jueves, 20 de septiembre de 2012

Macbeth



En honor a Shakespeare

La obra de Daulte, en el San Martín, combina a la perfección la fidelidad del libro original con una puesta que provoca y sorprende.

Un Macbeth original en los dos sentidos de la palabra, porque se trata de un espectáculo que remite al libro de origen, pero también tiene carácter de novedad. Respetuoso del texto de Shakespeare, fiel a sus parlamentos, leal en la composición de los personajes, acertado en el tono de la tragedia y en el retrato de la inexorabilidad del destino. Pero también diferente: en los procedimientos teatrales, en los juegos escénicos, en las licencias y provocaciones que se permite.

La puesta que acaba de estrenarse en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín, dirigida por Javier Daulte, con traducción de Daniel Zamorano, cuenta con un elenco de 22 actores, algunos de los cuales asumen más de un personaje. Arranca con una danza (las coreografías son de Carlos Casella) que marca una suerte de ruptura con la época del autor, para dar paso inmediatamente a escenas que involucran al espectador con los personajes y el contexto originales.

El baile de las tres brujas que irán marcando a Macbeth el camino a seguir, motivando su ambición, la música (de Diego Vainer), que suena intensa, y los actores que, con sus torsos desnudos, se van sumando a la escena, le otorgan enorme teatralidad al comienzo de la obra.

Esta versión actualiza la tragedia de Shakespeare con una escenografía que es simbólica y funcional a los movimientos de los personajes, sus entradas y salidas, las distancias, la simultaneidad y la construcción de espacios. El oráculo de las brujas mueve a Macbeth a apurar su destino de rey. Pero también a contrariar parte de la predicción: no quiere que su cetro sea estéril, ni que el trono lo herede la descendencia de Banquo.

Lady Macbeth es quien incita a su esposo a cometer el crimen de Duncan, rey de Escocia (aquí interpretado por Alberto Suárez) y una vez que las manos de ambos se hayan manchado de sangre, no encontrarán modo de volver a estar inmaculados. Alberto Ajaka, como Macbeth, conduce la obra con gran solvencia. Sorprende Mónica Antonópulos dando vida a una lady Macbeth convincente y con matices. Luciano Cáceres es Macduff, quien deviene en antagonista de Macbeth, y también se destaca su actuación y brilla en una de las escenas finales, cuando su personaje se entera de la muerte de su esposa e hijo. Todo el extenso elenco sostiene un muy buen nivel.

“Nada es real para mí, sino aquello que no existe”, dice Macbeth. Y un pasaje que no existe en el libro de Shakespeare es real aquí, en la puesta de Daulte. Y es precisamente la escena del portero, un personaje menor que reflexiona en un monólogo añadido acerca de la verdadera importancia de un personaje “de poca importancia”.

Un monólogo cómico, a cargo de Martín Pugliese, que marca un quiebre en el relato y se convierte en una verdadera transgresión, que suscita risa en la platea.

Macbeth en el teatro San Martín es un auténtico Shakespeare y es Daulte. El libro de uno (que data del siglo XVII) y la dinámica teatral del otro se conjugan y el resultado es una obra de dos horas y cuarto de duración, que apuesta al juego y arriesga en favor del mismo.

Fuente: Clarín

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