martes, 4 de noviembre de 2014

Electric mamma

Irreverente y desaforada

La actriz, directora y dramaturga Mónica Cabrera concibe en esta temporada una propuesta en la que ella no ocupa el centro de la escena. Esta vez se impone con una nueva y sensible aventura teatral que refleja aspectos de una familia tan singular como delirante. Esos ingredientes son comunes en todos sus proyectos, es cierto, aunque aquí el delirio está expuesto con una fuerza muy contundente.

Dos hermanos deciden negar la muerte de su madre. Resuelven decir que está de viaje pero, poco a poco, la mentira los va condenando. Todo el mundo que han construido está impregnado de señales maternas. No tendrán más opciones que enfrentarse a la realidad que les ha tocado en suerte. Y, en ese intento, es donde asoman una serie de cualidades muy particulares que muestran quien es cada uno de ellos. La presencia de la madre en escena no hace más que reforzar un juego cargado de contrapuntos extravagantes. Todo se torna imprevisible y, a la vez, simpático y divertido.

Cabrera construye de manera desaforada una acción con ciertos altibajos pero logra convencer al espectador con la riqueza del juego y, sobre todo, porque cuenta con tres intérpretes capaces de integrarse a este ritual familiar con una entrega notable.

Gloria Cingolani compone a una madre entrañable. Su historia está plagada de desaciertos. Abandonada por su marido, debió criar a sus hijos en la pobreza. Amante de la poesía y el canto, allí encontró un escape posible para su costado artístico y cierta contención para sus fantasías. Cingolani construye con múltiples matices a una criatura memorable, que inquieta por su personalidad cambiante y emociona en más de una situación.

Tanto Marialba Sosa, la hija abogada que todo el tiempo trata de bajar a la tierra los exabruptos de su madre y hermano; como Darío Statuto, el hijo menor, desprotegido, cambiante, desbordado por el caos que ha imperado en el seno familiar, logran destacarse con mucha frescura y vitalidad.

En un espacio pequeño, plagado de objetos muy significativos en los años 60 y 70, el poder de la actuación todo lo transforma. Mónica Cabrera no está en escena, pero ha logrado manipular con buenos aciertos esa historia compleja que trasciende por su irreverencia. Por una teatralidad que estalla, más y más, a medida que la trama se desarrolla.

Fuente: La Nación

Sala: La Mamma, Yatay 890 / Funciones: Miércoles, a las 17; sábados, a las 20.30

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