Alfredo Casero: A Casaerian extravaganza
¡super ratón!
Alfredo Casero está de vuelta. Por el lado de la interpretación seria, vuelve a brillar en un personaje oscuro, denso e inaprensible en Tratame bien. Por el lado de la risa, vuelve al teatro con los personajes de Cha cha cha y una troupe a la que quiere formar para infiltrarse en la televisión el año que viene. La música, por ahora, está dejada de lado. Y la alfalfa también. En un alto en un ensayo (con guión incluido, algo inédito en su universo), el hombre detrás de Juan Carlos Batman habla con Radar de cómo hace para correr en Fórmula 1 con su Batimóvil.
“Diga un comando: kggg.” El walkie talkie reclama cerca de su pecho: quedó prendido y parece no bancarse sin atención. Un rato atrás, cuando lo usaba para darle letra a uno de los actores de su nueva troupe, Alfredo Casero se reía como un chico de lo que iba saliendo. Llegó hace dos horas al penúltimo ensayo del espectáculo que empieza a fogonear este fin de semana en Buenos Aires: paso leve, bamboleo swing, calzado cómodo de entrecasa, shamisen en su estuche, copias de un tramo de guión recién escrito para estructurar, un poco, la gloriosa reaparición de Juan Carlos Batman y el insustituible –y no menos heroico– Robin. No son los únicos animales del mítico Cha cha cha que reaparecen en este milenio: después de años en la selva peruana se anuncia también el retorno de Rolando, el mono matemático (una maravilla “apenas manejable por su padre y guía, el armenio Papiros Pototian”), y del ratón Juan Carlos, esa criaturita parecida al Topo Gigio pero menos pegajosa, que enseñaba a los niños las letras del abecedario. “Está escrito, tienen que aprenderse sus partes de memoria”, les dijo a los actores hace unos minutos; y luego, como a sí mismo, riéndose: “Nunca pensé que alguna vez iba a decir esta frase”. Casero reclamó unas linternas, calculó tiempos, ajustó el momento en el que entra la banda con la que cantará “Shimauta”, “Pizza conmigo”, “Endrogada en Adrogué”, “Bailando en la Sociedad Rural”. A Casaerian extravaganza puede pensarse como la reunión de distintas vertientes de sus clásicos y la extravagancia está ahí, justamente, porque hasta ahora fue casi un instinto no volver a tocar lo que mejor repercutió, lo que le dio más reconocimiento.
Ahora mastica un grisín y ofrece otro. En el hall del teatro, mientras, la troupe repasa el guión. “Yo tenía pensado hacer una cosa nueva –dice Casero–. Pero un amigo me dijo una frase que repetía siempre Fabio Alberti: ‘Cuánta riqueza abandonada’. Refiere, sobre todo, a lo que tenés y no usaste. Porque casi nunca toqué mis temas: rara vez, cuatro o cinco veces, canté ‘Bailando en la Sociedad Rural’ en público, o ‘Shimauta’. Con este amigo japonés, que vino acá, nos pusimos a ver videos en YouTube: ‘No lo puedo creer’, decía. Empecé a mirar más minuciosamente y me di cuenta de que no había hecho nada, que lo único que hice fue poner mi visión de niño grande ahí arriba. Yo trabajé siempre en primera persona; los personajes los hacían, más bien, Capu (por Diego Capusotto) o el mismo Peperino (el cura que hacía Alberti). Bueno, a último momento me di cuenta de que no me importó hacer cosas nuevas, de que la gente me pide más lo que no le di que lo que no conoce. A lo mejor la idea de este espectáculo tiene que ver con el recuerdo. Yo mato las cosas desde que las hago, puedo hacerlo, cambiar constantemente. Cuando estuvimos en la televisión, que era un éxito, podíamos haber hecho algo para que todo el mundo lo viera, y no lo hice. Nunca fui para donde tendría que haber ido porque me convenía: agarré para donde se me antojó. Y ahora, sinceramente, lo que necesito es formar una nueva troupe. Juntar biologías y que la gente disfrute de eso. Era la biología del Batman de Casero –me da vergüenza hablar en tercera persona, como el Diego– lo que más me llamaba la atención. Porque era mi propia biología, mi manera de ver las cosas con respecto al mundo. El Batman que yo hago pide a gritos, desde su disfraz, sentido común.”
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Comentarios
Me gustaria saber si este episodio era parte de la obra al final de todo...