viernes, 22 de junio de 2012

Bubba descubre la granja


Ahora es el turno del mono Bubba

Surgida en la Argentina, y expandida luego en Latinoamérica, como una suerte de Baby Einstein latino, la línea Descubriendo hizo base con originales CD, DVD, libros, títeres y juegos educativos, destinados a los más chicos entre los chicos: bebés, y hasta los primeros años del jardín. Ahora lleva la franquicia al teatro con su personaje insignia, el mono Bubba, como protagonista. Y en una adaptación con algo menos de originalidad que la mostrada en estos productos, presenta Bubba descubre la granja, un espectáculo que sigue un esquema trajinado, aunque de probada eficacia, con gran concurrencia de público en las pocas presentaciones que lleva desde su estreno.

La que lo sostiene es una adolescente, Flor (Agustina Vera), que canta y baila muy bien, a la que quizas, para hacerle más llevadera la cosa a los papis y las mamis, habría que bajarle al menos dos puntitos el volumen del micrófono. Lo mismo que a Bubba, el mono protagonista, un muñeco que goza de bastante más libertad de movimientos que el Sapo Pepe –otro hit inalterable entre la franja etárea, con un público fiel en constante renovación, porque los niños muy niños crecen pero siempre habrá nuevas tandas que los suplanten–, pero que, también como Pepe, es al fin y al cabo un muñecote de felpa. Bubba tiene una serie de amigos que –también como el mono, y como el sapo– son protagonizados por sufridos actores cubiertos de felpa y tienen altos los agudos: un perro, una rana, un pato, una chanchita, una vaca (Toby, Yulie, Jack, Maggie, Lila).

Creados por la psicóloga Carolina Micha para “generar un vínculo afectivo con el niño, estimular el lenguaje y la comunicación”, todos estos personajes capturan la atención de los muy, muy chiquitos con sus bocas y sus ojos bien grandes y marcados. La historia que se plantea en el teatro es la de un paseo por la granja, en el que se van contando con didáctica marcación las características de cada animal (sus sonidos, cómo se alimentan, “qué nos dan”), los hábitos saludables de seguir comiendo frutas y verduras y la conveniencia de tirar los papeles a la basura para cuidar el planeta. Las canciones refuerzan cada uno de estos conceptos; la música y las coreografías acompañan todo el espectáculo.

Una pantalla de fondo muestra proyecciones animadas que complementan la acción, y las luces también están diseñadas para poner a todo más color. El teatro lució lleno en las primeras funciones, y todo hace prever que será un éxito de las vacaciones de invierno, con amontonamiento de pibes pidiendo a gritos la espadita luminosa. Si los muchachos de la consola de sonido son tan amables como para bajar un poquito los agudos; o mejor, si los protagonistas hablan y cantan con un énfasis que no derive en grito, seguro los miles de papis y mamis que quedan por acudir al teatro lo agradecerán.

Fuente: Página/12

Teatro Metropolitan, Corrientes 1341. Sábados y domingos a las 16.30.

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