Julie Vincent y Blanca Herrera: El portero de la estación Windsor


Antolino, de Montevideo a Montreal

La dramaturga canadiense Julie Vincent conoció por casualidad a un uruguayo exiliado, quien era también el arquitecto convertido en vagabundo que había imaginado para su obra. Lo que no había pensado era cómo el encuentro iba a cambiar su vida.

Aun cuando trata sobre un tema espeso, la historia de un exilio en Canadá tras la dictadura militar uruguaya, El portero de la estación Windsor construye climas distintos de la angustia: el asombro y la risa se trasladan de un espectador a otro. Sin embargo, hay en primera fila un señor canoso, de unos 70 años, que parece inmune al efecto ósmosis fácilmente captable por la calidad envolvente de la sala. Si el hombre ríe no es por contagio, y se lo ve asentir con la cabeza repetidas veces, como si entendiera más de la cuenta. No es un espectador corriente: es quien concedió parte de su historia e inspiró esta pieza teatral, presentada en Uruguay y Canadá y recientemente estrenada en la Argentina. Es Francisco Antolino, el verdadero exiliado atormentado. Así es como hay, detrás de la ficción, una historia paralela a la que se ve en el escenario y que comienza con un encuentro casual entre la dramaturga canadiense Julie Vincent y Antolino en la ciudad de Montreal, donde compartieron la intención de llevar al teatro un pasado que puja por volver.

El portero de la estación Windsor se estrenó en 2008 en Montevideo, con formato de teatro leído. En enero de este año se presentó en Canadá, como obra de teatro. La versión que puede verse cada sábado a las 20.30 en El Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034) es una coproducción de Casa de las Letras y la compañía canadiense Singuriel Pluriel. Con la traducción y adaptación de la directora del área de Narración Oral de la institución porteña, Blanca Herrera, la pieza se convirtió en un cuento teatral: los actores (Manuel Vicente, Vincent, Cecilia Cósero y Mateo Chiarino), al tiempo narradores y personajes, edifican el laberinto interior de un exiliado meciéndose constantemente entre su pasado y su presente. Del pasado: sus sueños como estudiante de arquitectura, las trabas para cumplirlos, la camaradería con sus compañeros de ruta, los horrores que la dictadura trajo consigo. Del presente: la imposibilidad para establecer vínculos y adaptarse a una cultura nueva, el silencio respecto del propio origen, la culpa por lo que se dejó atrás.

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