miércoles, 31 de diciembre de 2008

Sólo brumas, Escuela nocturna, Archivos, Zona liberada, El diario de Anna Frank, Vela x todos, Las descentradas, y otras


Nota del 29 de diciembre

El año de las sorpresas y el placer de experimentar

Las puestas de Heldenplatz. Plaza de héroes, de Emilio García Wehbi; La noche canta sus canciones, de Daniel Veronese; Sólo brumas, de Eduardo Pavlovsky, y Fin de partida, de Lorenzo Quinteros y Pompeyo Audivert, figuran entre lo más destacado.

¿Y ahora qué? El ritual del año, con su ceremonia de cierre y apertura, llegó también al teatro, y mientras la cartelera va quedando despoblada urge hacer un balance, uno entre los varios posibles de una actividad inabarcable, hecha con pasión y entre tropiezos. Esta efervescencia en una sociedad agitada por innumerables problemas asomaba ya en los encuentros con representantes de los independientes (que no tienen un único perfil), cuando intentaban optimizar el cobro de los subsidios y desterrar las falencias de las leyes reglamentarias. Tema este último en suspenso, porque no se logró articular un rápido y favorable acuerdo con Cultura ni con Inspecciones y Habilitaciones de la ciudad. Las demoras son padecidas también por los teatros oficiales, pero por otras cuestiones. Un problema a la vista es el retraso de las obras edilicias en el Teatro Cervantes (dependiente de Cultura de la Nación) y en los que se hallan bajo la órbita de la Ciudad: el San Martín y el Colón. De todas formas algo no se ha minado: el placer de experimentar, actitud valorada en el plano artístico, como la de transitar por caminos transversales.

Surgieron así espectáculos que descolocaron. Es el caso de Sólo brumas, pieza que golpea partiendo de una denuncia de 2004 sobre los bebés que nacen con un peso inferior a 500 gramos. El actor y dramaturgo Eduardo “Tato” Pavlovsky mostró crudamente junto a sus compañeros de elenco, conducidos por Norman Briski, el destino de esos bebés a los que las autoridades sanitarias dan por muertos antes de que expiren. En otro plano, y partiendo de otras situaciones, el gusto por lo transversal permitió la traslación de una obra escrita para ser leída: la pieza radiofónica Escuela nocturna, de Harold Pinter, dirigida por Rubén Sabadini, donde la información es visualizada como elemento de poder. Y hubo más, entre otras la dramaturgia de Hernán Bustos sobre textos del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (Ese lugar, esa tristeza); las obras de Proyecto Archivos, coordinadas por Vivi Tellas; dos piezas de Factor H, una apuesta del actor, dramaturgo y director Juan Carlos Gené, en la nueva casa del Celcit (Moreno 431), institución que preside Gené y dirige Carlos Ianni, donde continuaron presentando obras y organizando seminarios internacionales. Otra es Zona liberada, inspirada en El Eternauta (historieta de Héctor Germán Oesterheld); El diario de Anna Frank, con Emilia Mazer; Vela x todos, dirigida por Roberto Saiz, ritual en homenaje al poeta Rubén Vela, del que participa el grupo “dale q’ va”, que acaba de editar su CD; y la melodramática Las descentradas, pieza olvidada de Salvadora Medina Onrubia, dirigida por Adrián Canale.

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