sábado, 8 de agosto de 2015

Luis Machín: Vigilia de noche


"Los personajes terminan pareciéndose a uno"

Después de casi tres años sin subirse a un escenario, el actor protagoniza la obra Vigilia de noche, de Lars Norén, dirigida por Veronese. Viene de interpretar a uno de los personajes más celebrados de la tira Viudas... El arte de crear en la actuación.

Las vacaciones de invierno suelen tener un efecto multiplicador sobre la vida de la ciudad. Mientras el centro de Buenos Aires es tomado por niños enérgicos en compañía de sus resignados padres, enfrente del Teatro General San Martín, uno de los actores más celebrados por el público y la crítica intenta escaparle a la muchedumbre infantil algunas horas antes de una nueva función de la obra que protagoniza en pleno corazón teatral de la ciudad.
Sin embargo, sentado y con café en mano para una larga charla con Tiempo, Luis Machín no sufre la climatología infantil que lo rodea, aun siendo mirado de reojo por algunos de los atribulados padres que ocupan las mesas aledañas del espacio elegido para la entrevista. Son esos ojos que observan los que seguramente recordarán a Emilio Arostegui, su celebradísimo personaje en Viudas e hijos del Rock and Roll, la tira que terminó recientemente y con la que supo levantar loas y miles de pulgares positivos en pleno prime time televisivo.
Pero los días de hoy pasan lejos, muy lejos de la televisión para Machín, y el teatro mucho tiene que ver con eso. Desde julio pasado, el actor, junto con Pilar Gamboa, Mara Bestelli y Walter Jakob protagoniza Vigilia de noche, una obra que arrancó acompañada de la mejor forma por el público, en el Teatro General San Martín, con textos del sueco Lars Norén y la dirección de Daniel Veronese. Eso en lo formal, porque sobre el escenario el cuarteto le da vida a una obra que hace foco en las diferentes aristas de una crisis matrimonial junto con certeros cuestionamientos que acechan al estatus formal de la familia unida.
Hablar con Machín es hacerlo con un artista que no solamente analiza su trabajo, también reflexiona sobre el estado de la cultura que rodea al teatro (ver recuadro), al punto de pedir expresamente volver a prender el grabador para avanzar discursivamente sobre ese punto. Pero justo también es decir que a Machín se lo ve feliz, a poco más de diez días del estreno de Vigilia de noche. "La sala está llena y sucedió de manera muy rápida, inclusive con fechas más adelante ocupadas. Hacemos cinco funciones por semana, y tener esa afluencia no es poco. Ni el teatro comercial tiene tantas funciones", dice antes de avanzar sobre algunas características de la obra. "Tiene su complejidad. Nunca se había estrenado algo de Lars Norén en Argentina, acá no se lo conoce y por ese lado también es un plus. Yo estaba haciendo Viudas, una tira diaria en Telefe, y no hacía teatro desde La última sesión de Freud, hace más o menos unos dos años y medio. Pero lo cierto es que nada me resultaba atractivo de todo lo que me llegaba. Es curioso porque fue el impasse más grande que tuve en vida sin hacer teatro", aclara.
–Extrañabas, entonces…
–Sí, sí. Y sobre todo el último año lo extrañé bastante. Daniel Veronese me acercó la propuesta de manera muy concreta a fines del año pasado, así que la leí y el conflicto de parejas que se plantea en una larga noche de vigilia me resultó atractivo, sobre todo porque no son personajes psicoanalizados. Llevo 25 años ininterrumpidos de terapia y esta obra plantea otra cosa sobre los vínculos, más descarnados y menos sutiles en sus apreciaciones y opiniones del otro.
–Es curioso. El autor de la obra, del que desconocías todo, ahora te está ofreciendo mucho…
–Me pasa muy seguido que cuando leo obras no sea frecuente que me gusten mucho. Y te diría que ninguna de las obras que hice, cuando las leí me gustaron, y siempre me costó mucho elegir, en lo que para mí es una falencia de mi parte. Muchas de las que no me gustaron comenzaron a gustarme cuando las empecé a ensayar. Un caso de ese tipo fue La última sesión de Freud, que nada atractiva me resultó en su momento.
–Tu personaje no puede sufrir más en escena, aunque en el camino se vuelve un fabulador serial. Y todo eso en nombre del amor…
–Ese enamoramiento lo hace una persona profundamente despreciable y cuyos rasgos más sobresalientes son muy violentos. Pero no lo justifico por ser presa del amor. Uno, como persona que se ha enamorado, por tener esa suerte no puede justificar eso, aunque uno puede llegar a reconocerse en algunos aspectos de ese personaje y no pasa desapercibido. Es un tipo fabulador, que ve cosas que no pasan. Poder bucear en esos aspectos a medida que pasan las funciones es algo motivador.
–¿Luis Machín tiene algún punto de contacto con Alan?
–Yo trato de no compararme con los personajes, o al menos conscientemente. Sin embargo, uno puede reconocerse en algunos puntos álgidos en el tema del amor, en los celos, de lo que se puede percibir y no constatar, las cosas que lo atraviesan en lo humano. Los personajes terminan pareciéndose a uno.
–Hablaste de Veronese. ¿Te asegura algo su figura?
–Por suerte, nada. No elijo en ese sentido, ni las obras ni los trabajos en general porque no me gusta pensarlos desde la confirmación de los directores ni de los autores. No veo a directores ni autores, veo a personas. Incluso, creo que no lo he dicho porque me parece que no lo siento así, como diciendo: "Qué ganas de trabajar con Almodóvar." Es como ansiar algo que no es real, y porque lo que no se trabajó todavía, no existe. Entonces, a uno pueden gustarle mucho algunas obras que puede haber visto de Veronese o su dirección, pero lo que va a hacerse es nuevo, así que uno puede tener cierta confianza en torno a una mirada, pero eso no garantiza nunca nada. No veo a directores, veo a personas que tienen determinada sensibilidad para plantearse frente a algunos trabajos. Y eso es lo que me lleva a terminar de confirmarme lo que pienso a priori. A veces hay condimentos que tienen los actores que pueden trabajar con uno, y eso es lo que hace una pieza más o menos interesante o que puedo pensar que pueden abarcarla mejor que otros. Pero nunca es la seguridad que me da la confirmación de los directores, autores o compañeros de elenco. Me gusta pensar en lo humano.
–La obra toca aristas complejas de la vida en pareja. ¿Tenías ganas de meterte con esa temática desde la perspectiva particular de Lorén?
–A mí me gustan estos personajes atribulados porque me despiertan un atractivo. Es curioso, porque son los personajes que más me atraen. Hace un tiempo me ofrecieron una versión de El pelícano de Strindberg, pero quería hacer un personaje de ahí, que era muy complejo. Me gusta bucear en esas psicologías porque no le he escapado a los traidores o asesinos, aunque una vez le escapé a interpretar a un pederasta, pero finalmente lo hice. Esa fue la única vez en que me tomé un tiempo en pensar hacer o no al personaje. Después me lo autoimpuse para hacerlo porque, si no lo hago, algo estaría mal en un actor. Tenemos que crear ese antídoto porque es parte de la creación del personaje.


