miércoles, 26 de octubre de 2016

Frida Kahlo, Luces y Sombras


Una cama, la cárcel de una gran mujer

Aunque en algún momento de la historia André Breton ha dicho que la pintura de Frida Kahlo era surrealista fue ella misma la que se encargó de decir que no, que era su propia realidad la que quedaba plasmada en su obra. Y es que sí, la vida de esta mujer está repleta de tormentos físicos desde muy temprana edad: primero producto de haber contraído poliomielitis en su infancia; luego por un terrible accidente ocurrido en su juventud. Por eso, y muy acertadamente, Patricio Abadi, director y dramaturgo de la pieza, sitúa a esta Frida -interpretada muy bien por Jimena Anganuzzi- en una cama de hospital. Postrada allí lanzará el crudo relato de su dolor y podremos asistir a la intimidad de esta mujer que padece desde siempre y que se vincula con el sufrimiento y con la muerte casi desde la hermandad.

Esta cama y unos zapatos rojos simbólicamente dispuestos a un costado de la misma serán prácticamente el universo de esta mujer. Y será ese sitio su cárcel o su contención durante todo lo que dure la obra. La cama le dará el asilo necesario para poder explayarse y abrir a la platea su intimidad.

En breve le amputarán su pierna herida y mañana, cuenta, se dará inicio a la primera muestra de ella en México. "Iré y bailaré en una pierna en mi cama camión", anuncia con dureza. Y se da inicio a este viaje que será las veces el recorrido por su historia, desde los padecimientos de su infancia, su juventud, su accidente, el enamoramiento con Diego Rivera, los embarazos perdidos, los celos hasta las infidelidades, pero también el encuentro con una de las mujeres más potentes e interesantes que ha regalado el siglo XX, artísticamente, claro, pero también -y cómo- una mujer moderna, con pensamientos a la vanguardia, con deseos y una sexualidad que explota y cuestiona mandatos. Abadi logra acceder a la intimidad de este personaje histórico y nos deleita con un rico universo poético.

La obra es corta y contundente. Y esto parecería ser una de las claves para que se pueda navegar en esa cruda historia de vida y lograr el impacto necesario. Una pieza que tiene a una sola actriz postrada en una cama necesita de una solidez que acá se encuentra de sobra. Jimena Anganuzzi construye este personaje desde la emotividad. Quizá por momentos es excesivo su modo político, casi como si estuviera diciendo un discurso, pero con el transcurso de los minutos será tan desgarrador el relato que no podremos más que sucumbir ante el dolor. El vestuario, el peinado y la cuidada escenografía ayudan a la platea a meterse de lleno en la vida de esta mujer conocida por todos, pero cuyo calvario se nos abre en esta oportunidad.

Fuente: La Nación

Sala: C. C. de la Cooperación, Corrientes 1543 / Funciones: sábados, a las 21