lunes, 23 de julio de 2012

Marcelo Allasino, Virginia María Tessio, Arturo Gentilini, Alejandro Romanutti, Gustavo Mondino y Longo: Festival de Teatro de Rafaela


Festival de Rafaela: un viaje por la capital provincial del teatro

La octava edición del Festival de Teatro de Rafaela ratificó su prestigio con una programación que recorrió las mejores propuestas teatrales del país. Desde teatro musical, tradicional, técnicas circenses y teatro-danza, todas las funciones se realizaron a sala llena.

El teatro es pasión o nada. Así lo declara un personaje de El cuadro filodramático, la obra que llevó al VIII Festival de Teatro de Rafaela la compañía más vieja que tiene la ciudad. Ya pasaron 80 años y 138 elencos que levantaron el telón con una obra diferente desde la creación del Centro Ciudad de Rafaela, que surgió bajo el impulso de los inmigrantes piamonteses que veían en el nuevo territorio la necesidad de hacer teatro. Pese al paso del tiempo, la pasión sigue siendo un ingrediente en la ciudad.

Esta es sólo una de las 26 propuestas que acercó el encuentro que por seis días desafió el frío invernal en las calles de Rafaela. Con 100.000 habitantes, la ciudad tiene cuatro salas que funcionan todo el año: el Cine Teatro Belgrano, el Centro Cultural Municipal, el Teatro Lasserre y el Centro Cultural La Máscara, que albergaron al festival, además de los espacios no convencionales y la extensión hacia "subsedes integradas" que llegaron a otros pueblos: Sunchales, Ramona y Suardi. Para fomentar la producción teatral del país y la ciudad, se convocaron obras de autores y compañías nuevas y consagradas, biodramas, teatro musical, técnicas circenses, teatro infantil, teatro-danza y de sombras, entre otros formatos que mostraron un panorama de la escena teatral argentina.

"Nos interesa que los espectáculos que invitamos planteen un desarrollo profesional y artístico comprometido, que se vea que hay un trabajo serio, con una propuesta estética clara, rica y renovadora", contó Marcelo Allasino, director del Festival, creador del Centro Cultural La Máscara —uno de los teatros independientes más importantes del interior del país— y flamante Secretario de Cultura de Rafaela.

Del 17 al 22 de julio, más de 100 actores presentaron cerca de 60 funciones en teatros a la italiana, independientes, plazas, vecinales periféricas, escuelas, bibliotecas, clubes y museos. Más de 13 mil personas asistieron al festival en Rafaela, desde el año pasado Capital provincial del teatro. "La ciudad cambia mucho, hay movimiento. El festival es bueno para Rafaela tanto en el aspecto económico como en el cultural", opinó María del Carmen, parte del público que llenó la Plaza 25 de Mayo en una tarde de sol para ver Cartón Lleno, un espectáculo circense que llegó desde Buenos Aires. El público respondió con aplausos en salas colmadas. "El festival está bárbaro y me parece genial que sea para toda la gente, para chicos y grandes y también con obras gratuitas", agregó Luciana.

Jugó de local El cuadro filodramático, la historia de un grupo de actores de la década del '50. "Es un homenaje a los actores y el teatro independiente argentino que nosotros representamos desde el interior del interior", explicó Virginia María Tessio, una de los 18 integrantes del Grupo de Teatro Centro Ciudad de Rafaela. "Nosotros siempre decimos que no somos actores profesionales, sino que nuestra formación es de oficio por trabajar muchos años en el teatro y hacer giras por los pueblos", contó el actor Arturo Gentilini. La puesta reivindica la tradición de los grupos teatrales. "En una época en la que se diluye la concepción de grupo, es una deuda del teatro actual el compromiso con la formación de grupos históricos", dijo Tessio. Es que a diferencia del teatro de director—como generalmente se hace en Buenos Aires—, en las provincias son más comunes las compañías teatrales. "Se da esta cuestión más vinculada a nuestra historia, un poco más arcaica del teatro argentino independiente, con la necesidad de reunirse para un proyecto y sostenerlo", explicó Allasino.

