viernes, 8 de mayo de 2015

Eres maravillosa

Confesiones en el camarín

El escenario del Molière se convierte en camarín. Un falso espejo, un biombo, el vestuario preparado: un perchero con más ropa de la que probablemente alguien pueda ponerse en alguna función. La actriz entra y deja sus cosas. Se va apropiando del espacio. Acomoda sus pertenencias para que este lugar sea su lugar. Algo en su discurso nos permite comprender que ha llegado a lo que buscaba. Y como esta función es muy especial para ella, aprovechará el momento previo, antes de salir a escena, para recordar su historia y compartirla con los espectadores.

Si en términos de relato lo mencionado previamente es la síntesis de la propuesta, podemos decir, entonces, que no es el relato en sí sino el fabuloso modo de contarlo lo que convierte a Eres maravillosa en una experiencia divertida, profunda, conmovedora y muy bella.

Una actriz cuenta su historia. El juego de lo autobiográfico cruza la propuesta de manera firme; sin embargo, alcanza el final (brillante) para entender que es parte de una decisión dramatúrgica y no de una autobiografía verdadera, aunque la referencia exista y la construcción sea verosímil. De manera sagaz se logran engarzar los microrrelatos. El dato central es que esta vez le toca ser protagonista: un lugar que se le ha frustrado de manera sistemática. Y se comprenderá también el título de la obra: el "eres maravillosa" es una cita. Algo que le dijeron en una audición alguna vez, justamente, para no elegirla.

A Laura Manzini se la ve distribuir su tiempo, acomodarse, pedir pequeñas cosas para confirmar su propia existencia, buscar un muñequito como amuleto de la suerte y convertirlo en un destinatario privilegiado de su discurso. Parte de su historia se conocerá a través de sus canciones, pero en ellas aparecen también sus audiciones (es muy inteligente el modo en el que alguna situación presente desencadena el "recuerdo" y la lleva a contar y a cantar). Oscila entre el planteo conmovedor del que ronda buscando trabajo y todo lo que ello conlleva: reconocimiento, aplausos, subsistencia. A esto se suma la carcajada que provoca con sus intervenciones, que, sin embargo, detrás de los momentos más desopilantes, encierra una reflexión poco condescendiente.

Laura Manzini despliega todo su talento en el escenario, cantando, bailando, haciendo reír, conmoviendo. Héctor Presa encontró la manera de salir del efecto "lista" que suele ser previsible para estos formatos y jugó con la sorpresa hasta el final. Eres maravillosa es una bellísima propuesta con una de las mejores voces femeninas de nuestro teatro musical.

Fuente: La Nación

Sala: Molière, Balcarce 682 / Funciones: sábados, a las 22 30

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