La felicidad de actuar en la televisión
"Nunca fui un actor que ataque a la televisión", dice Machín para brindar su posición sobre una vieja disputa, la que establecieron cientos de actores al poner en un peldaño superior al teatro por sobre la televisión. "Nunca pensé que los mejores actores están en el teatro porque no me parece que sea cierto, eso es una mirada muy rápida y simplista. A mí entender, la televisión está más ligada a las formas de composición teatral, sobre todo una tira diaria, y no los lenguajes televisivos, que cada vez están más tendiendo al lenguaje cinematográfico. La televisión me dio un enorme campo de gimnasia actoral, sobre todo las experiencias ligadas a la comedia que me producen mucha adhesión. La actuación en televisión me produce una enorme felicidad."
–¿Eso es lo que te dejó Viudas?
–Hacer Viudas me volvió a encontrar con un fuerte campo de improvisación con el que no me encontraba hacía mucho. Fue una gran experiencia porque no es frecuente en TV tener un espacio con tanta soltura y creación, aunque se tuvieron que conjugar muchas cosas para que eso haya sido posible.
–Algunas de ellas fueron…
–Una productora que tenga el respeto y la confianza suficiente en los actores para permitir que la capacidad lúdica que se pone en funcionamiento cuando se actúa no tenga límites.


El teatro que no se ve
Segundos antes de apagar el grabador, Machín pide pista para hablar sobre el estado de la cultura en Buenos Aires, junto al deterioro extendido de un espacio vital como el Centro Cultural San Martín. Casi como una formal declaración, dice al respecto: "Durante los años en que no trabajé en el San Martín (teatro) estuve yendo a ese espacio como espectador y seguí viendo el deterioro edilicio que ya se veía estando adentro. Cuando se empezaron a hacer las obras en las salas, dije: 'Se pusieron a hacer algo interesante entre tanta cosa poco interesante.' Han pasado años y lo que vemos son los blindex nuevos o limpios de la fachada y las venecitas que pusieron en el hall de entrada, pero la humedad sigue siendo la misma. Al día de hoy, al abrir los espejos del camarín se cae la mampostería porque la humedad sigue comiéndose la estructura del teatro, y porque lo único que hacen es lo que se ve, hacen cosas del telón para afuera. Ahora estoy en la sala Cunill Cabanellas y no se hizo nada, sigue con las mismas sillas que estaban históricamente, y la humedad sigue comiéndose todo. Esta administración ya se metió con el Colón, y uno ya ha escuchado a los empleados de ese teatro contar lo que le pasó a la madera del lugar, a los telones. Como persona de la cultura me da pena porque creí que esta gestión podía hacer algo interesante, aunque comencé a sospechar que algo pasaba cuando empezaron a sacar los talleres culturales de las escuelas municipales. Les están prohibiendo un desarrollo cultural a nuestros hijos con lo que quitan y castigan a las generaciones que vienen. Lamento que la gran mayoría de la gente no pueda ver eso porque la cultura es lo que sostiene la estructura de una Nación, porque un pueblo es por su cultura. Puedo entender al votante que cree que están haciendo algo por la cultura, pero yo los invitaría a ver los camarines, que vengan a ver lo que no se ve y que debería ser visto."


FUNCIONES
De miércoles a sábados a las 20:30 hs. y domingos a las 19:30 hs. en la sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín, Corrientes 1530

Fuente: Tiempo Argentino