miércoles, 20 de junio de 2012

Juan Gil Navarro y Lali Espósito: Las brujas de Salem


Las brujas de Salem: un clásico rejuvenecido

Entrevista. Juan Gil Navarro y Lali Espósito. Cubren los roles principales de la obra de Arthur Miller, que se estrena hoy en el Broadway 2. Trabajaron juntos en “Floricienta”, en 2004, y no habían vuelto a compartir un elenco. Sus expectativas.

El intenso presente que viven ha dejado hasta marcas físicas, pero no les ha quitado la sonrisa. Juan Gil Navarro luce en su frente una herida reciente. Acaba de regresar de Bariloche, donde grabó escenas para Graduados (Telefe) y allí, entre el hielo y la nieve, en la base del cerro Catedral, sufrió un pequeño accidente. Además está a la expectativa del estreno de dos películas que filmó el año pasado: La inocencia de la araña y 2/11 Día de los muertos . Lali Espósito transita con una mezcla de alegría y nostalgia la despedida de los escenarios de los TeenAngels, el grupo musical surgido de Casi ángeles , con sus shows en el Gran Rex. Y acaba de filmar La pelea de mi vida .

Pero ahora están aquí, en el teatro Broadway, a poco de convertirse en el legendario granjero John Proctor y la joven enamorada Abigail Wi- lliams, los protagonistas de Las brujas de Salem , de Arthur Miller, en uno de los últimos ensayos de la puesta que se estrena esta noche.

Juan se deshace en disculpas porque se demoró unos minutos en llegar; acaba de estacionar su moto y todavía con el casco en la mano se justifica diciendo que el caos del tráfico provocó el retraso. Lali, en cambio, lo esperaba puntual, pero no hay reproches.

Sobre el suelo gris y rústico del escenario, y con paneles altos y móviles en el fondo, ellos se preparan para las fotos. Ambos irradian una suerte de luz propia que aclara la oscuridad de una escenografía sombría, que la pieza de Miller exige. El clima es de afecto y de trabajo.

Se conocieron en 2004, haciendo Floricienta , y luego no habían vuelto a compartir ningún proyecto laboral. “Yo no puedo estar más feliz”, declara Lali, de 20 años. “Encontré mi vocación a los 10 años y desde entonces trabajo de lo que me gusta. Estaba necesitando cambiar un poco de aire, así que hacer esta obra significa mucho para mí”, dice esta joven que empezó su carrera en Chiquititas . “Cuando vi la marquesina, no podía creer que mi nombre estuviera entre el de Juan, Carnaghi, Belloso, Rita (Cortese), Julia (Calvo)... Para mí es una clase de teatro cada ensayo”, agrega. “Se ha ganado su lugar en las audiciones”, interviene Juan. “No todas las cosas vienen con la ‘famacard’, que supuestamente abre todas las puertas. Me alegra volverla a ver después de ocho años, haciendo algo completamente distinto, no por marketing, sino por voluntad propia”, halaga a su compañera.

El vestuario es de época, porque Las brujas de Salem (1953) está basada en los juicios que sucedieron en Salem, Massachusetts, en 1692, a personas acusadas de practicar brujería. Y a pesar de eso, “la gente que la venga a ver se va a sentir identificada con cualquiera de los personajes de este pueblo”, dice Lali. Hubo dos puestas locales de Las brujas de Salem , antes de ésta. Una fue en el ‘72, protagonizada por Alfredo Alcón. La otra, en el ‘87, con Arturo Bonín. “Esta obra no le plantea al público sólo pasar un buen rato, sino que lo obliga a pensar”, reflexiona Juan.   ¿Qué preguntas les sugiere la obra? Juan: Nos interroga sobre el precio que uno es capaz de pagar por sostener una verdad y nos hace pensar sobre qué significan el bien y el mal, la libertad y el miedo de perderla.

¿Por qué esta obra hoy? Juan : Cuando Miller la escribió, quiso señalar lo que pasaba en la década del ‘50 con el macartismo. Nosotros no tenemos presos políticos. Pero sí creo que el ejercicio del poder en el mundo y en la Argentina, en particular, tiene excesos. Siempre fue así. Independientemente de la ideología, el poder corrompe. Creo que hoy prevalecen los dualismos y eso se ve en: gobierno-oposición. Ambos creen que el otro es un enemigo tan feroz, que lo único que quiere y desea es la muerte.

Lali: Desde mi humilde opinión, me parece interesante de este texto que los personajes son un reflejo de cualquiera de nosotros, a pesar de que cuenta una historia del 1600.

Lali estaba grabando Cuando me sonreís , cuando supo que estaban buscando a una actriz para ser Abigail Williams. Creyó que ella no estaba a la altura. “Tenía baja autoestima por haber hecho televisión toda la vida. Pensaba que iba a pasar vergüenza. Nunca había hecho un casting y me resultó muy raro... Después de hacer la prueba, lloré de la emoción”, cuenta y se le empañan los ojos.

Estaba en Uruguay, grabando Dance , con Isabel Macedo, cuando Marcelo Cosentino le propuso a Juan ser Proctor. Juan lleva bastante recorrido en el teatro clásico. Lali, a pesar de su corta edad, tiene amplia experiencia en la televisión. Los dos se animan a sortear los prejuicios y moverse en distintas aguas. “¿Por qué un actor de televisión no puede hacer un clásico?”, pregunta Juan. “El teatro solemne es una idiotez y la televisión chabacana también lo es”, sentencia el actor.

La primera escena, ¿es la danza? Lali : Sí, el ritual. Tituba (Julia Calvo) nos dirige maravillosamente y nos hace meter en ese mundo.

Juan: Yo no bailo...

Lali: Leí Freud y me súper sirvió para esto. En aquella época, las mujeres no tenían voz ni voto, había represión sexual y entonces se les paralizaba la mitad del cuerpo. Les decían que tenían el demonio adentro y no era otra cosa que histeria.

¿Aparecen los ahorcamientos? Juan: No, no. Se mencionan y están sugeridos a partir de escuchar un redoblante, pero suceden fuera de escena. Corren por cuenta de la imaginación de la gente; el público completa. Esto es teatro, no es televisión, no hay que darles todo...

Fuente: Clarín

Versiones para la TV y el cine 
Autorreferencial 
Muy bien acompañados

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