Fernando Samartin y Natalia Cociuffo: Por amor a Sandro
Nota del 19 de enero
La leyenda del ídolo revive en un musical
Fernando Samartin y Natalia Cociuffo hablan del espectáculo que estrenan mañana sobre la obra y figura de Sandro y la devoción que genera en sus “nenas”.
Verlo sobre el escenario es retroceder cuatro décadas: es como si el Gitano estuviera allí, enamorando a sus “nenas” y cantando con la cadencia suave de siempre. La voz, los gestos, pero sobre todo la corporalidad de Fernando Samartin –28 años, de Avellaneda, pero que interpreta a Sandro para ganarse la vida desde hace ocho– hacen posible lo imposible. Canta “Rosa, Rosa” y le alcanza una rosa colorada, enorme, a su “Nena” preferida en esta ficción, encarnada por Natalia Cociuffo –la Roxy Hart de Chicago, sí; pero además una actriz y cantante de probada trayectoria en las tablas del musical local–, que lo mira arrobada entre un coro de jóvenes frenéticas y exaltadas. La escena podría remitir a una de las películas que Roberto Sánchez filmó durante la década del ’70, pero el escenario del Broadway revive hoy ese fanatismo en Por amor a Sandro, el musical original de Daniel Dátola que desde mañana subirá a escena.
Dirigido por Ariel Del Mastro, una garantía de calidad en la dirección de musicales, y con un equipo creativo y técnico de lujo (ver Un seleccionado…), el show está protagonizado por un jovencísimo émulo del Gitano y por Cociuffo, secundados por Christian Giménez en el rol del marido de la fanática enamorada y una veintena de actores y cantantes, varios de ellos –Leo Bosio o Déborah Turza, entre otros– de lo mejor de las nuevas camadas del musical argentino.
El musical narra la historia de Alicia, fan incondicional del ídolo durante 40 años. Ella lo conoce de adolescente, y se enamora de él y de su música. Y después, en un baile, conoce a Antonio, de quien también se enamora porque lo ve parecido a su ídolo. Se casan, tienen una familia, pero ella sigue teniendo devoción por Sandro. Arma un santuario en su casa paterna, donde vive con su familia. Todas las noches se encierra a “encontrarse” con él, sus fotos, sus discos, sus canciones. Lo sigue, va a su casa a Banfield a festejarle los cumpleaños. Sólo le importa él.
Para la interpretación, el elenco se puso en contacto con las verdaderas “nenas” de Roberto Sánchez. Una de ellas, Graciela, habló emocionada en la presentación de prensa del espectáculo, y al ver los números se les notaba la emoción de revivir por un ratito aquellos años dorados.
Los productores estuvieron casi de gira buscando al Sandro indicado. “Cuando dieron con Fernando –se aventura a decir su compañero de elenco, Christian Giménez– supieron que lo habían encontrado: una cosa es imitarlo y otra es actuar, y Fernando tenía esas posibilidades. Aunque el joven diga que lo que más lo desafió fue, precisamente, encontrar ese tono entre la imitación y el homenaje”, (ver recuadro).
Pero fuera de contexto, Samartin impresiona, no sólo por su parecido con el joven Sánchez sino también por la voz, el estilo y la interpretación. De las giras por clubes, teatros y escenarios de todo el país a la calle Corrientes parece haber un largo trecho, pero para Samartin, el camino fue casi sin escalas.
–¿Qué te pasó a vos cuando te enteraste del proyecto?
–Primero preguntaron por mí, vinieron a ver el espectáculo para ver si era lo que necesitaban (N. de R. Samartin estaba presentando su espectáculo Culto Gitano en el Teatro Roma, de Avellaneda), y querían ver cómo era yo. Mi show es de primer nivel, toco con los mismos músicos de Sandro –de hecho, el pianista y arreglador Sebastián Giunta forma parte del elenco del musical– y estoy caracterizado por Andrés Parrilla, imaginate que una nariz de cotillón no me iba a poner... Si había un mango, nos lo gastábamos en el show, siempre se trató de dar lo mejor a la gente, y me dijeron: “Bueno, acá está el libro.” Lo leí y me reí imaginándome todo, porque tiene partes muy divertidas. Cuando quedé, me puse a estudiar actuación, para pulir unas pequeñas muletillas y temas físicos, y aprender qué hacer cuando me dicen: “Parate en esa luz porque si no no salís” (risas).
