martes, 23 de abril de 2013

William Shakespeare



La gran vigencia de William Shakespeare

A 400 años de su fallecimiento, el bardo inglés sigue presente en la cartelera porteña. Opinan directores argentinos.
Shakespeare no ha muerto; vive en cada hecho teatral. Así parece musitarlo tanto su vigencia como su influencia actual, asimismo su popularidad nunca decreciente. El cuerpo del autor dejó la vida terrenal un día como hoy, el 23 de abril, pero de 1616, poco antes de cumplir los 52 años. Aunque, sin dudas,  su alma sobrevive en sus palabras, en sus obras y personajes, que, aún en tiempos actuales de inteligencia artificial y virtualidades, tienen la fuerza de un trueno.
William Shakespeare es de los autores más representados en el mundo, sobre el que más se ha escrito. Es el más influyente sobre otros grandes: no se puede pensar  Beckett sin Shakespeare, ni Chejov, ni Arthur Miller o Tennessee Williams. Entonces surgen las dudas: ¿Cuál es el secreto de la permanencia de su trabajo? ¿Qué pasa en la vida de un actor o director que se acerca a Shakespeare? ¿Eternamente se representarán su obras? O más bien, ¿será olvidado algún día?
"Shakespeare sirve para poder pensar cómo somos", dijo algunas vez Alfredo Alcón, el actor argentino que más lo ha representado. Se lo dijo a un director, café de por medio. No fue a Omar Grasso cuando hicieron Hamlet, ni a Agustín Alezzo cuando armaban Ricardo III en el San Martín, tampoco a Federico Herrero durante La tempestad, también en el Teatro Municipal Gral. San Martín. Fue durante los ensayos de Rey Lear, cuando trabajó bajo las ordenes de Rubén Szuchmacher, quien también hizo a su vez Sueño de una noche de verano, y  Enrique IV, segunda parte. Justamente esta fue la obra con la que Szchumacher fue convocado el año pasado por el Festival Globe to Globe, parte del World Shakespeare Festival, y que fue parte del grupo de directores extranjeros que representaron las 37 obras que integran el canon shakesperiano. “No es de mis favoritas, pero fue una buena experiencia”, cuenta Rubén.
“En Shakespeare aparecen todas las líneas existentes previas a él (teatro griego y medieval) y se proyecta hacia el futuro, con una condensación de un pensamiento burgués que todavía sigue vigente. Shakespeare es la bisagra entre el mundo antiguo y el mundo moderno”, dice Rubén y opina que Shakespeare es obligatorio para cualquier persona que haga teatro, aunque nunca la represente. "Es que allí están todos los saberes teatrales”, dice y agrega : “Es intenso, profundo, es un referente insoslayable. Shakespeare todavía nos dice cosas, le habla al hombre de hoy, aún lo hace. Es un autor inagotable.” Es su obra predilecta, aunque no sabe si alguna vez la montará.
Quien sí montó una adaptación de esa pieza, en el San Martin, que terminó su temporada hace dos semanas, fue Javier Daulte. “La vigencia temática de Shakespeare es algo de lo cual se habla siempre: la universalidad. Lo que yo rescato muchísimo es la vigencia teatral que tiene. Sus dispositivos escénicos y dramáticos son increíbles”, comenta Javier, quien destaca la capacidad de las obras del autor a ser adaptadas. “Son historias muy bien contadas, sobre todo teatralmente, tiene capacidad de adaptarse a muchas formas de contarlo. Su estatura de clásico le brinda casi una necesidad de renovación de mirada”, dice. Para él Shakespeare es como el color negro: queda bien con todo. Todo le combina muy bien.
Patricio Orozco es director e investigador teatral, dramaturgo y actor. Estudió la obra de Shakespeare en la Royal Shakespeare Company (Inglaterra). En 2011 crea en Buenos Aires el primer Festival Shakespeare de Latinoamérica y dos años después recién inaugura el Teatro Shakespeare, sala de diseño isabelino que evoca al Globe Theatre, construida por estructuras tubulares. “Los teatros isabelinos tienen un diseño especial por el cual tanto los espectadores como los actores forman parte de la obra. La estructura envolvente de la sala, sumado a la posibilidad de que el público en la arena esté de pie y pueda trasladarse al sector que le resulte más atractivo, hacen que la experiencia de asistir a una representación sea inolvidable”, relata.
