miércoles, 17 de junio de 2015

Lorena Vega: La mala fe y Las mutaciones


Energía arriba y abajo del escenario

La actriz ya terminó de grabar Todos comen para la TV Pública y, como parte de la Compañía Buenos Aires Escénica, se apresta a estrenar Prueba 2: La Desintegración. Además, es una de las intérpretes de Todo lo que está a mi lado en el Centro Cultural Kirchner.

De la melancolía al entusiasmo y la alegría sin escalas. El teatro se convirtió para Lorena Vega en un trampolín hacia una felicidad que desconocía en su adolescencia, marcada por un contexto familiar difícil. “En las clases de Nora Moseinco se estimulaba mucho el juego. No podía creer lo bien que me sentía improvisando desde el humor. No era una época fácil: padres separados y una situación económica dura que los llevaba a hacer muchos esfuerzos para salir adelante. Yo tenía una mirada trágica, pero en las clases me sentía distinta. Quería que la semana volara para que llegara pronto el día de la clase y pasar a ese estado nuevo”, recuerda la actriz, directora y docente de 39 años, convertida en una de las figuras más talentosas de la escena. Arrancó en el off a fines de los ’90 con el Grupo Sanguíneo, junto a los también jovencísimos Martín Piroyansky, Juan Pablo Garaventa y Valeria Lois, aportando aire fresco a la escena con obras teñidas de humor absurdo y disparatado. Fueron nueve años juntos, luego cada uno siguió su camino. Vega continuó formándose con maestros como Guillermo Angelelli, Gabriel Chamé, Paco Jiménez, Ciro Zorzoli y Alejandro Catalán. Estudió dramaturgia con Mauricio Kartun y puesta en escena con Rubén Szuchmacher. Trabajó con reconocidos directores y cuando Kartun la eligió para protagonizar Salomé de chacra obtuvo el Premio María Guerrero a la Revelación Femenina.

En los escenarios es pura intensidad y energía sin sobreactuar, como si esa potencia fuera –y tal vez es– algo natural que surge sin forzar, creando tal magnetismo que cuesta sacarle los ojos de encima. Versátil, puede cambiar ritmos y climas con facilidad, sumergirse en zonas oscuras o pasearse por un humor extrañado. Abajo del escenario, es una gran generadora de proyectos. Actualmente protagoniza La mala fe, de Leonel Giacometto, con dirección de Alejandro Ullúa (miércoles a las 21 en El Cultural San Martín), y Las mutaciones, de Valeria Correa y puesta de Lorena Ballestrero (jueves a las 21 en Espacio Callejón). En televisión fue una de las Cuatro Reinas, la comedia dramática emitida recientemente por la TV Pública, y ya terminó de grabar Todos comen, un nuevo proyecto sobre un restaurante administrado por los propios trabajadores que pronto se verá por el mismo canal. Además, es una de las intérpretes de Todo lo que está a mi lado, la performance de Fernando Rubio en el Centro Cultural Kirchner, entre otros proyectos que pronto saldrán a la luz. “Recién ahora retomé el ritmo que tenía antes del nacimiento de Dante, mi hijo de 2 años”, cuenta a Página/12.

A La mala fe se sumó a un mes del estreno, tras la súbita partida de la actriz que iba a personificar a esa mujer que viaja con su hija hacia la Capital, a comienzos de la década del ’50, cuando una huelga ferroviaria interrumpe el tránsito y se desatan los conflictos. Allí da vida a una madre que de entrometida y mandona resulta ridícula hasta con el otro pasajero con quien interactúa, un cura que transporta una supuesta escultura. De a poco, las máscaras caen y los personajes revelan sus verdaderas intenciones. “Mi mamá y sus hermanas tienen algo de mi personaje. Ellas también vinieron del interior para salir adelante con ese impulso fuerte y aguerrido, aunque mi personaje busca una salida bastante particular”, aclara. Es que el vínculo madrehija esconde otras intenciones. “Con el director y el autor tenemos la posibilidad de seguir trabajando el material porque el final está cargado de información, es complejo, y nos interesa que los personajes puedan habitar esa complejidad y no decirla solamente”, advierte. Los jueves se saca el traje sastre y se calza un vestido corto y con aires pop para Las mutaciones, una obra de cámara, intimista, sobre los avatares de una pareja contemporánea en crisis. Un conflicto bastante universal, pero expuesto de manera original y con una muy cuidada factura en todos los rubros. Su personaje quiere repasar, volver atrás, acaso en el intento de descubrir por qué las cosas no funcionaron. Se suceden distintos momentos de la relación sin un orden cronológico y en un espacio extracotidiano. El dispositivo escenográfico es una estructura geométrica con puertas giratorias que puede devenir un hotel, una casa, una calle, un ascensor. Las actuaciones, el texto, el sutil diseño de luces, la música y la escenografía se articulan en un montaje que emociona y sorprende. Vega tiñe a su criatura de una energía distinta: más pareja, no tan exaltada; acaso la frustración amorosa la instala en una zona más desencantada y cínica.

No duda de que Grupo Sanguíneo fue determinante en su carrera. “Fueron experiencias de aprendizaje muy contundentes, de creación grupal a partir de cuestiones que nos movilizaron a todos. Había mucha comodidad, mucha libertad”, recuerda. Debutaron solos con Capítulo XV, sumaron al director Gustavo Tarrío y crearon Afuera, Kuala Lumpur y un proyecto experimental, Laboratorio Tarrio-Grupo Sanguíneo. Las ganas de juntarse con otros colegas hoy perduran: actualmente integra la Compañía Buenos Aires Escénica, que dirige Matías Feldman. “Me uní a su grupo de entrenamiento, me atrajo cierta búsqueda con elementos que generaban ruptura en la escena”, comenta. En julio próximo estrenarán Prueba 2: La Desintegración, resultado de la investigación que vienen realizando, desmenuzando distintos aspectos de una situación teatral. Trabajan a partir de dos ejes: “Uno horizontal, atentando el sentido lineal, y otro vertical, atentando la materialidad en sí misma” anticipa. Otra comunión creativa es la dupla con Monina Bonelli: “Había muerto Alejandro Urdapilleta y le propuse hacer algo que tuviera que ver con él, con esa energía intensa de actuación, de pura entrega. Y así surgió, a partir del cuento ‘La corista’, de Chéjov, Usted está actuando, una pieza corta que fue uno de los disparadores del ciclo Teatro Bombón”.

Fuente: Página/12

Un largo camino
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