cibrián es más drástico con respecto a los musicales extranjeros: "Esas obras acá no funcionan, van a pérdida, porque los costos son tan brutales y tienen que traer hasta el padre del autor de Estados Unidos. Para mí, son obras de plástico, copias. Obligan al actor a moverse como si fuera una marioneta. Ellos, como sajones, tienen una idiosincrasia frente a la vida y frente al cuerpo muy diferente a la nuestra. Para ellos, es muy difícil mover el brazo como nosotros, deben pensar que somos el pájaro loco. Traen el producto igual que traen una hamburguesa de Mc Donald’s".
Frente a este panorama, lo que sí crece en Buenos Aires son las producciones musicales propias. "Creo que es algo coyuntural, pero si durante años el programa de mayor rating en la Argentina estuvo ligado a los trucos, el baile y la música (por Bailando por un sueño), no es casual que los productores de teatro hayan dicho: ‘Acá está el gancho”, dice Valeria Ambrosio y enseguida anticipa: “Pero este género necesita muchísimo trabajo y una gran formación. Por eso, ahora emergen escuelas de comedia musical, como antes se abrían video clubs”.
Los prejuicios. Superficial, inorgánico y poco comprometido desde la temática, son algunas de las críticas que se le suelen hacer a la comedia musical. Además, para muchos espectadores, resulta muy molesto escuchar un diálogo y que después, de la nada, el personaje empiece a cantar. Pero sus defensores explican los prejuicios culturales e históricos que arrastran estas ideas.
"El género puede absorber todo", dice Pashkus, y enumera algunos casos de musicales con temáticas profundas: Hair habla de la guerra de Vietnam, a Jesucristo Super Star le pusieron una bomba por meterse con Jesucristo y ser tan revolucionaria, Casi Normales habla de la bipolaridad. La lista es extensa. “La comedia musical plantea que cuando ya no puedo hablar más, necesito cantar, y cuando ya no puedo cantar más, necesito bailar. No son capas que se superponen, sino que se complementan para la hondura. Las canciones tienden a un lugar más blanco, porque es donde lo espiritual se articula por asociación libre. La música y el baile funcionan como un apoyo que hace más tolerable esa tragedia, menos subversiva. Pero la comedia musical puede acceder a todos los temas", explica Pashkus, que este año estrenará Y un día Nico se fue, basado en la novela del periodista Osvaldo Bazán.
Valeria Ambrosio suma otra idea: "Hay una tendencia del público: la gente tiene ganas de divertirse. El final feliz de la comedia musical es esperanzador, siempre funcionó. Ya la vida es bastante angustiante". Según Pashkus, el final de la comedia musical casi nunca es infeliz. "A diferencia de la ópera, la comedia musical es optimista. La ópera es pesimista. Es un género trágico, narra la vida con una conciencia de la desesperación. La comedia musical no es así, y lo digo con mucho amor. Me gusta plantearlo así porque no creo que haya que ver el lado oscuro de la luna. Necesito de la comedia musical para poder sobrevivir ciertos dolores. La comedia musical no reniega del dolor pero encuentra una manera positiva de resolverlo", define.
Algo de la historia argentina influyó para estos prejuicios. Pashkus recuerda que durante la dictadura militar en Argentina lo que más se estrenaban eran películas musicales. "De ahí surge el prejuicio. Era raro cantar ‘estamos todos los chicos muy contentos’ en esta época. Además, hay una concepción muy arraigada en nuestro país, que yo la entiendo pero no la comparto, que es que muchos creen que el mensaje es el contenido. Quienes piensan eso consideran que la comedia musical es superficial. Para mí, como dice el refrán, la forma es el contenido. Un bello cuadro puede ser abstracto o figurativo y nadie me puede decir dónde empieza o radica su belleza", explica.
No somos Broadway. "Broadway siempre será nuestra sombra", dice Valeria Ambrosio y defiende la búsqueda de un musical nacional. "El musical es como cada uno lo quiere contar. Hay que romper ciertas estructuras, las formas rígidas. El género siempre va a pedir despliegue, porque se necesita espacio para las coreografías y para que haya más gente en escena. Pero de a poco hay que buscar nuestra identidad", explica.
Para Pashkus, el sello argentino es el talento artístico de los intérpretes: "Eso es lo que jalona historia. Desde Carlos Gardel, Tita Merello y Lolita Torres a los referentes de ahora". Cibrián coincide pero se queja de cierto exitismo. "Los chicos tienen talento, pero en vez de pensar en lo que están haciendo, piensan en los resultados. Quieren ser Broadway. No tenemos nada que ver. Es como si yo quisiera hacer el Apolo 13, lo que voy a hacer es un cohete horroroso, que se va a partir al medio. Yo quiero hacer un cohete y una luna nuestra. Si yo muestro el despliegue de mis producciones en Estados Unidos, se cagan de risa seis horas seguidas. En la Argentina hay otra estética y nosotros con poco hacemos mucho", sostiene Pepe, que tiene en cartel El retrato de Dorian Gray, El jorobado de Paris, Acá no se fuma, Juana la loca (no es musical) y está por estrenar Calígula.
En esta búsqueda de identidad, Ricky Pashkus remata sus clases, siempre, con la misma frase: "Quiero morirme lo más parecido a mí mismo".  

