miércoles, 3 de abril de 2013

Le prénom (el nombre)



En el nombre de los vínculos

Las relaciones humanas son difíciles, sobre todo, cuando para conseguir una convivencia armónica, se ocultan resentimientos. En estos casos, una leve chispa puede iniciar un reguero de reproches hasta provocar una hoguera de recriminaciones que llega a deteriorar la amistad de un grupo de amigos.

Una cena que promete ser una velada agradable se ve sobresaltada cuando Vincent anuncia el nombre que pondrá a su hijo, a punto de nacer. La reacción de Pierre y Claude es de profundo rechazo y provoca el primero de los roces, por razones ideológicas, en los que también participan Elizabeth y Ana. Superada esta instancia y cuando todo hace prever que nada más puede suceder y se vuelve a la armonía, nuevos comentarios, por momentos nimiedades, en otros por temas más serios, provocan otros enfrentamientos -que no sería oportuno anticipar- que destapan rencores que afectan a cada uno de los personajes, que los obligan a despojarse de las máscaras sociales y exponer sus verdaderos pensamientos y sentimientos. De esta manera, se mantiene la tensión dramática y cierta dosis de suspenso hasta el final.

La dupla Delaporte y De La Patellière, iniciados en el cine, acierta en el desarrollo de la trama que va encadenando secuencias que generan nuevas situaciones, enriquecidas con diálogos ingeniosos y punzantes. La habilidad de Arturo Puig, en esta ocasión como director, es sostener un ritmo que no permite aflojar la tirantez de las acciones. También acierta en el trabajo de los actores para lograr definir sus caracteres a partir de los comportamientos más que por las palabras.

En este sentido, la actuación es homogénea y de buen nivel, los intérpretes están bien instalados en sus personajes, y no dejan resquicio para la ambigüedad. Tanto Germán Palacios como Carlos Belloso, Jorgelina Aruzzi, Mercedes Funes y Peto Menahem aprovechan las características de sus criaturas para generar ricos matices que les confieren mayor carnadura y credibilidad.

El marco escenográfico es el ideal para reflejar la clase social de los anfitriones, al igual que el vestuario, y al mismo tiempo les ofrece el espacio apropiado para el desarrollo de las acciones.

Es una comedia que, además de entretenida, vuelca una mirada crítica sobre los prejuicios y las inquinas que están latentes y no asumidos hasta que se exponen, no siempre de la mejor manera.

Fuente: La Nación

Sala: Multiteatro.

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