miércoles, 20 de agosto de 2014

Linda Peretz: El Ave


"A mí no me interesa hablar de los demás"

–¿De chiquita tus juegos eran artísticos o preferías jugar al doctor, por ejemplo?
–Al doctor no, jugaba a la almacenera: me encantaba envolver paquetitos de yerba y de azúcar. Y siempre soñaba ser mamá y esposa con mis muñecas. Más tarde, en la adolescencia, se me fue despertando esa cosa creativa, que creo que tiene que ver con la formación familiar, porque en mi casa se escuchaba música: mi mamá cantaba óperas en el patio de mi casa. Pero cuando era muy chiquita quería ser mamá, nada más que eso.

–¿De chiquita tus juegos eran artísticos o preferías jugar al doctor, por ejemplo?
–Al doctor no, jugaba a la almacenera: me encantaba envolver paquetitos de yerba y de azúcar. Y siempre soñaba ser mamá y esposa con mis muñecas. Más tarde, en la adolescencia, se me fue despertando esa cosa creativa, que creo que tiene que ver con la formación familiar, porque en mi casa se escuchaba música: mi mamá cantaba óperas en el patio de mi casa. Pero cuando era muy chiquita quería ser mamá, nada más que eso.
–En una entrevista decías que te gusta salir a caminar. ¿Hacés algo especial, o simplemente paseás?
–No miro particularmente nada. ¡Trato de mirar un poco el piso para no caerme! Tampoco escucho música, como muchos hacen con los auriculares. Estoy en contacto con mis propios pensamientos. Por ahí si entro en un ritmo mántrico, medito, tengo cosas para decir y para proyectar. Camino sola porque no me gusta hablar con los otros mientras camino; me saca de eje. La caminata es un acto muy importante que tiene que ver con encontrarse con uno y con la naturaleza. Por eso tampoco me gusta caminar en la cinta, me gusta caminar por la calle, aunque llueva o haga mucho frío. La caminata es un acto absolutamente creativo, a veces me pongo a correr y a veces no. Si no hice la caminata, me voy donde tengo que ir, a ensayar, por ejemplo, caminando.
–¿No importa que haya un montón de gente y tránsito?
–No me molesta nada. Al contrario, me parece mucho más tranquilo ir caminando que estar esperando los semáforos en los taxis o en los colectivos o en un auto. Saco poco al auto.
–¿Si tenés función también?
–Sí. Es la mejor manera de llegar en equilibrio y conectado con uno a la función. Es extraordinario. Y si transpirás un poquito, mejor todavía.
–¿No te cansa?
–No. Me cansan otras cosas en la vida (risas).
–¿Cuáles?
–Hablar de boludeces. Estar mil horas sentada en un restaurante y que no se pare de chimentar. A mí no me interesa hablar de los demás. Hablo poco de mí misma, y nada de los demás.
–¿A qué jugarías con un nieto?
–¡Ay! ¡A qué no jugaría! Ya tengo la colección de María Elena Walsh reservada para mi nieto y tengo la colección de Mozart para niños. ¡Ya estoy pensando y planeando con ese niño supuesto que puede tener mi hijo! Adoraría tener un nieto. Y querría no ser muy vieja, así tengo las energías para tirarme al suelo y jugar. Lo practico con mi perro: me tiro al suelo y me pongo a su nivel; me encanta estar con ese perro. Es un perro que me dejó mi hijo.
–¿De qué raza es?
–Nada. Pero es un hermoso perro, negro, divino, muy inteligente y muy sentimental. Por eso le puse George Clooney. Lo vi tan negrito, tan sexy, tan divino que agarré y le puse George Clooney.
–¿Y como abuela cómo serías?
–Fui una madre muy permisiva, trataba de hablar y de explicar las cosas; nunca lo puse en penitencia, lo reté muy pocas veces a mi hijo. No fue una cosa demasiado estricta; mucho amor y mucha condescendencia. Creo que voy a ser peor como abuela. Lo que pasa es que el compromiso que uno sostiene con un nieto es distinto al compromiso del hijo. Los abuelos tienen todo el permiso del mundo de malcriar a sus nietos. Los padres no tanto. Le puse límites en el sentido del cuidado de la salud y del estudio; para mí era importante. Después, lo escuchaba mucho, y pienso que como abuela sería igual. Más todavía. ¡Espero que me lo dejen tener!
–Si te reencarnaras, ¿te gustaría ser presidenta?
–No sé en qué me reencarnaría, pero no sería nunca presidenta, si bien hago política todos los días y en todas las acciones de mi vida. Uno hace política de alguna manera, porque la política es de acuerdo a lo que vos sentís y pensás de lo que es tu relación con el otro. Tu moral, tu ética, tu estética y todo eso tiene que ver con la política que uno ejerce permanentemente y cada día de su vida. Pero no me dedicaría como profesional a la política.
–¿Creés que ejerciendo la presidencia las mujeres sufren más que los varones?
–Supongo que sí. A la presidenta, a la que admiro muchísimo, la veo fuerte en su postura como política, como mujer pensante e inteligente, pero creo que debe sufrir y tomarse las cosas distintas a como se las tomaba el marido. Creo. No los conozco íntimamente. Pero como la mujer es mucho más sensible que el hombre, en todo sentido la mujer es más espiritual, más sensible, más sentimental, más romántica, más maleable. El hombre es más cuadrado, más estructurado, y no es tan sentimental ni espiritual como la mujer. Así que en todos los órdenes de la vida supongo que el género tiene que dar tendencia.
                                                                                                                             
El espectáculo que creó y produce Linda Peretz se llama El Ave, con Joaquín Soffredini. Cuatro únicas funciones. Lunes, 21 hs, Teatro Maipo Kabaret (Esmeralda 443).

Fuente: Tiempo Argentino

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