martes, 26 de junio de 2012

Yerma


Palabras que hablan de una época

La puesta sobre la obra de García Lorca, protagonizada por Malena Solda y Sergio Surraco, tiene un gran apego por el texto original, con destacadas actuaciones y una estética despojada que intensifica lo trágico de la historia.

Una vez que se incorporó la técnica, el modo de interpretación, los juegos escénicos y el actor se encuentra ante la posibilidad de pararse en un escenario y hablar con el lenguaje poético de Federico García Lorca, su trabajo adquiere una fuerza invencible. Así lo debe pensar el director Daniel Suárez Marzal, porque en su última puesta de Yerma en el Teatro Cervantes la fidelidad por el texto de uno de los autores españoles más importantes del siglo XX es una bandera que se defiende de principio a fin.
Pero  su versión de Yerma no sólo propone una visita por algunas de las metáforas más poderosas de García Lorca, sino que también es un viaje por la sociedad rural española de 1934, por las opresiones y austeridades de ese mundo y por una estética de flamenco, con cantaor y bailaoras incluidas, que atraviesan todos los sentidos de esta tragedia rural. Se sabe que Yerma es una de las obras más complejas de Federico García Lorca, que forma parte de su trilogía de tragedias rurales, escritas entre 1933 y 1936, junto con Bodas de Sangre  y La casa de Bernarda Alba. La historia de Yerma es la de una joven fuerte, honrada, casada con Juan y obsesionada con el deseo de tener un hijo. Lorca la definió como la tragedia de la mujer estéril.
Con 26 artistas en escena, Suárez Marzal hace un trabajo sobre la oscuridad de esta historia y las vidas de las mujeres que simboliza Yerma. Una estética despojada y un fondo de piedras recrean un ambiente lúgubre y sombrío. El universo de García Lorca propone un lenguaje sintético, que logra captar –casi sin esfuerzo– la lírica, las imágenes poéticas y las fuerzas de la naturaleza humana. En esta versión se han respetado sus palabras con tanta fidelidad que, por momentos, puede resultar  lejano un discurso de otra época y otra sociedad, pero una vez que se ingresa a este mundo la tragedia de Yerma adquiere más fuerza que la distancia de un lenguaje que no es el cotidiano.
Malena Solda se hace cargo de este personaje histórico. La actriz hace valer un enorme trabajo técnico en cuanto a la proyección de la voz, su postura corporal y la expresividad con la que salen sus palabras. Se le nota la desesperación, la angustia en su rostro, que va creciendo cuando ya su locura no tiene retorno. “Si sigo así, acabaré volviéndome mala”, dice Yerma. Sergio Surraco, en el rol de Juan, el marido de Yerma, hace mucho hincapié a la distancia de este hombre de campo, preocupado por sus tierras y obsesionado con que la gente no comente nada sobre su familia. Desde el mismo tono de voz o la forma de caminar, se puede entender algo sobre cuáles son las preocupaciones de este hombre. Juan, que no quiere para nada que Yerma salga de la casa y comente su desesperación por ser madre, expresa la moral de una época, al decir frases como: “La calle es para la gente desocupada”, o “Cuando te dan conversación, cierras la boca.” Tina Serrano, como una madre que aconseja a Yerma, se apropia del lenguaje de Lorca y lo hace suyo. Su personaje aporta los pocos pero efectivos momentos de humor de la pieza.
Algunas escenas en las que Yerma habla con sus vecinas parecen desajustadas al resto de la obra. Son diálogos planteados de una manera poco creíble, ya que sus amigas hablan siempre entre risas impostadas que no tienen nada que ver con la gravedad de lo que dicen. Por ejemplo, se refieren a que las casaron sin su consentimiento, que hacen cosas que no quieren, que tienen que dedicarse a “darle de comer al marido” y siempre entre risas.
La música y el baile están incorporados a la obra como una forma de narrar y de vivir el mundo de Lorca, al que siempre hay que volver.

Fuente: Tiempo Argentino

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