¿Cuándo?
GRATIS
Hoy a partir de las 14 sobre Corrientes, entre Cerrito y Talcahuano, se realizará un festival de musicales, con cuadros de varias obras.


"Muchos jóvenes no saben quién fue niní marshal, no conocen sus raíces"
Si nuestro talento son los intérpretes, para Pashkus y Cibrián todavía falta crecer en el desarrollo de las historias. "Ahora estoy recorriendo el país buscando escritores de teatro musical, en un certamen nacional, y me encuentro con que todos me hablan de una manera muy abstracta. Escriben cosas como ‘las fuerzas del mal ingresan’. Tienen la consigna de no ser estúpidos, pero yo les pregunto : ¿qué son las fuerzas del mal?´ Quieren ser profundos sin saber qué decir", explica Pashkus.
Pepe Cibrián, en sus cursos, exige lectura: "Para ser dramaturgo hay que tener formación, hace falta vocabulario. Los jóvenes de hoy escriben por emociones, pero no tienen vocabulario, no tienen estructura. No saben el por qué de las cosas. Antes de saber los colores, quieren pintar un cuadro cubista. No saben quién fue Nini Marshall. No tienen conocimiento de sus raíces. No saben quiénes son sus padres artísticos. No leen nada de teatro y quieren ser actores".
En el momento de escribir, también vuelve a aparecer la cuestión de la identidad. "Hay una enorme preocupación por el mensaje, se piensa que eso es lo profundo. Se considera que lo políticamente correcto es tener mensaje. Y antes, los jóvenes, no teníamos un mensaje tan concreto, empezábamos con la página en blanco, sin tenerlo en claro. Se quiere hablar desde el patrioterismo, pero lo que aparece es una ignorancia sobre quiénes somos. No se permiten dudar. No se permiten encontrarse con los temas reales. Las grandes comedias musicales son lindos cuentos. Pero no son cuentos de izquierda o de derecha, cuando se quiere pensar así, entramos en un bolonqui", sostiene Pashkus.
El desafío, para los directores, es desarmar esas estructuras y encontrar temas reales. Dice el productor: "Tal vez lo que quieren contar es que no pasa nada, No que las fuerzas del mal bajan desde el cielo y se encuentran con una bruja. Pero bueno, para eso faltan herramientas. Se puede hablar de cualquier cosa, pero claro que en algún momento van a cantar y a bailar".


"La comedia musical no reniega del dolor pero encuentra una manera positiva de resolverlo"
(Ricky Pashkus)

"El género necesita trabajo y formación. Ahora emergen escuelas de comedia musical como antes se abrían video clubs" (Valeria Ambrosio)

 "Acá quieren ser Broadway. No tenemos nada que ver. Es como si yo quisiera ser el Apolo 13. Lo que voy a hacer es un cohete horroroso" (Pepe Cibrián)

Fuente: Tiempo Argentino

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