jueves, 5 de noviembre de 2015

Luciano Cáceres


Luciano Cáceres: “Soy inquieto, no me gusta hacer una sola cosa”

Televisión/Teatro.Terminó una serie que aún no se estrenó, acaba de salir de “Signos” para empezar a grabar la nueva tira de El Trece, esta semana estrenó una obra como director y prepara otra para el verano. En el medio, el cine. Y la vida. Recién separado de Gloria Carrá, dice que el trabajo lo energiza.

Hace unos días, mientras hacía orden en su casa, encontró dos textos que escribió a la edad en la que otros nenes juegan a la pelota. “A los 7 hice Después del baile, que era como una continuación de La Cenicienta... Una especie de delirio en el que los protagonistas se iban juntos, pero no eran felices. Y a los 8 escribí uno un poco más social, que se desarrollaba en un lugar muy pobre: trataba sobre una mujer que llevaba un embarazo de 12 meses y, cuando nacía, el pibe salía hablando y fumando, una locura muy linda. Me gustó recuperar eso”, confiesa Luciano Cáceres, dueño de una de las cabezas más creativas del medio. Esas historias, precisamente, hablan del chico que fue. Y del artista que es hoy.

Su día, según describe en una bulliciosa pizzería de Corrientes que él -con su relato- logra neutralizar como quien invita a encerrarse por un rato en una burbuja, tiene más horas de sueños que de sueño. “Yo soy inquieto, no me gusta hacer una sola cosa. Estoy todo el día pensando, imaginando, proyectando situaciones posibles. A mí el laburo me energiza”, define frente a una medialuna de jamón y queso y una suerte de tiempo detenido. Viene de un trabajo y va para otro, pero hace de la escala en el bar un cálido momento de charla sin apuro.

“No me molesta que digan que yo exploté a partir de El elegido (2011) o que soy un actor que se puso de moda, pero la verdad es que estoy en esto desde los 11 años y hace 18 que dirijo. Tengo un recorrido, una formación, siempre estuve en actividad. Si hay algo que me interesa, por más que no sea remunerativo, voy a estar ahí, porque me seducen los desafíos”, cuenta a los 38 años, con una agenda que, de sólo repasarla, produce agitación.

Separado de la actriz Gloria Carrá (ver “Somos dos personas que...”), enumera, con una tranquilidad que no coincide con el contenido de sus palabras, que terminó “de filmar una película hace dos semanas: Las Ineses, de Pablo José Meza, una linda historia sobre la aceptación y el dar amor. Y el día anterior a terminar el rodaje empecé a grabar Los ricos no piden permiso (la nueva tira de Pol-ka, que El Trece estrenará el año que viene). Y durante la realización de Estocolmo -la serie producida por Nacho Viale que aún no tiene fecha-, hice Signos en paralelo”. Aquí ponemos un punto y pasamos a la tercera persona para contar que su personaje en el unitario que protagoniza Julio Chávez se suicidó hace tres capítulos. Retoma Cáceres en primera persona: “Cuando terminé mi participación en los dos programas me fui a Italia a recibir un premio por la película Gato negro, en Milán. Llegué un domingo y el lunes arranqué con Las Ineses... Y en el medio de todo eso ensayábamos Pequeño circo casero de los hermanos Suárez”, la obra de Gonzalo Demaría que él dirige y que protagonizan Luciano Castro, Marco Antonio Caponi y Marita Ballesteros, entre otros. Se estrenó anteayer en el Centro Cultural San Martín (con funciones martes y miércoles, a las 21), “con escenografía pintada por nosotros. A mí me gusta establecer eso como forma de trabajo. Da mucho placer y habla del esfuerzo y la autogestión. Estoy fascinado con este proyecto. Es la tercera obra que hago de Gonzalo Demaría, después de El cordero de ojos azules y El acto gratuito. Un autor de lo mejor que tenemos en la Argentina, con una poética muy particular, con personajes muy bien diseñados. Esta es una historia de familia de dos hermanos que se vuelven a juntar después de muchos años. Uno resentido, el otro retardado, y los dos pelean por un mismo amor. Es una tragicomedia con mucho humor”.

Cuando parecía que su hoja de ruta laboral se acababa en el estreno de esta semana, toma aire y agrega que “en febrero voy a dirigir Esposas de dictadores, en el San Martín”.

¿No te cansás nunca?
Jamás. Yo laburo y me enciendo, y es un estado que se va potenciando con el correr del día. Salgo de los ensayos muy para arriba, como si recién me levantara. Además, trabajo de lo que me gusta. No es una frase hecha, te lo juro, pero la verdad es que no podría quejarme. Vos me encontrás en un proyecto y me vas a ver transpirando la camiseta, siempre.

