miércoles, 13 de mayo de 2015

Hamlet está muerto sin fuerza de gravedad


Hamlet como vínculo entre el pasado y el futuro

Lisandro Rodríguez es uno de los directores más singulares de los surgidos con el nuevo siglo. Su obra comienza vinculada a un espacio, su particular estudio de nombre paradójico en lo que hace a sus estrechas dimensiones: Elefante. Y podría decir que toda su obra se arma desde esa paradoja. Y en los últimos años su estética ha evolucionado de tal modo que, me atrevería a decir, es de los pocos creadores locales que trabajan la teatralidad en relación con la espacialidad, entendiendo que ambas constituyen un todo indiscernible. Por lo menos, desde su punto de vista y el de quien esto escribe.

Su nuevo estudio Elefante viene siendo sometido a permanentes revisiones estéticas acerca de cómo utilizar el frente, la sala propiamente dicha, la galería típica de una casa chorizo y la calle misma. Y en donde ha logrado mayor grado de reflexión es precisamente con Hamlet está muerto sin fuerza de gravedad, su última propuesta estrenada el año pasado en el marco del festival de dramaturgia europea y ahora repuesta en temporada y con algún mínimo cambio de elenco.

Esta pieza de origen austríaco suscribe fuertemente a lo que se denomina como teatro posdramático. Este tipo de teatro no pretende generar una ilusoria realidad para la platea ni constituir orgánicamente personajes que viven y padecen aquello que representan ni hacer una construcción mimética de la escena. El teatro posdramático, tal como lo entiende la teatralidad europea, es el modo más contemporáneo posible para hacer un teatro consciente de sí mismo. Y Rodríguez es, según lo ha demostrado con esta puesta, uno de los directores que más entiende en nuestro país este tipo de propuestas. No ofrece una escena desafectada con actores que simplemente ofician de relatores de una escena que no está ocurriendo allí, sino que viene de un pasado. Rodríguez comprende a la perfección que, como director y puestista, debe lograr que sus actores puedan entrar y salir de un juego dramático y posdramático en el que relaten y actúen con idéntica intensidad para lograr así un espectador que sin alejarse de sus emociones pueda vincularse a la propuesta con la certeza de que lo que tiene enfrente es un artefacto ideológico, cargado de premisas (que se pueden compartir o no). Y el autor Ewald Palmetshofer, responsable de una de las piezas germanohablantes más intensas, se sirve de Hamlet -una vez más el pobre príncipe es utilizado- para dar cuenta de un mundo que envejece, de un futuro que se vuelve imposible porque las generaciones futuras siguen hipotecando sus vidas para saldar deudas de generaciones pasadas.

Los actores entendieron a la perfección la propuesta del autor y del director, y se prestan al juego con una sabiduría poco común. Están expuestos de manera permanente al verse imposibilitados de refugiarse en una máscara que de tanto en tanto deben ponerse. Interpelan directamente al público y se mueven incómodamente entre él porque, en definitiva, no son seres del mundo shakespeariano, sino que provienen de la misma calle de un barrio porteño, literalmente.

En suma, Hamlet ha muerto? es para un tipo de público que no quiera que le relaten un cuentito de manera convencional, sino que pretenda sumergirse en un poderosísimo hecho artístico de la mano de un grupo de artistas que saben muy bien lo que están haciendo.

Fuente: La Nación

Funciones: Miércoles, a las 21 / Sala: Elefante / Guardia Vieja 4257

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