viernes, 13 de julio de 2012

Italo Cárcamo, Gerardo Potes, Oscar Navarro Correa y Silvia Musselli: Primer Festival Internacional de Títeres


“El títere es ilimitado, puede servir para lo que quieras”

La frase del chileno Italo Cárcamo, director de la Compañía El Pez Soñador, es sólo una de varias puntas que abren caminos a un mundo apasionante. Desde hoy, en la sede de Piedras 905, el encuentro servirá como muestrario de múltiples estéticas.

Todo títere lleva la impronta de su creador, su estética, su voz e inevitablemente su visión del mundo. El títere guarda también la identidad del pueblo que lo vio nacer. Y quien lo manipula es el alma del muñeco que se filtra a través de sus ojos. “Los títeres son mi pasión”, dijo una vez Sarah Bianchi, pionera en ese arte y una de las fundadoras, junto con Mane Bernardo, del Museo Argentino de Títere, un espacio cultural único en el país y en Latinoamérica por atesorar piezas auténticas de distintas épocas y continentes. Este es un momento particular para esa disciplina milenaria, ya que el museo está festejando sus 15 años de existencia en la calle Piedras. Y, además, se conmemoran los dos años del fallecimiento de Bianchi, una precursora en la disciplina. A modo de celebración, se realizará el Primer Festival Internacional de Títeres, que comienza mañana y se extiende hasta el domingo 29, con un sinfín de actividades para toda la familia.

El Museo Argentino del Títere, ubicado en Piedras 905, será el escenario de este gran festival en el que participarán, aportando su arte, compañías titiriteras de Colombia, Venezuela, Costa Rica, Chile, Córdoba, Mendoza y Buenos Aires. “Lo interesante del encuentro es que la gente pueda ver las distintas formas que hay de hacer títeres, en las diferentes provincias y fuera del país, y cómo el títere se vuelve a la vez una entidad folklórica. Es decir, que a través de él los grupos pueden contar historias de su propio país y dar a conocer su cultura”, le dice a Página/12 Italo Cárcamo, uno de los organizadores de la iniciativa y director de la Compañía chilena El Pez Soñador, que se presentará el viernes 20.

La iniciativa está pensada también para generar un espacio de encuentro entre artistas de diversas culturas pero que comparten la pasión por esta disciplina. “Fortalecer estos espacios de expresión que nos acercan a la comunidad es una ganancia que no-sotros obtenemos como titiriteros. El arte admite las diferencias culturales y de ese encuentro se aprende muchísimo. El intercambio cultural nos enriquece y fortalece a todos”, reflexiona Gerardo Potes, director de la Compañía Pequeño Teatro de Muñecos, de Cali, Colombia, que este año celebrará los 30 años de su creación y presentará su espectáculo El muchas patas volador, el sábado 21. “Nos interesa que el público también crezca y sea reflexivo, crítico, exigente y elija ver obras de calidad para que trascienda el quehacer de los títeres”, añade Potes.

Sacar el títere a la luz

El objetivo general que persigue el encuentro es difundir el arte del títere, a veces “menos preciado” en relación con otras ramas del arte escénico. Y romper con la idea de que el títere es sólo para el entretenimiento de los niños. “Todavía hay mucha gente que no percibe al títere como una disciplina amplia, que lo remite a lo infantil. Pero es mucho más que eso. Es muy amplio y permite abarcar distintas historias desde distintos puntos de vista”, entiende Cárcamo. “Siempre decimos que el títere es para toda la familia. Es importante que los chicos vengan con sus padres y abuelos porque así se aprenden conductas culturales”, considera el titiritero chileno, quien entiende que “cuando participan las familias se genera un contacto genuino entre padres e hijos”.

“El títere es una alternativa a la tecnología, no es mejor ni peor. Tiene una relación directa con los chicos, es muy cercano al juguete, a lo lúdico, por eso el niño se ve conmovido por una acción teatral que no especula, que apunta a la sensibilidad concreta y absoluta”, señala Oscar Navarro Correa, titiritero de la Compañía Del Sin Fin, de Mendoza, que participará del festival con su espectáculo Rolando en el palacio de la tristeza, que se verá el domingo a las 16 y a las 17.30, como todas las funciones. En ese mismo sentido, Cárcamo define a la disciplina: “El títere es un objeto ilimitado, tiene todas las posibilidades, puede servir para lo que quieras. Dice lo que no pueden decir las personas. Si lo dice el muñeco es gracioso y causa risa. Tiene libertades de todo tipo, porque lo podés mostrar en cualquier espacio escénico, en una plaza, una sala, un avión o un barco”, agrega. De todas formas, no siempre una obra de títeres tiene que ser graciosa, sino que puede apelar a otros sentimientos. Un personaje de gomaespuma también puede ser dramático y tocar temas propios del universo adulto. “Que haya formación para niños y jóvenes, espacios teatrales y que los títeres se conviertan en una opción no sólo de vida sino de recreación inteligente” es uno de los anhelos que plantea Potes, quien le dará vida a una obra que homenajea a “los negros de nuestra costa pacífica”.

