viernes, 5 de abril de 2013

Ramiro Gigliotti: Chaucito, historias de milonga



Crónicas de una pasión

Escribió un libro en el que reunió crónicas del mundo de las milongas, que ahora llega a escena, los domingos en El Kafka.

Durante la infancia, la ambición de Ramiro Gigliotti era ser una superestrella del rock, un Paul McCartney de estas tierras. No fue así y su vida tomó otros rumbos, más decididamente señalados por el tango que también escuchaba abundantemente en la infancia. Más tarde empezó a bailar tango “pero sin histrionismo alguno. Soy de esas personas que en los casamientos se esconden detrás de las columnas”. Sin embargo, la cosa se le fue armando para dar clases de baile de tango aquí y en el exterior, y luego se abrió una veta inesperada: hacer crónicas -muy agudas, hay que decir- del mundo de las milongas en la revista especializada El Tangauta. De allí a un libro que reúne varias de ellas, y de allí a su actual espectáculo Chaucito, historias de milonga ( domingos a las 21 en El Kafka, Lambaré 866 ) hubo unos pocos pasos.

¿Cómo empezaste a escribir aquellas crónicas?

Siempre hice talleres literarios y, circunstancialmente, después de un viaje al Mundial de Fútbol de Alemania escribí una especie de cuaderno de bitácora sobre el Mundial, que circuló entre amigos. Lo leyó Luz Balbuena, directora del Tangauta, y me propuso hacer lo mismo sobre las milongas.

¿Ya eras habitué?

Hacía diez años que bailaba y conocía bien ese mundo. Paralelamente me ocurrió esto: suelo viajar al exterior a dar clases y tengo que hacer, como otros bailarines de tango, exhibiciones en milongas extranjeras. La exhibición es un formato casi siempre pobretón, estéticamente hablando, y pensé que podía mejorarlo si estudiaba puesta en escena con Rubén Szchumacher. Y en medio del estudio se hizo una especie de mescolanza entre el libro de crónicas y mis estudios de puesta en escena, y todo desembocó en este espectáculo. Es decir, pasó a interesarme más reunir mis textos con el trabajo de puesta en escena que mejorar mis coreografías de exhibición.

¿Cómo teatralizaste los textos?

Tenía sesenta cuentos ya escritos, había mucho para elegir. Y en ese momento empecé también a estudiar dramaturgia porque me di cuenta de que lo necesitaba.

En “Chaucito”, ¿hay más baile que teatro, o a la inversa?

Es una obra de teatro con situaciones de milonga, el baile aparece sólo por decantación. Elegí gente que frecuenta la milonga, pero no necesariamente bailarines profesionales.

¿Podrías contar algunas de las situaciones que se teatralizan?

Empieza con el monólogo de un tipo, que repasa los saludos que hace en la milonga (“a vos te saludo”, “a vos no”; “a vos te saludaba, pero no te saludo más”, “a vos te volví a saludar desde que te crucé en el supermercado”). Otra: tres tipos que salen a fumar y hablan de cómo sería la mujer perfecta. Otra: la historia del profesor de baile Gorostiaga, sindicalista y peronista de la vieja guardia, que lee la vida desde una lente sindicalista y peronista. Otro monólogo es el de un tipo que odia mucho a una mujer. Y está la situación de una maestra de tango, que va a bailar a la milonga y es abordada por una principiante insufrible que la admira y que le consulta sus dudas. Y también la de dos chicas que “planchan” .

¿Qué es lo que más te atrae de todo lo que hacés?

Estudié música, aprendí a bailar, estudio dramaturgia, me gusta escribir. Creo que no tengo una vocación definida, simplemente soy un tipo con inquietudes.

Fuente: Clarín

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