viernes, 20 de mayo de 2016

Todas las cosas del mundo


Freaks de la pampa

“Todas las cosas del mundo”, que dirige Rubén Szuchmacher, en el Payró, es un relato con ribetes de esperpento.

Cuando un grupo de seres desesperados se da cuenta de que ya no tiene nada que perder, sólo puede sobrevenir la tragedia. El tema entonces es, cómo llegar a ella. En Todas las cosas del mundo, que se presenta en el Payró, la historia a la que asistimos es una tragedia con ropaje grotesco. Escrita por Diego Manso y dirigida por Rubén Szuchmacher, los personajes de Todas las cosas...están atrapados en su laberinto, desangelados y condenados a la indiferencia.

Varados en el medio de la pampa,Iberia y Sancho evocan sus momentos de gloria. La feria de variedades que regentearon durante años se quedó sin freaks. Acaban de enterrar al Niño Jirafa y sólo les queda la Niña Foca. Iberia quiere recuperar algo de su juventud aún sabiendo que es imposible. Sancho se resiste a todo y quiere hacer renacer a la feria circense. Un sacerdote, exiliado a causa de un escándalo, en ese páramo, aporta un plan siniestro: convertir a la Niña Foca en una santa milagrera y explotarla comercialmente.

Paralelamente a ese círculo de adultos ruines y arruinados, la Niña Foca y Amílcar, un joven empleado de pocas luces, intentan vivir su historia de amor.

Esa trama, compleja y rebuscada, se convierte en un relato ágil, lleno de guiños, que genera gran empatía en el espectador. Uno ama y odia a la vez a estos desamparados del mundo. Detesta a los viles y se compadece de los maltrechos pero no puede evitar reirse ante el absurdo que representan.

Y esto se debe, en partes iguales, a un texto que está trabajado hasta el mínimo detalle, que busca deleitar poéticamente lo mismo que sacudir cualquier atisbo de pacatería. Y también a una dirección que aprovecha al máximo los rescursos disponibles (excelentes en todos los rubros) con una escenografía que intenta reproducir la agobiante chatura pampeana, en un paisaje donde no se puede vislumbrar horizonte alguno.

Y por supuesto, las actuaciones.Cada uno de los personajes encaja exacto en la carnadura que su criatura, un poco esperpéntica, le exige: el Sancho que compone Horacio Acosta, la Niña Foca de Paloma Contreras, el peón de Juan Santiago y la madre de Fabiana Falcón. Pero especialmente la Iberia que interpreta Ingrid Pelicori y el cura a cargo de Iván Moschner. Pelicori está en su máxima expresión, sosteniendo cada matiz exorbitado de esa mujer que duda entre el desquicio, la maldad y la resignación. Lo mismo que Moschner, un cura que representa las peores investiduras de la Iglesia.

Dicen que, los caminos del Señor están plagados de buenas intenciones. Pero a veces, esas intenciones se transforman en piedras. Y sólo es posible tropezar.

Fuente: Clarín

Teatro Payró (San Martín 766).

Funciones De jueves a sábado a las 21 y domingo, a las 20.30.