En este tipo de espacios cobra sentido aquella famosa frase atribuida al autor inglés de que “el mundo es un escenario”. Shakespeare pensó sus obras para ser estrenadas en estos teatros, es por esto que sus textos se resignifican al ser trabajados en este tipo de espacio. “Los monólogos eran casi una charla con la gente”, explica Orozco. La ubicación de su Teatro Shakespeare es en Costanera Sur. La estructura, con capacidad para 800 personas, tienen un diámetro de 22 metros y una altura de 8.5 metros, la estructura pesa 50 toneladas y la lona que la recubre, 350 kgrs.
“Como autor, ha descripto el alma humana como ningún otro. Ha puesto en un lenguaje muy poético los sentimientos que nos son comunes a todos los seres humanos. Celos amor, ambición y demás cosas que aparecen en la vida”, dice Patricio.
Lito Cruz, reconocido fanático shakesperiano, coincide y redobla la apuesta: “Todos los temas que corresponden a la existencia del ser humano en el planeta están en su obras. Desde su mundo personal, sus procesos mentales a las pasiones, el poder y demás. Además Shakespeare cuenta con una maestría para manejar el suspenso, la tensión que es la base de una obra de teatro. El logra la identificación por tener claro un contexto psicológico, uno religioso, uno de relaciones humanas. Todo condensado en una obra o en un personaje."
Para Lito, el desafío de enfrentarse a lo escrito por Shakespeare, es fundamental para el actor. Según su visión, el autor tiene una manera de nombrar la realidad que es única, que abre puertas como nadie para interpretar tanto el pensamiento como el comportamiento humano. “Te forma como persona y como actor”, opina el veterano histrión.
Para Marcelo Savignone, quien adaptó Shakespeare en una obra llamada Hamlet por Hamlet, el inglés es “de esos autores que te hacen querer el teatro”. Para él, los monólogos  de cualquier obra shakespeariana “parecen ser creados ayer” por su  contemporaneidad. “La capacidad de Shakespeare de visionar y de hablar de lo esencial del ser, es maravilloso. El hombre tiene la necesidad de seguir reviviendo ese gran autor”, dice Savignone.
Harold Bloom, crítico y teórico literario estadounidense dice que en Shakespeare los personajes se desarrollan más de lo que se despliegan, y se desarrollan porque se conciben de nuevo a sí mismos. A veces esto sucede porque se escuchan hablar, a sí mismos o mutuamente. Espiarse a sí mismos hablando es su camino real hacia la individuación, y ningún otro escritor, antes o después de Shakespeare, ha logrado tan bien el casi milagro de crear voces extremadamente diferentes aunque coherentes consigo mismas para sus ciento y pico personajes principales y varios cientos de personajes menores claramente distinguibles.
Si tomamos cualquier pieza de su vasta obra, hay adaptaciones de todo tipo. Y no sólo teatrales. En el campo cinematográfico por ejemplo: Macbeth, que está entre las que resultan más o menos accesibles, hay cintas dirigidas por Orson Welles (Macbeth, 1948), Akira Kurosawa (Trono de sangre, 1957) o Román Polanski (La tragedia de Macbeth, 1971), pero hay cientos de versiones más de otros títulos del amigo William que han sido elevados a títulos de clásicos y que se dejan ver en la pantallas, en libros. Y que necesitan de cierta dinámica para hacer cuerpo a Shakespeare y su poesía. Y que siempre se readaptan y seguirán apareciendo. Porque sus tragedias son apasionantes. Tienen un sabor a estrategia que es notable, una búsqueda genial del drama. Las comedias tienen su tono sarcástico y criticón de los defectos humanos. Desde lo teatral, las apariciones de los personajes, la letra, todo es un universo que provoca al espectador. Parece imprescindible retarse con un clásico de este autor. Shakespeare es un gran riesgo y un gran trabajo, siempre. Para los actores, para los directores y los espectadores. Pero parece valer la pena. Aparenta contener reglas de teatro dentro: la delicadeza, que la acción corresponda a la palabra y viceversa, y otras reglas que aparecen al leerlo o al verlo hecho carne. Quizás, tan solo quizás, Shakespeare no ha muerto; vive en cada uno de nosotros.  «