Hombre que, además de generar, sabe aprovechar oportunidades, comparte la vieja postal en la que era acomodador de Andamio 90 -su primera casa teatral, de alguna manera- y Alfredo Alcón le dio la chance de mostrar lo que su talento estaba puliendo en la oscuridad de una sala: “El inauguró ese teatro haciendo Final de partida. En la primera temporada tenía un ritual que era hacer un versito que había pensado y escrito para todos nosotros... Eso mágico sucedía antes de que ingresara la gente. En la segunda temporada, dijo ‘Ahora lo va a tener que hacer una vez cada uno’. Eso fue de una enorme generosidad. Y los acomodadores, que éramos alumnos de Alejandra Boero, teníamos ahí nuestro momento de gloria”.
El oficio los volvió a cruzar en el unitario Por el nombre de Dios y en la obra Muerte de un viajante: “Charlar con Alfredo era viajar por el humor y por la sabiduría (ver Sus máximos...)”.

Aclara que el fútbol no lo desvive y que es de River porque “mi papá era hincha del club. A veces jugaba con los chicos del barrio, pero siempre me tiró más la lectura, la creación de personajes. Yo tuve una crianza lúdica, en medio de una familia muy creativa. Mis viejos ya no están, pero ellos me acompañaron mucho en mi camino. Los dos me vieron viviendo de esto. Me acuerdo que, al principio, mi mamá iba a mis espectáculos también para ver qué cosas de casa le había robado. ‘Este jarrón lo conozco’, decía. Siempre me apoyaron. Y ahora una de mis hermanas no se pierde nada de lo que hago o de lo que hace Gloria, es de fierro. La familia es clave en mi vida”.

Con el pelo platinado -una vez por semana se lo decolora y se lo tiñe- que su nuevo personaje de TV le obliga a llevar, firma un par de autógrafos para fans de Graduados. En cuanto termina con ese gesto hacia dos niñas de 9 años recuerda que... Sí, que tiene otros proyecto en mente: “El 10 de julio empiezo a dirigir Plástico, una obra alemana para un ciclo que se llama Europa más América, sobre la nueva dramaturgia. Por ahora la estoy craneando”.

Así y todo se las ingenia “para llevar a Amelia al río, a la plaza, me encanta jugar con ella. No es porque sea mi hija, pero es increíble. Mirá, una noche, cuando tenía un año y poquito, yo la estaba mandando a dormir y me dijo ‘Esta no es vida para mí, papito’. Me dice ‘papito’ y me derrito”, comparte uno de los Sres. papis, un actor que anduvo antes de llegar. Y sigue andando.


Su separación de Gloria Carrá: “Somos dos personas que nos queremos mucho”

Después de siete años de relación, Gloria Carrá y Luciano Cáceres se separaron hace unos meses, “pero eso no significa destrucción. Somos dos personas que nos queremos mucho, padres de una hija hermosa, Amelia, que tiene 6 años... Hemos compartido muchas cosas buenas, hemos atravesado varias pérdidas, he sido parte de la crianza de ese ser maravilloso que es Angela (Torres, hija del primer matrimonio de Carrá). Y hoy estamos en esta etapa, en la que sentimos respeto y admiración por el otro”, comparte Luciano Cáceres.
“Este es un momento doloroso, como suele ser la separación de cualquiera, estamos en medio de una nueva forma de encarar nuestro vínculo. Además de Amelia y Angela, hay mucha gente en común que no ha quedado de un lado o del otro. No hay nada oscuro ni se trata de una separación conflictiva”, reconoce.
Cáceres no es de los actores que esconden su vida, pero “tampoco soy de los que ventilan. Yo no cuento, no hago declaraciones de mi privacidad... Ando por la vida y si un fotógrafo me saca una foto lo dejo, no me crispo”.


Sus dos máximos referentes: Alfredo Alcón y Leonor Manso, en el podio

“A mí no me gusta el fútbol, pero cada tanto puedo mirar un partido para descubrir al habilidoso, al acrobático, al crack. Al talentoso... Como ver a Alfredo en el San Martín”, se sincera Luciano Cáceres. Su Alfredo -y el de la mayoría en el universo del espectáculo- es Alcón. “Fue un grande, generoso como pocos, un tipo muy disciplinado y con mucho humor, un humor exquisito. Un fuera de serie. Los más grandes para mí son él en varón y Leonor en mujer”, dice en relación a Manso, de quien destaca “su forma de encarar el laburo y su fortaleza como mujer. Amo trabajar con ella, dirigirla, aprender. Es muy honesta. Es un ejemplo de vida”.

Fuente: Clarín