jueves, 13 de octubre de 2016

Martin Mazzón: La Ofi


Un Mazzón que brilla sobre el escenario

Hijo de El Chueco, histórico dirigente peronista que "actuaba" detrás de escena, Martín produce y dirige la obra La Ofi, en el Picadero. Familia, política y cultura, con la misma pasión.

Martin Mazzón tiene 33 años. Nació en Mendoza y a los 8 se mudó a Caballito porque su papá trabajaba toda la semana en Buenos Aires y sólo visitaba a su familia los fines de semana. Papá era Juan Carlos, El Chueco, histórico dirigente peronista, que murió el año pasado por un ataque cardíaco.

De su padre, Martín heredó el tesón en hacer lo que le gusta. Pero jamás trabajó en política sino que se dedicó al arte. Primero fue la música, ahora el teatro. Actualmente, es productor y director musical de La Ofi, obra que puede verse los viernes, sábados y domingos en El Picadero.

“La Ofi la escribió Manuel de Martino. Es una comedia que comienza con una situación disparatada: cuatro personajes se quedan encerrados en la oficina durante un fin de semana. Es mostrar de manera paródica la incoherencia que tienen los espacios de trabajo. Usamos la excusa del encierro para mostrar las inseguridades de cada uno. El relato está atravesado por versiones de hits de los 80´”.

Esta no es su primera experiencia teatral. Antes produjo “Desde el sillón”, que estuvo tres años en cartel y recorrió cuatro países, más 11 provincias argentinas. “Nos fue bastante bien y entramos en el ambiente. Nos nominaron –recordó- al mejor unipersonal en los premios Hugo y comenzamos a tener contacto con actores más importantes, ver dueños de teatros más importantes, hacer el piso”.

Ahora, aclaró, las cosas se pusieron un poco más complejas. La demanda de entradas cayó considerablemente y el fenómeno económico que aqueja al país hace que el trabajo de productor tenga un sabor agridulce. “Los números que me acercaron productores amigos delatan una diferencia de alrededor 80% entre agosto 2015 y agosto 2016 en el consumo del teatro. Se nos hizo muy cuesta arriba producir”, contó.

Y añadió: “Es triste porque te genera dudas para apostar de nuevo. Es muy grande el riesgo. Es preocupante la situación. Hacemos un esfuerzo semanal tremendo para seguir adelante. Muy cuesta arriba. Pareciera que la cultura no es prioridad”.

Antes de la experiencia en las tablas, el Mazzón artista ya se había subido al escenario. Como músico, fue guitarrista de Hi Hats, banda con la que recorrió el país y latinoamerica. “Giramos con Catupecu, con Charly, con Fito. Grabamos en Circo Beat y estuvimos en muchos festivales grosos”, dice.

El recuerdo del mendocino se cruza con la experiencia autogestiva de Tiempo: “Nos produciamos nostros mismos. La autogestión te enseña mucho en la vida. Tiene mucho valor. Lo que conseguís es tuyo. Estás en todo el proceso: inicio, desarrollo y final. Tiene un premio mayor. Y hay que aprender a manejar la ansiedad. Porque te vaya bien o mal, si no la pasaste bien en el camino, no tiene sentido”.

Brillar sobre el escenario, paradoja del hijo del hombre que estaba detrás de escena, tejiendo alianzas entre peronistas. Quizás ahora la herencia paterna se desnude en el gesto de producir para que otros se muestren.

“Fue un padre espectacular -define-. Mi mejor amigo. Me enseñó la generosidad, el barrio, mirar hacia el costado, seguir mi pasión, y la familia”.

-¿Cómo lidiaste con la figura de un padre tan cercano al poder?

-Siempre supo separar las aguas: la política, de la familia. Llegaba a la 1 de la mañana y se despertaba a las 5.30. A las 6.30 llegaban los diarios y los leía a todos. Después se iba a trabajar a Casa Rosada.

-¿Jamás te interesó la política?

-Nunca trabajé en política. Cuando me senté a decirle que iba a dejar la carrera de Ingeniería por la música, mi viejo me apoyó. Sólo me pidió que tuviese constancia. Nunca me tentó a entrar en ese mundo.

-La Ofi de tu padre no era una oficina cualquiera, ¿no?

-Ja, es cierto. Iba a visitarlo a la Casa Rosada y me parecía loco. Quizás estaba hablando con mi papá y se abría la puerta y aparecía Néstor a pedir cosas. Pero mi viejo era muy tranquilo. No se la creía y siempre te bajaba cuando te la creías.

Fuente: Tiempo Argentino