Durante los 16 días que dura el festival, se verá reflejada en el escenario la diversidad de técnicas y estéticas que forman parte del mundo de los títeres. Los estilos y las historias que se cuentan dicen mucho de quien las interpreta. No puede haber una separación del entorno. Potes considera que “Latinoamérica tiene diversas realidades y eso se refleja en los títeres”. Y amplía: “Nosotros somos de tierra caliente, vallecaucanos (gentilicio de quienes viven en el departamento de Valle del Cauca, Colombia), de un lugar con gente muy viva, muy alegre. Y a partir de allí nos nutrimos y exaltamos cosas de esa cultura. Cuando la gente ve los títeres empieza a descubrirse y entenderse mejor como pueblo. Nosotros hemos alcanzado una identidad propia respecto de la narrativa oral de la costa pacífica”. La compañía de Colombia trabaja sobre textos del reconocido cuentista cubano Onelio Jorge Cardoso, que homenajea al negro africano que fue traído en la época de la esclavitud y se asentó en esas tierras. “Recogemos de allí todo lo que tiene que ver con su léxico, su lenguaje nativo y también recuperamos la parte musical”, cuenta Potes.

El rincón del títere

Sarah Bianchi y Mane Bernardo, pioneras del movimiento titiritero nacional, crearon en 1983 el Museo Argentino del Títere, que recién en 1996 tuvo su sede en la casa natal de Bernardo (donde actualmente está ubicado). Este espacio que alberga más de 500 títeres de todos los continentes, de distintas épocas y estéticas, fue fundamental para la conservación y el crecimiento de este arte milenario. Además, se encuentra en la categoría de “museo vivo” porque se realizan obras de teatro, de títeres para grandes y chicos, conciertos de música, talleres, cursos, charlas temáticas y visitas guiadas para las escuelas.

–¿Por qué creen que fue tan importante la creación del museo?

Italo Cárcamo: –Hay un gran interés por parte de los titiriteros de estar acá porque para ellos es un espacio de permanencia, es un lugar para compartir, una casa en la que se sienten cómodos. Es un sitio de referencia internacional y de contención para los artistas. No hay otro espacio igual en Latinoamérica, por eso es visitado por artistas y gente de todo el mundo.

Silvia Musselli: –Este museo se autogestiona y se destaca por la gran cantidad de piezas de diferentes partes del mundo. En cada viaje que realizaban sus fundadoras Mane Bernardo y Sarah Bianchi tenían la consigna de traer un títere de cada lugar, para tener un registro. Y en algún momento vieron que tenían tantos títeres que era necesario mostrarlos porque no tenía sentido que estén guardados en baúles. Y por eso decidieron abrirlo en la casa familiar de Mane. Una de las consignas de Sarah era que el museo se abriera a los titiriteros y a la sociedad. Mucha gente considera al museo como un referente. Uno de los objetivos es integrar diferentes públicos a través de variadas propuestas artísticas.

–¿En qué innovaron sus creadoras?

I. C.: –Admiro de Sarah el hecho de seguir con el títere sabiendo que la vida del titiritero no es fácil. Y hay que ser muy consecuente. Si vas a ser titiritero sabés que no vas a ser rico. El que elige serlo lo hace por una filosofía de vida que tiene que ver con amar este ámbito y teniendo conciencia de que hay altos y bajos. Pero los beneficios son muy grandes. Sarah y Mane lograron ingresar al mundo del títere e incorporarlo dentro del teatro. Y además incorporaron la disciplina en el área educativa, porque para ellas era fundamental que formara parte del proceso pedagógico.

S. M.: –Sarah fue una luchadora. Fue una mujer de mucho carácter, al igual que Mane. Ellas fueron titiriteras hace 60 años, cuando la mujer estaba en una posición social muy diferente a la de ahora. Y se enfrentaron a eso. Ellas se iban de gira, algo impensado para la época. Lo más admirable que tuvo Sarah fue su tesón y su porfía por mantenerse en su objetivo, que era nunca salirse del mundo de los títeres y mantener el espacio abierto contra viento y marea. Siempre se mantuvo firme en su objetivo.

Fuente: Página/12

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