miércoles, 29 de abril de 2015

Ingrid Pelicori, Silvina Bosco, Pochi Ducasse y Belén Brito: La sombra de un perfume


Cuatro mujeres, grandes actrices, cuatro soledades

Ingrid Pelicori, Silvina Bosco, Pochi Ducasse y Belén Brito protagonizan La sombra de un perfume, en el Cervantes

atro actrices de distintas generaciones -Pochi Ducasse, Ingrid Pelicori, Silvina Bosco y Belén Brito- se reúnen en torno a un proyecto común, La sombra de un perfume, pieza de Susana Gutiérrez Posse que, con dirección de Corina Fiorillo, se estrenó hace dos semanas en el Teatro Nacional Cervantes.

El proyecto tuvo una primera presentación dentro de un ciclo destinado a divulgar dramaturgia femenina que el año pasado se programó en la misma sala. Entonces el rol de Pelicori lo cubrió Lidia Catalano y se realizó con la modalidad de teatro semimontado. Belén Brito, la más joven del grupo, cuenta hoy de aquellos ensayos que lo que más la fascinó era la pausa que hacían para tomar mate. Disfrutó enormemente las anécdotas que sus compañeras iban desandando mientras recordaban aspectos de sus respectivas carreras.

Hoy, el espectáculo ha tomado forma definitiva y hasta se ha adaptado con precisión al pequeño espacio de la sala Trinidad Guevara. La sombra de un perfume cuenta la historia de cuatro mujeres que viven en un pueblo perdido. Tres de ellas son hermanas y poseen historias y profesiones un tanto extrañas. La mayor, Blanca, realiza vestidos y tocados de novia y siente un placer particular por dedicarse a ese mundo casi de fantasía; la del medio, Capricho, maquilla a los muertos; Candela vive enamorada de un hombre casado que desde hace 20 años le promete que dejará a su mujer para compartir la vida con ella. La rutina de estas personas se ve interrumpida por Laurinda, una joven casi adolescente impregnada de un fuerte espíritu de libertad.

"La pieza muestra cómo estas distintas generaciones de mujeres se relacionan con el amor, con el deseo y la muerte. Tiene algunas reminiscencias a Doña Rosita, la soltera o La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, o a algunas mujeres de Santiago Loza, pero en una clave más cercana al bolero", explica Ingrid Pelicori.

Los oficios particulares de estos seres resultan una clave interesante dentro del drama. "El personaje más resignado es el de Blanca (Ducasse); ella está cerca de las novias, pero el mío, muy ligado a la muerte, me obliga a estar más próxima a mi hermana menor. Yo vivo, como ella, ilusionada por el amor de un hombre. Lo interesante es dar testimonio de esa mirada femenina, de esa reflexión que te lleva al posicionamiento de la mujer en relación con el deseo. Esto es algo que resuena en cualquier mujer y por eso te dan ganas de ponerle el cuerpo."

"Ese hombre al que todas ansiamos es en verdad el hombre de la casa. En la obra no se habla del padre, por ejemplo, pero sí aparece el abuelo. Esas mujeres parecen haberse criado sin la figura masculina y tal vez por eso estén hundidas en el desamor. Es un mundo duro al que una no está acostumbrada. Hay en ellas mucha soledad", explica Pochi Ducasse, una entrañable intérprete que con sus 84 años vive apasionadamente cada proyecto al que ingresa. "Este ambiente que estamos transitando me interesa mucho porque ha sido muy vapuleado -agrega la actriz-. Por suerte la gente empezó a abrirse y hoy muchas cosas se comprenden de otra manera. En mi época todo era muy difícil, había mucho prejuicio. Empecé en el teatro independiente siendo muy joven, en Nuevo Teatro, en La máscara, ahí fue donde empecé a ver una realidad más verdadera."

Para Silvina Bosco, recrear a la enamorada Candela es casi un placer. Le gustan los personajes extremos, de emociones intensas. Cuenta que suele ubicar a cada personaje que construye en un signo del zodíaco. El que le corresponde a esta criatura es Escorpio, porque, según aclara, "es absolutamente intenso y no puede con su mundo emocional. Tiene, además, un dejo bipolar y meterme en esa conducta me encanta".

Al igual que Ducasse, Bosco logró en su vida apartarse de esas normas, que, sobre todo, son muy comunes en sociedades pequeñas. "Por suerte he zafado de eso, nunca seguí mucho las reglas, y eso, a veces, ha sido difícil en mi vida. Me cuesta entender la cabeza del sometido, atenerse a pautas sociales extremas. La acción de esta obra se desarrolla en un pueblo. Corina Fiorillo lo pone en un espacio atemporal, por lo que puede ser un pueblo perdido donde, además, domina el machismo. Ahí no hay mucho por qué vivir."

A contrapelo de las hermanas, Laurinda ingresa a la acción de la pieza convencida de "que el pasado es aire, aire contado", toda una consigna para un personaje que busca escapar del lugar en el que vive. "Esta muchacha está todo el tiempo pensando en otra vida -cuenta la intérprete-, la que va a venir; tienen sueños, fantasea con qué va a hacer cuando se vaya del pueblo. No quiere quedar atada a un amor imposible como Candela. Su intención es vivir el mañana, y por eso cree en el futuro."

Brito y su personaje son muy parecidos. Ella es una actriz formada en Buenos Aires (Desdichado deleite del destino, Kavkött, carne de ternera) y luego Londres, en la escuela Lecoq. Desde hace un tiempo está ligada al trabajo social que propone una compañía polaca. Su intención es desarrollar ese costado artístico. Salir al mundo y experimentar nuevos caminos creativos.

Historia de soledades, de empecinamientos. El destino ha jugado en contra de estas criaturas para quienes vivir no es una aventura posible.

LA SOMBRA DE UN PERFUME

De Susana Gutiérrez Posse

Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815.

Jueves a domingos, a las 19.

Fuente: La Nación

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