lunes, 25 de junio de 2012

Saulo Benavente

Tres décadas sin Saulo Benavente, en escenógrafo imprescindible

El notable escenógrafo argentino Saulo Benavente falleció hace 30 años, el 26 de junio de 1982, y dejó sentadas sus raíces en el teatro, la ópera y el cine en lo que es una obra insoslayable y de referencia obligada.

Con sólo 66 años de vida -había nacido en la capital argentina en 1916- logró desde su más tierna juventud ser "el" escenógrafo local, un individuo apasionado por el conocimiento y con una mano mágica en los resultados, tal como pudo observarse en la exposición -"Saulo Benavente: Muestra escenográfica"- que su curadora Cora Roca organizó en Teatro del Pueblo en 2009 y ahora es itinerante.

Hombre de una energía que le permitía crear sus obras, dictar cátedras en diversos ámbitos, charlar hasta las madrugadas con un conocimiento enciclopédico sobre muchos temas, era además un seductor cuya palabra quedaba grabada en cualquier interlocutor.

Según el crítico Ernesto Schoo, "tenía algo del perdurable porte adolescente de su actor favorito, Gérard Philipe" y esa aparente juventud sin límite se extendía, ya pasados los 60, a una energía que le envidiaban los más jóvenes.

Con una labor iniciada en 1933 y cuya fuerza no decayó hasta el día de su muerte, fue responsable -según Roca- de 369 escenografías de teatro, diez de danza, una de ballet, 55 de ópera, 63 de cine y cuatro ciclos de TV, en una alocada contabilidad que suma 52 obras de arquitectura y decoración escenotécnica, 18 exposiciones y 31 premios y distinciones.

Amante del teatro independiente, con el que colaboró en forma desinteresada en varias oportunidades, actuó tanto en el ámbito de las salas comerciales como oficiales, con piezas que quedaron plasmadas en sus diseños manuales y en fotografías.

Son famosas sus escenografías para "El diario de Anna Frank", la ópera "El matrero", "La loca de Chaillot", "La dama del mar", "Liliom", "Un sombrero de paja de Italia", "Panorama desde el puente", "Helena o la alegría de vivir", "La vida breve", aparecidas en catálogos y reseñas.

Como maestro tuvo labor destacada en la Universidad Nacional de La Plata, donde formó a numerosos profesionales -entre ellos su segunda esposa, Graciela Galán, sutil escenógrafa y madre de su hija Saula Benavente.

Su pasión lo llevó a varias provincias, donde colaboró en los teatros locales e incluso creó salas acordes a las necesidades de cada lugar; también concibió valiosas obras para la Comedia Nacional Uruguaya durante la década de 1950.

Se puede decir que el arte fue un aire que rodeó a Benavente desde pequeño; hijo del dramaturgo Francisco Benavente y la actriz Aída Padín, miembro de una rama de intérpretes cuyo ejemplo más cercano fue Margarita Padín, tuvo la fortuna de que su madre viuda se casara con el insigne José González Castillo.

Ese ámbito de bohemia colaboró en la actitud generosa y desestructurada con que Saulo encaró su trabajo y el amplio vínculo que establecía con otras personas, a quienes no preguntaba demasiados datos para compartir sus artes y conocimientos.

Eso sí, defendía la "gran cultura" que debía tener un escenógrafo para enmarcar las historias contadas, no sólo visual sino sobre todo en lo humanístico, aunque afirmaba que sus principales armas de trabajo eran el martillo, la cinta métrica y una caja de clavos.

Fuente: Télam

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