viernes, 23 de abril de 2010

Leticia Torres: Y.O.


Por Hernán Salcedo

"El humor me permite poder trascender cualquier cosa"

Esta definición de la actriz Leticia Torres es una de las razones por las que eligió el camino del clown. Con el unipersonal Y.O. ofrece al público la energía y sensibilidad de Yoko Onda, su personaje de nariz roja, para hablar de ella misma y compartir su realidad con la de una platea que no puede serle indiferente ni parar de reir. En una entrevista con Blog Teatro, compartió sus comienzos, su experiencia como actriz y las inquietudes que la llevaron a montar este espectáculo que puede verse actualmente en Tadrón Teatro.

"Cuando pensé en el nombre de la obra pensé por un lado en esta coincidencia con las iniciales de mi clown y el pronombre yo y me resultaba divertido que encima se tratara de un unipersonal. Sí, voy a hablar de mi, se llama Yo. Pero la obra habla de este personaje o, desde este personaje, sobre cómo uno se mira y se compara con los demás. Porque más allá de los mandatos sociales y los deberes que se imponen y que uno termina tomando como propios, el mambo más grande es cuando te comparás con los que tenés al lado. Uno se define de acuerdo a lo que los demás ven de uno y a veces pareciera que uno a los demás los ve geniales, triunfadores, exitosos. Entonces parece que yo no hago nada, que no me sale nada bien, que soy un fracaso. Es el yo que se compara con él con ella, con ellos y que parece que siempre sale perdiendo", explica Torres sobre el título de la obra.

¿Cómo nace tu relación con el clown? ¿Primero actriz, después clown, directamente clown, etc?

Primero estudié actuación, empecé a trabajar como actriz y en un seminario que estaba tomando en el Teatro La Carbonera conocí a un grupo de actores con los que nos hicimos amigos y nos divertíamos mucho laburando juntos. Un día una de las chicas propuso ir al Garraham a un festival a beneficio y que lleváramos algunos de los trabajos que hacíamos en el seminario pero con narices rojas. Nos vestimos de payasos y lo hicimos. La experiencia fue tan genial que decidimos agruparnos y hacer ese trabajo, llevar números de clown a lugares adonde no llega nada, a villas, a barrios carenciados. No sé, aportar algo, lo que nosotros mejor sabíamos hacer. Se formó el grupo La Payasera y decidimos con los chicos formarnos en la técnica, tener herramientas para salir a trabajar, no era sólo cuestión de ganas o buena voluntad. Entonces la convocamos a Cristina Martí, que dio un seminario a nuestro grupo y coordinó un poco lo artístico. Y desde ahí no paré más, me enamoré del clown. Después vino Clowns no perecederos, en donde pude foguearme y seguir aprendiendo, y luego varietés, eventos. Seguí formándome con otros maestros, conociendo otras miradas. Mientras también alternaba con mi trabajo como actriz, a veces le dedicaba más al clown, a veces menos, depende de lo que estuviera haciendo. Pero por ejemplo cuando hacía Mujeres en el baño, salía corriendo del Rojas -de los Clowns no perecederos- al Picadilly a ponerme la tanga y el tutú para salir a escena (risas). Eso era genial, poder desdoblarme así me divierte mucho.

¿Por qué elegiste el camino del clown? ¿Qué te da el clown como recurso expresivo?

Hacer clown me enamoró primero por lo que implica el proceso de descubrir ese clown, que es de un total autoconocimiento, un entrenamiento en reírse de cosas de uno que a uno no le gustan. De animarse a mostrarse vulnerable. Me resultó muy difícil en un principio, pero cuando comprendí por dónde iba la cosa fue una de las cosas más placenteras. Como si te relajaras de golpe, bajaras todas las defensas y estuvieras ahí, delante de todos, todos mirándote. Cuando sentís que es en ese momento en que la gente, el público que te mira, se ríen sin parar… es, para mí, único. Bah, a mí me gusta mucho hacer reír, lo disfruto muchísimo. Y hay varias cosas por las cuales hoy elijo hacer clown: porque me permite hablar de lo que sea, de cualquier tema, sin formalismos, de frente, de manera divertida y puedo generar risa en el otro. O sea, puedo transformar algo que me resulta negativo en mi vida en algo muy positivo que es la risa del público. Además denuncio cosas que todos y todas pensamos y que por ahí nadie dice en voz alta. Yo hablo con Yoko Onda de mi rollo cuando pienso que a los demás les va mejor que a mi, pero hay un público que me mira y se ríe, por lo tanto se identifica, por lo tanto, en mayor o menor medida les sucede lo mismo. Eso me encanta. Mal de muchos (risas). Después expresivamente encontré miles de herramientas para trabajar como actriz y sobre todo un registro de mi misma que me ayuda a encarar cualquier otro personaje. O sea, puedo intuir lo que tengo que o puedo hacer y lo que no. También me entrena en esto de estar viva, despierta y atenta en escena. La sensación de que podría salvar cualquier situación o inconveniente. Es una tranquilidad enorme y a la vez una seguridad que te da otro peso en escena.

¿Cómo nació el espectáculo "Y.O."? La idea, el armado, la dirección, etc.

