miércoles, 12 de agosto de 2015

Laura Conforte: Gotan


"Para mi carrera soñaba lo que estoy viviendo hoy"

La actriz y cantante interpreta a Milonguita en Gotan, con el coprotagónico de Alejandro Paker y la dirección de Manuel González Gil. Con una larga trayectoria en musicales ahora se anima al tango. "El repertorio es alucinante", dice tras haber superado el susto inicial.

Desde niña sabía que quería ser artista, pensó que su lugar sobre las tablas iba a ser como bailarina de zapatilla de punta… Pero no. Ricky Pashkus la despeinó. "Me quitó el rodete. Literal y metafóricamente", dice. Por medio de él, Laura Conforte se despojó de la estructura del clásico y se animó a explorar. Así descubrió en los musicales, una oportunidad que le permitió desarrollarse y expandirse tanto al cantar, como al bailar y actuar.
Hoy, a sus 39 años, cuenta una lista larga de éxitos y es reconocida como uno de los mayores talentos del género: Rent, La novicia Rebelde, Casi Normales son sólo tres de sus trabajos destacados a lo largo de su carrera.
Sentada en una butaca del Maipo, mira el escenario y afirma: "Amo este teatro, me fascina volver, es emocionante estar acá porque aquí fue la primera vez que trabajé en un teatro. Fue en un espectáculo que se llamó La Cassano en el Maipo, con Eleonora y Rubén Celiberti. Un elenco espectacular y fue mi primer trabajo.
–¿El primero en el que recibiste sueldo?
–El primer laburo en teatro. Antes trabajaba haciendo shows como bailarina, cantaba en grupos de fiesta. En teatro fue lo primero que hice de la mano de Ricky Pashkus, fue en el 95. Guardo un tesoro muy particular. Me emociona volver actuar en el Maipo.
–Eso fue hace 20 años. ¿Qué soñabas entonces para tu carrera?
–Lo que estoy viviendo hoy.
Desde la semana pasada Laura Conforte está presentando en el Maipo Kabaret Gotan, la ópera rantifusa de Julio Tahier, donde Alejandro Paker es Julián, el enamorado de Milonguita, la protagonista por la que la actriz y cantante se convierte en tanguera. "El repertorio es alucinante. Es la primera vez en mi vida que encaro el tango", dice.
–¿Nunca habías interpretado tango? ¿Cómo fue eso?
–Cuando me convocó Manuel González Gil, que es el director, le dije: "¿Vos estás seguro que me llamás para hacer esto?" Ya sabemos que lo hizo la tana Rinaldi con el negro Lavié. Y me dijo: "Ya te vi la cara de susto. Si no confías en vos, confía en mí." Y así lo hice, y ahora estoy fascinada.
–¿Y qué disipó el susto inicial?
–Manuel fue claro en lo que quería: "Estoy buscando un actor y una actriz que cuenten la historia de la Milonguita y de Julián y que sean cantantes. Si yo estuviese buscando una cantante tanguera no te llamaría a vos. Yo quiero una actriz que interprete a Milonguita y a la que le toca cantar estos tangos." Pero casualmente los tangos que me tocan con Milonguita son los más balada, más canción. No son los tangos arrabaleros. En ese sentido es una partitura como cualquier otra. Manuel nunca nos pidió que nos metiéramos con el yeite. Nos pide interpretar esta canción. No importa que atrás suene un bandoneón o un violín. Es una canción y lo contamos desde la actriz.
–No pide repetir la interpretación de Rinaldi y Lavié.
–No. Nunca nos pidió que nos hiciéramos los tangueros. Así que le saqué peso y tensión al susto que me daba. Me toca hacer: "Que querés con ese loro", que es un disparate de graciosa, "Martirio", "La última curda", en total son como 50 tangos. Por supuesto no enteros, se van hilvanando estrofas para contar la historia.
–¿Y cómo es esta Milonguita de Gotan?
–Gotan cuenta la historia de amor de una pareja de principios de siglo. En los años treinta que se conocen en una caminata por Palermo. Se enamoran profundamente. Ella queda embarazada, se separan y se reencuentran años más tarde. Ella empieza a trabajar en los burdeles. Es medio como una madame en burdeles de medio pelo. Tienen un reencuentro con Julián de mucha violencia donde la cosa sigue sin funcionar. Y, a la vez, hay mucho humor, aunque también hay momentos más dramáticos pero básicamente es una obra de pura comedia. Sobre el final los dos personajes se encuentran 40 años más tarde de su romance original y les cuesta reconocerse pero terminan su vida juntos.
–¿Y todo se narra musicalmente?
–Hay muy poco texto hablado. Todo se relata como una ópera. O como en una comedia musical de las más antiguas.
–¿Hay situaciones violentas?
–Hay violencia verbal, física. No hay golpes. Aunque hay un momento muy disparatado que él le da un tiro en el brazo a ella. Y ella lo defiende. Viene la policía y le preguntan: "¿qué pasó acá?" Y ella inventa un artilugio para decir que alguien pasó y le pegó un tiro… cuando en realidad fue su pareja.
–Y eso ocurre. ¿En qúe momento de la historia de la pareja? ¿Cuando son adultos?
–Desde el comienzo. La violencia de género viene de esa época también.
–En la época en la que se sitúa esta historia las mujeres negaban ser víctimas de maltrato.
–Sí. Y hasta daba cierto orgullo.
–¿Orgullo de qué?
–Del macho arrabalero. La primera vez que él la faja ella canta: "Cuando gana, gran festín meta baile y restaurante y cuando pierde me faja. ¡Es un tigre mi bacán!" Hay cierto orgullo en esa mujer de principio de siglo. Por supuesto, no vamos a generalizar. Habría mujeres que no se sentirían así. Esto del macho arrabalero que tiene cortita a la hembra, de que ésta es su "minusa", todo eso viene de esa época. El tipo que se iba a escabiar, que se iba a jugar a los burros. Ahí nace el tango: "Pa' el laburo es un reo, pero en cambio es un genio para la timba y los burros." Los tipos se iban, se ponían en pedo, se iban con sus amigotes, volvían y la mina estaba en la casa planchando. Julián llega a las cuatro de la mañana y le dice: "Estuve reunido por un trabajo con los muchachos." Él le dice cualquier estupidez.
–Y 40 años después, ¿el mismo vínculo sigue igual?
–En el reencuentro se muestra que se han extrañado toda la vida a pesar de ese vínculo que tuvieron. Que hoy nos espanta. Pero en aquel entonces era bastante normal. La mujer cuidando los pibes, planchando, lavando. Hay que ubicarse 100 años atrás. Ella lo extraña horrores y canta "Martirio", destrozada, ya viejita. Lo sigue llorando de vieja.
–¿Cuál es tu reflexión con respecto a los espacios que la mujer conquistó desde entonces?
–Esta última década ha sido de grandes cambios. En muchos sentidos y  beneficios. No sólo para la mujer. En general, para el ser humano. Hubo una evolución muy interesante. Desde muchos lados: Con la comunidad gay, con el casamiento igualitario, estamos ahí con el tema del aborto. Y en la lucha contra la violencia de género: Cuando hablamos de Milonguita y de Julián parece de la época de las cavernas, y en verdad, no hace tanto que se vivía de esta manera. La mujer estaba a la sombra del machito cabrón. Mi abuela vivía así. ¡Qué disparate! En ese sentido se está evolucionando rápidamente en busca de una verdadera igualdad.