Mauricio Kartún, Rubén Szuchmacher, Osqui Guzmán, Alejandro Catalán, Lila Monti, Cristina Banegas y Matías Feldman, entre otros, dejaron las tablas porteñas para integrarse en la fiesta rafaelina. Una de las obras más aclamadas fue Negra, un biodrama musical del talentosísimo Dennis Smith, que transporta al espectador por todos los estados de ánimo posibles. También Salomé de chacra, del fantástico Mauricio Kartún, donde el mito bíblico de Salomé se traslada a la Pampa argentina y reencarna como metáfora de una mujer que se deshace del deseo por la palabra proferida. Y Breve relato dominical, que reduce el acontecimiento teatral hasta el extremo en que la escena no se despliega más que en la cabeza del espectador. "El mecanismo es tan evidente que tiene que haber cierta velocidad que no permita al espectador detenerse para pensar sobre el recurso, de modo que desaparezca. Es parte del artificio del teatro", señaló Matías Feldman, director de la obra.

De Córdoba se destacó La friche. El significado del término lo explica Alejandro Romanutti, director del Grupo Fra Noi, de un pequeño pueblo del centro de la provincia donde el dialecto friulano pervive. "La friche quiere decir la concha", cuenta, con desparpajo. Es que la obra toma el cuerpo abierto, comunitario y colectivo de los orígenes de esa manifestación artística, política, desmesurada, apasionada e incontrolable que constituye al carnaval. De ahí sus personajes, los clásicos mamarrachos de las escenas carnavalescas de su pueblo, el uso de la máscara y el cuerpo, la deformación de la cara y la voz. "Tiene que ver con una irreverencia y una cuestión política del grupo de llamar a las cosas por su nombre. Tiene que molestar", explicó Romanutti sobre esta obra que el grupo viene representando desde 2002 con más o menos modificaciones.

También de Córdoba, Kamishimai fue una de las propuestas más interesantes para los chicos. Un espectáculo sutil y poético cuyo nombre significa "drama de papel" y consiste en una caja con láminas que ilustran relatos. Proviene de la técnica japonesa homónima originaria de los templos budistas del siglo XII. También para chicos fue ovacionada Monstruos al teatro, que acerca los mitos griegos de forma desmitificadora. Oriundos de Rafaela, la compañía La Máscara Grupo Punto T nace en 1989 producto de la necesidad de un teatro más experimental. "Lo característico de la compañía es el teatro para adultos, pero los infantiles surgen como forma de atraer a un nuevo público y llegar a las escuelas. Apostamos a crear reflexión desde el teatro", contó Gustavo Mondino, parte del grupo.

Con una propuesta arriesgada también participó Pájaro Negro Compañía de Luces y Sombras, de Mendoza. El teatro de sombras funciona bajo el concepto básico de una fuente de luz, un objeto que se interpone en el haz de luz y un plano en el cual se proyecta la intercepción y la luz. Así, con reminiscencias cinematográficas y surrealistas, con sus propias lámparas, cuerpos y objetos —desde telas, utilería, siluetas, insectos vivos y escenarios— se constituyó Woyzeck, la primera obra del grupo. "Es un arte marginal, a punto de desaparecer. Es interesante explorar esta técnica para rescatarla, investigarla y difundirla para que no muera", explicó Longo, el director.

Además de las obras, todas las mañanas el festival contó con charlas sobre los espectáculos del día previo. "Son espacios para la reflexión, el intercambio de ideas y miradas. Para nosotros son tan importantes como las obras, porque potencian la propuesta del festival", explicó Allasino. Allí, los artistas contaron sobre sus procesos, y los periodistas especializados junto con el público completaron su mirada sobre la propuesta escénica.

Con un público heterogéneo, que fue desde chicos a grandes, amantes del teatro y público de ocasión, los concurrentes pudieron distraerse, reírse, conmoverse o sorprenderse, en uno de los festivales más importantes que pretende revalidar una de las marcas identitarias del país: la pasión por el teatro.

Fuente: Revista Ñ

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