–¿Y llegar a la calle Corrientes?
–Estoy en otro mundo, esto es la Primera A total, no lo puedo creer. El grupo es genial y la pasamos como en un viaje de egresados. Entré con perfil bajo, estaba nervioso, me esperaba encontrar una hoguera de las vanidades y nada que ver. Todo es improvisación en lo que hago yo, y acá hay un texto. El primer día de ensayo vieron que estaba perdido, y todos me ayudaron. Yo no veía musicales y ahora me arrepiento. Tengo la suerte de que cuando los chicos hagan otras obras me van a invitar… (risas) Pero esto es un privilegio. Quiero salir de mi cuerpo y sentarme en la platea para ver el espectáculo. En el número en el que las “nenas” cantan “Dame fuego” me da piel de gallina. Es mágico. La gente se va a encontrar con una historia de amor. Esta es una obra de teatro que se resuelve con canciones de Sandro. La gente cantará, se reirá con nosotros.
EXPERIMIENTADOS Y FELICES. Natalia Cociuffo y Christian Giménez son amigos. Se conocen de largas audiciones y mucho trajín sobre los escenarios del musical local. Ella dejó un papel en Mamma Mia en el que había quedado después de Chicago. “Querían verme especialmente para este personaje, fui un poco resistente porque ya tenía este compromiso, y era otro rol, otra carga –primer protagónico full. Cuando fui a la audición quería ver cómo me vibraba el papel, con los chicos y los directores. ¡Y tenía que ser! Hice “Quiero llenarme de ti” durante cuatro años, una comedia musical en la que hacíamos números de Sandro, así que esa pasión de su mundo, yo la viví y me encantó. Esas canciones son totalmente distintas. Me encanta que sea una propuesta cien por ciento argentina”, dice entusiasmada.
Su compañero y marido en la ficción asiente: “Me presenté a una convocatoria a la que no sabía de qué se trataba. Cuando vi el texto que había para estudiar, empecé a leer y me enamoré de los personajes. Me pasó como nunca, con la cantidad de audiciones que tengo en la lista, casi me obsesioné con esto, y lo luché hasta el último día. Fue maravilloso cuando quedé, porque fueron dos meses de audiciones.”
Coinciden en el grupo de gente: parece remanido pero juran que esta vez es así. “La energía de grupo es muy interesante, y nos estamos metiendo en contar esta historia que a mucha gente la emocionó durante toda la vida”.
“Las nenas –dice ella– son una carga de responsabilidad. Tenemos tanta información de su parte, nos contienen tanto que no tengo miedo de lo que puedan pensar. Cuando llegué dije ‘qué voy a hacer cuando me vengan a esperar a la puerta del teatro’ pero ahora no tengo miedo”, asegura.
Para Giménez, el compromiso es distinto: interpreta al marido de una fanática, esos hombres que se resignaron a vivir compartiendo a la mujer amada con el ídolo. “Pensé: ‘A mí no me van a tirar con una bombacha, me van a tirar con la butaca de una platea.’ Pero está todo armado, con un libro escrito con respeto y admiración, y hay una dirección de actores –a cargo de Rubén Viani– que está muy cuidada.”
Para Cociuffo, “las cosas van llegando en el momento correcto: Christian me ayudó para llegar a la audición de Roxy Hart (en Chicago) y esto es un escalón arriba a nivel interpretativo. Te moviliza: hay que componer una de veinte, otra de cuarenta y otra de sesenta; hay mucho texto y el trabajo actoral es mayor. Estoy encontrando algunas maneras para diferenciar y probamos distintas cosas, movimientos, es muy difícil combinar todo. Hay que encontrar el tono correcto para hacer de las chicas que nos vienen a ver y están en esa edad (los sesenta).” Pero el amor por el ídolo parece no tener edad: “Cuando ellas escuchan la música de Sandro –dice Giménez–, o se ponen a hablar de él, tienen 20 años. Es increíble. Nosotros, los varones de la obra, tuvimos que adaptar esa energía a la de las ‘nenas’, tanto las de la ficción como las que suponemos estarán en la platea.”
Las rosas y los gritos están listos. Sólo falta que se abra el telón y todas jueguen, por un ratito, a reencontrarse con Roberto/Sandro y revivir ese amor de juventud.
Fuente: Tiempo Argentino
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