Tenía muchas ganas de hacer un espectáculo sola. Tenía ganas de expermientar lo que es estar sola en el escenario, tengo ganas de porder viajar actuando. Es una de las cosas más lindas. Y ser poquitos, tener poca escenografía, ayuda. Lo que tenía muy a mano eran mis números y mi trabajo como clown, de varietés o de Clowns no perecederos. Lo llamé a Maximiliano Sarramone para que me dirija, me oriente, me guíe, y juntos le vayamos encontrando una unidad y ver de qué quería hablar yo con todo esto, para que no fuera una varieté de mí misma. Siempre terminaba de hablar de cosas que en general nos preocupan a las mujeres. Ahí empezamos a darnos cuenta de qué unía todo esto y de qué queríamos hablar nosotros. A los dos nos venía esta idea del tiempo, de qué se viene ahora y qué estás haceindo además de lo que estás haciendo y cómo eso a uno le pesa. Porque uno podría decir "qué me importa".
Todo eso fue llevando la idea. Después mejoramos y actualizamos un poco los trabajos que tenía, porque algunos tenían diez años y yo ya no soy la misma. El fue proponiendo nuevas ideas para que aprarezcan nuevas situaciones, lo que las une. Después pensó cómo iluminarlo y fue haciendo detalles de puesta. Fue alumno mío de clown hace muchos años y después seguimos en contacto porque también es actor y dirige. Finalmente nos hicimos pareja y además de eso trabajamos mucho juntos. Yo lo dirijo a él en un espectáculo que se llama Bodegón. Armarmos una sociedad de trabajo también.

¿Qué papel juega el público cada vez que salís a escena?

Es súper importante. Estoy todo el tiempo hablando al público, todo el tiempo contando al público qué me pasa. Me alimento de la respuesta del publico. Si bien tengo una estructura muy clara y con Maxi nos preocupamos por que la estructura sea sólida, cada función es distinta porque las respuestas y las reacciones son distintas.Tengo que ir como encontrándole la vuelta. En algunos momentos hay participación del publico. Es lo más divertido y hace que todo el tiempo esté atenta.

¿Cuál es tu vínculo con el humor?

Para mí fue como un hallazgo fundamental en mi vida y dando clases de clown. Me divierto mucho porque trato de buscar la comicidad. Yo vivo de reirme y de hacer reir. Desde ese lugar es vital para mí, pero lo que me permite el humor en sí es poder trascender cualquier cosa. Poder hablar o pararme frente a un tema o algún problema y poder mirarlo desde ese lugar y reirme, que pierda peso, que me lo deje llevar con más liviandad. Transforma las cosas, te hace trascender cualquier cosa. Cuando en un velorio alguien se ríe es una manera de zafar de eso, de algo que para la mente puede ser insoporable, no porque te rías de la muerte sino poder desacralizar un poco, para que sea todo más llevadero.

Suele asociarse al clown con el terreno del humor. ¿Te parece que el clown se agota en la comicidad? ¿Qué más ofrece el clown que lo aleja de la simple "payasada"?

Para mí el clown tienen que ver con la actuación. Para mí está buenísmo que el clown haga reir, que genere humor. También me parece que a partir de eso, si bien el humor te hace reir, también te hace reflexionar sobre cosas que tal vez no te habías planteado. El payaso tiene la licencia para generarte otras cosas también. A veces alguien que vio el espectáculo te comenta que en un momento se puso a llorar. Yal vez no era lo que buscabam per sé que también se genera eso. Con el clown aparece lo más verdadero y eso conmueve. Puede generar cualquier tipo de sensaciones. A mí me gusta que lo que más haga sea reir. Me gusta como espectadora y también para mí. Pero creo que hay payasos que pueden generarte mil cosas. Lo más importante, además de la risa, es la sinceridad. Arranco yo por contar mi vulnerabilidad para luego hablar de la vulnerabilidad de todo el mundo. Eso me parece que inevitablemente genera algo en el otro. Cuando uno ve al otro conmovido, se conmueve.


Leticia Torres se formó en actuación con Eduardo Gondell y Eduardo Pavelic y en clown con Cristina Martí, Guillermo Angelelli, Gabriel Chamé, Cristina Moreira y Enrique Federman. Trabaja como actriz desde el año 1998. Actuó en Juego de Salón -que participó en el Festival de teatro de La Habana-, Hotel Melancólico -obra actualmente en cartel, por la que fue nominada como mejor actriz al premio Teatros del Mundo y que se presentó en el Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires y en varios festivales del país-, y Mujeres en el baño. Como clown se inició en 2002 y fue parte de numerosos varietés y eventos. Como directora, hizo Bodegón -que volverá en agosto-. Actualmente ensaya Mundo fabril, con Roman Podolsky, y La niña fría, de Maruis von Mayenburg, con dirección de Martín de Goycoechea. Además, da clases de clown para principiantes y seminario de entrenamiento.

Y.O. puede verse los viernes, a las 21, en Tadrón Teatro, Niceto Vega 4802, esquina Armenia.Teléfonos: 4777-7976. Entradas: $30 y $20 (descuentos a estudiantes y jubilados acreditados).

Más información en el sitio de la obra y en el blog de Leticia Torres.

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