Vivitos y coleando, a sala llena
Además de Gotan, Laura Conforte sigue junto a Roberto Catarineu y Carlos March con Vivitos y coleando, la obra de Hugo Midón que se presenta en el Picadero (sábados y domingos las 16) y que agotó localidades durante las vacaciones de invierno. "¡Una maravilla! Hemos estado a sala llena desde que estrenamos", se sonríe Conforte. "Vivitos va continuar hasta octubre. Así que los fines de semana van a ser completos para mí."
–Vas a volar de una función hacia otra cada sábado y domingo. ¿Qué es más agotador, dos funciones de un musical o dos funciones de dos obras tan diferentes como Gotan y Vivitos y coleando?
–Con Casi normales hemos hecho dos funciones seguidas… Es la muerte eso. Yo prefiero cambiar. Cambio el aire, la energía. Es otra obra, es otro el juego, es otra la ropa, el elenco con el que comparto. Se cambia el aire.

 
Gotán
Además de Conforte y Parker, hacen  Gotan: Alicia Vignola, Black Rodríguez Méndez, Sofía Gónzalez Gil, Max Acavallo, Tamara Bisceglia, Eber Burger. Coreografía, vestuario y escenografía: Rubén Cuello, Pepe Uria. Arreglos, dir. musical y ejecución en vivo: Federico Mizrahi. Prod. Artística: Lino Patalano. Adap. y dir. gral.: Manuel González Gil. Maipo Kabaret: Jue. a sáb. 22:30 y dom. a las 21:30.


Nacida para el musical
–¿Tu relación con el género musical fue resultado de voluntad, de oportunidades o de entraña pura?
–Siento que es lo que sé hacer. Todos nacemos para algo.
–¿Vos naciste para los musicales?
–Siento que sí.
–¿Cuando lo descubriste?
–Desde chica. Me la pasaba en casa armando coreografías, corría las luces de mi casa para que me dieran. Pedía tener un espectador y que me aplaudiera. Sabía que quería ser artista. Cuando empecé quería ser bailarina. El canto y el teatro vinieron después a mi vida. Lo primero fue la zapatilla de punta a los cuatro años. Di el examen al Colón y a los 12 era la última chance y no me eligieron.
–¿Cuántas veces diste el examen?
–Esa única vez. Eran cuatro exámenes. ¡Me deprimí! Es la primera y te diría la única depresión que reconozco en mi vida. Se me caía el sueño de vida. Me tomé un año que no bailé. En el secundario ya reconocí que no lo podía evitar. Pensé: "Habrá otras opciones." Empecé a tomar clases de danza jazz y conocí a Ricky Pashkus.
–Y comenzó el antes y el después de Ricky en tu vida.
–Por él empecé a tomar clases de canto. Él me sacó el rodete.
–¡Te despeinó!
–Literal y metafórico. Fue así. Lo registro mucho. Hasta ahí tenía una estructura. Y él me dijo que no vaya más vestida prolija. "Quiero que traigas joggins sueltos. Ponete uno roto, sucio. No quiero que vengas prolija." Ese barro que él me proponía me llevó a investigar otras cosas… y aquí estoy ahora.

Fuente: Tiempo Argentino