sábado, 9 de abril de 2016

Paco Giménez: Nuestro Vademécum


“En esta década practicamos canibalismo”

El nuevo espectáculo del director cordobés ofrece muchas alusiones al teatro argentino de fines de siglo pasado. Creada junto a su grupo Los delincuentes, la obra establece un diálogo con Intimatum, otra de las producciones de Giménez.

”Un espectáculo para exorcizar el tormento de la persistencia de un grupo que lleva treinta años de acción teatral”, así presenta el director cordobés Paco Giménez a Nuestro Vademécum, el último de los espectáculos creados junto a su grupo Los delincuentes, que se puede ver en El Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034). Quedan dos funciones, hoy y mañana. El elenco está integrado por Bati Diebel, Galia Kohan, Giovanni Quiroga y Estrella Rohrstock, los mismos actores que tras el regreso de Giménez de su exilio en México, estrenaron Delincuentes comunes, el primero de la larga lista de espectáculos que hizo famosa a La cochera, el espacio que por entonces –1985– dejaba de ser taller y sala de ensayo para convertirse en uno de los primeros teatros alternativos de Córdoba.

Contemporáneo al under porteño de los 80, el grupo de Giménez gestó un fenómeno parecido a lo que fue en su momento el Parakultural. La diferencia que el director encuentra con los ahora desaparecidos grupos porteños de aquellos años es que “Los delincuentes permanecieron en un perenne under provincial”. Más allá de la humorada, la obra que trae el elenco cordobés hará alusiones al teatro argentino de fines de siglo XX. Nuestro Vademécum establece diálogo con Intimatum, otra de las piezas de Giménez, en la cual los personajes –un grupo de actores– polemizaban acerca de la rebeldía de los autores fundantes del teatro contemporáneo, como Brecht, Chèjov, Ibsen, Genet y O’Neill. “Los asuntos se revuelven”, cuenta Giménez en referencia a esta última obra, “en un guiso artístico-existencial que celebra la persistencia de treinta años de afán”.

“En Nuestro Vademécum la acción transcurre en la sala de ensayos del teatro –cuenta el director en la entrevista con Página/12—, pero las realidades paralelas y los cruces literarios atravesarán a los actores como si fuesen unos ‘San Sebastianes under’ de una ciudad mediterránea que aún no cambia”, compara. Giménez cuenta también que aunque su grupo ya alcanzó notoriedad y prestigio, tanto dentro como fuera del país, “ahora juega en una ficción de artistas decepcionados de su arte, con el sabor de una desintegración, de años desgastadores y sin rutilancias”.

–En Intimatum, los actores asumían personajes de obras muy conocidas del siglo XX. ¿Qué hacen esos actores ahora, en esta nueva obra?

–En Intimatum los actores componían un bestiario de personajes del teatro moderno universal, que transgredía sus propias obras. En Nuestro Vademécum, en cambio, los actores son portavoces de personajes anónimos que reutilizan letras y asuntos pero para otros fines. Un procedimiento bien posmoderno que desarraiga algo y lo inscribe en otro contexto. Sin piedad pero con algo del afecto que implica hacer una parodia.

–En referencia a que el grupo quedó en “un perenne under provincial”, ¿se debe interpretar como un lamento o como una nota de orgullo?

–Los actores se lamentan como lo hacen en La reina Mab, de Rubén Darío, los desdichados artistas en una bohardilla, decepcionados de su arte. Pero no sé si en el fondo o en la periferia eso es solamente un recurso dramático para desencadenar acción.

–¿Por qué le pusieron ese título?

–Porque Nuestro Vademécum combina en su intrincada trama los catalogados recursos actorales del grupo con los emprendimientos autorales de Emeterio Cerro, Rafael Spregelburd, Daniel Veronese, Alejandro Tantanián, Javier Daulte, Luis Cano, Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese. A esto se sumaron los aportes de cierta imagen de Federico León, dichos de Ricardo Bartís y Griselda Gambaro, una evocación a Chèjov, y algún verso de Roberto Vicario.

–Un panorama del teatro argentino de las últimas décadas...

–Sí: venimos del teatro ideologizado de los ‘70, recomenzamos en los 80 disfrutando de una gran soltura histriónica, divagamos en el sinsentido de los 90, nos repensamos y pedimos ayuda a las obras maestras en los 2000. Y ahora en esta década practicamos canibalismo.

Fuente: Página/12