las dudas sobre las causas de su muerte
La vida de William Shakespeare es desde hace varios siglos objeto de toda clase de especulaciones. Así como no se sabe con exactitud el lugar de su nacimiento, o se duda de su existencia y de su obra, también su muerte tiene varias teorías. Hasta ahora la versión más extendida había sido atribuido a una sobredosis de alcohol que se habría producido tras una tremenda juerga con dos colegas de profesión, los dramaturgos Johnson y Drayton.
La última tesis, que acaba de hacer pública un grupo de científicos alemanes, echa por tierra esa creencia y afirma que lo que habría terminado con su vida en 1616, cuando tenía 52 años, habría sido un tumor canceroso en el ojo izquierdo. Patólogos, oftalmólogos, forenses y dermatólogos realizaron durante cuatro años minuciosas pruebas, incluidos los escáners de las esculturas, utilizando imágenes tridimensionales computarizadas, similares a las empleadas por la policía para identificar el rostro de una persona. Los análisis practicados detectaron la presencia de un gran tumor canceroso en el párpado izquierdo, que seguramente habría sido el causante de la muerte del escritor de Sueño de una noche de verano.


obras actualmente en cartelera
Antonio y Cleopatra: Diego Ramos y Cristina Pérez se preparan para encarnar, dirigidos por Patricio Orozco, a Antonio y Cleopatra, protagonistas de una historia de amor y pasión carnal. Teatro Shakespeare, Av. De los Italianos 751, Costanera Sur. Sábados y domingos 20:30, con entrada libre y gratuita-
Othelo: cuatro actores, especialistas en el teatro físico, el clown y el burlesco, interpretan la famosa tragedia, dirigidos por Gabriel Chame Buendia. La Carpintería, Jean Jaures 858, jueves a las 21. Entradas desde $ 60.
Romeo y Julieta: la historia de los amantes de Verona contada a través de la traducción de Pablo Neruda, ambientada con música de Nebbia, Páez, García, Cantilo, Rodríguez, Serrat. Museo de Arte Español Enrique Larreta. Vuelta de Obligado 2155, jueves a sábado a las 21, y domingos a las 20. Entrada $ 60.
La madre de Hamlet: basado en los personajes creados por Shakespeare, la obra plantea por qué la culpa materna es evitada en la obra del autor ingles y por qué fue eliminada una primera versión de la obra. Teatro El Convento, Reconquista 269, sábados a las 21 hs. Entrada: $ 50.


frases sobre el célebre bardo
-Joseph Fiennes (protagonista de Shakespeare apasionado de 1998): "Las palabras de Shakespeare son un terreno sagrado. Interpretarlo, es, sin dudas, lo más difícil que puede ofrecer la profesión."
-Marcos Munstock (a Daniel Rabinovich, en Les Luthiers): "Conozco todo Shakespare en inglés; no le he leído pero lo conozco."
-Laurence Fishburne (protagonizó el film Othello): "Shakespeare era mejor poeta que lo que cualquiera de nosotros podemos llegar a ser como actores. Tan solo decir "Ser o no ser" de Hamlet es mirar nuestro interior, ¿no?"
-Orson Welles (director de cine, fanático de Shakespeare): "Es posible que Shakespeare no se sorprendiera al saber que sus obras aún están haciendo ganar dinero a productores y fama a actores en todo el mundo."
-Kenneth Branagh (actor de películas basadas en obras clásicas): "Pongamos a Shakespeare donde debe estar: en el escenario. O en acción. Ahí se ve la magia de sus palabras."
-Jorge Luis Borges: "Que un hombre mediocre, oscuro, de quien poco se sabe, llegue a ser uno de los escritores más renombrados es admirable. Conocemos su obra, no a William Shakepeare."


Frases
"Ser o no ser, esta es la cuestión."
"En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser."
"El amor no mira con los ojos, sino con el alma."
"El pasado es un prólogo."
"Conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar."

Fuente: Tiempo Argentino

No hay comentarios: