jueves, 14 de marzo de 2013

El organito


Un clásico de los Discépolo

Se estrenó El organito, bajo la dirección de Julio Baccaro

"¿Qué es el grotesco? No es un cóctel, ni una fórmula. Es un pensamiento, un concepto. Yo digo que mis obras son grotescos porque creo que es así, porque pienso así." De este modo se expresaba Armando Discépolo a la hora de explicar un género que marcó su teatro y, en algunos aspectos, también su vida.

Quien recuerda la frase es la actriz María Ibarreta, protagonista junto a Rubén Stella, Carolina Papaleo, Emilio Bardi, Joselo Bella, Gustavo Pardi y Leo Martínez de El organito , la obra de Armando y Enrique Santos Discépolo que subió a escena en el Teatro de la Ribera, con dirección de Julio Baccaro.

Ibarreta recuerda haber conocido a don Armando, como le gusta llamarlo, siendo muy joven. Entonces estaba casada con Norberto Aroldi, y él y don Armando tenían una gran amistad y respeto intelectual. "Para mí fue un maestro -cuenta. Nunca trabajé con él, pero me producía enorme placer escucharlo porque su discurso promovía una especie de encantamiento. Sufrió mucho, conocía la miseria y por eso en sus textos la expresa con claridad. La miseria no tiene que ver con la pobreza y esto es lo que muestra; cómo el ser humano puede llegar a expresar sus miserias en el marco de un mundo en el que vive frustrado."

Hace un par de décadas, en una entrevista publicada en la revista del Teatro San Martín, le preguntaron a Griselda Gambaro por qué consideraba que el grotesco se mantenía en el teatro argentino, y ella contestó: "Porque éste es un país grotesco". Tal vez por eso el mundo discepoliano siga teniendo eco en el presente.

Es extraño, porque el autor dejó de escribir siendo muy joven. Según Ibarreta, él decía: "Los actores ahora quieren a los griegos, no a los argentinos". Era ese momento en el que se enfrentaba un teatro culto y uno popular, y este último perdía espacio.

El rescate de un clásico como El organito lleva a reflexiones que no sólo tienen que ver con cuestiones que ligan lo social con lo político, dada su temática, sino con recuperar un estilo de actuación que pocos han transitado en la escena contemporánea. Al respecto Rubén Stella, Saverio en la ficción, explica: "Son personajes que sólo podés representar a determinada edad y que te ofrecen una posibilidad muy linda de jugar. Por ejemplo, a ser un padre italiano de una familia que vive en la pobreza. Un hombre duro, sufrido, resentido, pero que tiene una relación muy entrañable con el organito, con el que pide limosna. En el grotesco rozás el humor, pero lo que decís es totalmente patético, trágico".

El director Julio Baccaro conoció a Armando Discépolo siendo muy joven. Eran tiempos en los que interpretó a uno de los personajes de Babilonia , en el San Martín. Muchos años después siente que, al dirigir esta obra, cierra un círculo. "Es un grotesco particular -aclara, que no tiene un héroe bueno. Saverio está muy dolido, se ha encanallado y tiene a su familia sometida. Su mujer no dialoga con él y sus hijos terminan revelándose, como sucede en casi todas las piezas de Discépolo. Me entusiasmó descubrir esta obra y me atrapó, también, el mundo de Armando y Enrique. Uno procura encontrar los matices de uno y otro, y en realidad hay un lazo que hace que los dos hermanos estén ligados. El mundo de don Armando es el teatro; el mundo de Enrique Santos es el tango."

Si en las familias discepolianas los hijos quieren escapar del hábitat que les propone su padre, las madres son seres silenciosos, duros. "Eso tiene que ver con el modelo de la época -explica Ibarreta. Las mujeres no elegían. Eran inmigrantes trasplantados a un mundo de frustración. Pero esta mujer que interpreto tiene algo que me conmueve. Ella rompe el mandato y quiere que los hijos se vayan de ahí, los expulsa y eso es fantástico."

A la hora de pensar el estilo de actuación que reclaman los autores, Baccaro, Stella e Ibarreta recurren a la misma consigna. Recuerdan a intérpretes como Luis Arata, Mario Fortuna, Osvaldo Terranova. Y están seguros de que algo en la memoria interna de sus cuerpos los ayuda a lograr recreaciones que no serán iguales, pero que tendrán la misma intensidad. "Tuve la suerte de trabajar con Arata y Fortuna, actores muy ligados al autor, y lo que recuerdo es la intensidad, la bravura. Eso era lo que reclamaba Discépolo", explica María Ibarreta.

UNA TRISTE REALIDAD, AÚN VIGENTE

"Discépolo es actual porque todavía hoy seguimos conservando esa miserabilidad que él plantea. Se ve a diario en la calle. Los chicos que piden monedas y son controlados por sus padres a cierta distancia. Esa explotación sigue", explica Julio Baccaro a la hora de encontrar resonancia de El organito en este presente."El protagonista es un hombre que tiene valores esenciales, pero los defiende pésimamente mal -explica Rubén Stella-. En algún momento, señalando la comida, les dice a sus hijos: «Ustedes tienen que ser mejor que yo». Y uno de los hijos le dice: «Para ser mejor que usted tenemos que ser ladrones» y él se asusta. Hoy pasan cosas muy duras. La gente que pide limosna se enoja si no la ayudás. Igual le pasa a Saverio en la obra. «La gente pasa a mi lado sin mirarme la mano. Y yo estaba en la calle», dice. En la actualidad es una constante el «usted me tiene que ayudar». Se ha perdido el valor del trabajo, no tiene reconocimiento trascendente. Cuando empecé a desmenuzar la pieza y los dichos de mi personaje me asombré. «Yo sé que nadie me quiere -dice Saverio-, pero igual cincho para que el día de mañana los chicos grandes no pasen por la vergüenza de pedir limosna». Y esto lo expresa un hombre soez en el trato, violento, resentido."

El organito
De Armando y Enrique Santos Discépolo
Jueves a sábados, a las 20, y domingos, a las 19.
En el Teatro de la Ribera, Pedro de Mendoza 1820.

Fuente: La Nación

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