martes, 12 de mayo de 2015

Laura Fernández: Los quietos


"Es una obra experimental para tener acercamiento al trabajo profesional"

La Primera Compañía de Graduados de Artes Dramáticas de la Universidad Nacional de Artes estrenó un espectáculo que surgió como creación colectiva de egresados de las carreras de actuación, dirección e iluminación.

Qué pasa con los alumnos de las carreras artísticas una vez que se reciben? ¿Cómo logran insertar su actividad en el mercado laboral? ¿Qué vínculos pueden hacer entre su formación universitaria y la autogestión de las artes?
Todas esas preguntas que empiezan a invadir la mente de los estudiantes cuando les quedan pocas materias para recibirse fueron tomadas por los docentes para desarrollar un espectáculo realizado por la Primera Compañía de Graduados de Artes Dramáticas de la UNA (Universidad Nacional de Artes).
La obra en cuestión se llama Los quietos, un espectáculo que surgió como una creación colectiva de egresados de las carreras de actuación, dirección e iluminación, con la dirección de la actriz y docente Laura Fernández.
"Es una obra experimental, porque son los tipos de espectáculos que fomentan desde la universidad. Además de la experiencia creativa, sirvió para tener un acercamiento a lo que es el trabajo profesional, por ejemplo, los ensayos fueron pagos, algo que prácticamente no sucede en la escena independiente", explica Laura Fernández, directora de la obra.
El hecho de que el trabajo del artista implica, al menos en una primera etapa, la autogestión es algo que adquiere cada vez más fuerza entre los estudiantes. "Veo cada vez más gente que se junta entre sí y produce. No quedó solo en un nicho; lo van tomando los estudiantes. La universidad también funciona como una usina creativa y cada proyecto que comienza, muchas veces continúa por fuera del marco académico y se vuelven obras poderosas y que se sostienen en el tiempo", cuenta.
El punto de partido de Los quietos es una autopista. Un problema –más de uno, tal vez– detiene el tránsito y todo lo demás. Unas personas puestas a relacionarse. Quedaron delante, detrás, al lado, demasiado cerca. Sin avances ni retrocesos posibles, ellos que se conocían, o no, empiezan a conocerse. O a no tener ni la menor idea de quiénes son. Ahora son estas relaciones las que se chocan. Para conseguir agua. Para darse un beso que no conviene. Saber cuánto tiempo pasó. O ser el otro un rato. Siempre, claro, con la amenaza de que el camino quede libre y el cuerpo vuelva a acomodarse frente al volante.
Cuenta su directora: "El espectáculo tuvo una muy buena repercusión en el ambiente teatral. Todavía no pudimos trascender al público de nicho, pero creo que es algo que pasa en la mayoría de las salas independientes, gran parte de las obras están ceñidas a la comunidad teatral. El logro es empezar a convocar nuevos públicos."

Fuente: Tiempo Argentino

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